Dos incendios muy diferentes

El 'pulmón' por el que nadie llora: por qué África preocupa menos que el Amazonas

La Cuenca del Congo aparece teñida de rojo en los satélites, pero muchos de estos fuegos son controlados y sirven desde hace siglos a los agricultores locales para devolver los nutrientes al suelo

Foto: Comparación de los incendios activos en las últimas 24 horas. (NASA)
Comparación de los incendios activos en las últimas 24 horas. (NASA)

Medio mundo se echa las manos a la cabeza por las llamas que amenazan la biodiversidad de la Amazonia, donde el número de incendios ha aumentado un 80% con respecto al pasado año, según los datos del Instituto de Investigación Espacial (INPE) de Brasil. Pero durante la semana pasada, el fuego calcinó una superficie casi tres veces mayor sólo en Angola, de acuerdo a la información procedente de satélites que ha analizado la red meteorológica Weather Source.

Las imágenes de la NASA evidencian que el otro 'pulmón verde' del planeta —una selva de 3,3 millones de kilómetros cuadrados— se tiñe de rojo: a los 130.000 incendios angoleños registrados por la iniciativa Global Forest Watch se suman 85.000 en la República Democrática del Congo y 65.000 en Zambia. La magnitud de la cifra es tal que el propio presidente francés, Emmanuel Macron, considera la posibilidad de que el G7 realice una aportación "similar" a los 20 millones de dólares que ofreció "a los países amazónicos".

Aunque no se puede desdeñar la gravedad de esta segunda catástrofe natural, los casos de una y otra región no son equiparables. Por una parte, los puntos rojos que plagan el mapa no determinan con precisión el alcance y la naturaleza de cada incendio, de manera que resulta difícil diferenciar si son controlados o no. La ubicación, la naturaleza generalizada y la cantidad de incendios sugieren que estos se originaron deliberadamente en los "viejos campos de cultivo para librarlos de los pastos y matorrales sobrantes", apunta un informe de la NASA en referencia a una práctica que sirve a los agricultores africanos desde hace siglos para aumentar la calidad del suelo y propiciar que crezcan nuevas cosechas.

De hecho, muchos incendios no están localizados en la selva, "sino en zonas de pastizales", según explica a la 'BBC' el científico de la Organización de Naciones Unidas Alex Orenstein, afincado en Senegal. Así lo confirma el ministerio de Medio Ambiente de Angola, que ante las socorridas comparaciones ha emitido un comunicado para contextualizar la incidencia del fuego: "En esta época del año, en varias regiones de nuestro país las comunidades campesinas están haciendo quemas para preparar las tierras para el cultivo, dada la proximidad de la temporada de lluvias".

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Además, el "impacto de la deforestación" no es igual en ambos terrenos, teniendo en cuenta que la cantidad de oxígeno que liberan y el dióxido de carbono que absorben. Aunque en ambos casos se puede hablar de santuarios ecológicos, el Amazonas alberga el 10% de las plantas y animales del mundo, al tiempo que produce el 20% del aire que respiran los seres vivos. No obstante, en los últimos 30 años ha perdido la capacidad de captar la mitad de toneladas de CO2 que almacenaba, por lo que los científicos temen que la consecuencia definitiva sea la aceleración del cambio climático.

Las implicaciones políticas también son muy distintas. El aumento de los incendios en la Amazonia coincide con la agenda del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, que nada más llegar al poder se arrogó la capacidad de decidir qué tierras indígenas se consideran territorios protegidos y dio alas a las industrias agrícola, ganadera y maderera al defender un mayor desarrollo económico de la región.

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