Juan Manuel Santos, entre sus promotores

¿Y si legalizamos la cocaína? Colombia quiere reinventar la guerra contra el narco

El expresidente Juan Manuel Santos ha abogado por la regulación de la cocaína, con la que pretenden conseguir lo que 40 años de lucha armada no ha podido: controlar el crimen del narcotráfico

Foto: Policía antinarcóticos de Colombia inspecciona un cargamento de cocaína en Buenaventura. (Reuters)
Policía antinarcóticos de Colombia inspecciona un cargamento de cocaína en Buenaventura. (Reuters)

La guerra contra el narcotráfico en Colombia ha dejado decenas de miles de muertos en décadas de lucha y devastado las zonas rurales del país, y el gobierno está lejos de ganar la batalla. Colombia sigue produciendo el 70% de la cocaína que se consume en el mundo. Por eso, son cada vez más las voces que apuestan por una legalización o regulación de la producción y el consumo, con el expresidente y Nobel de la Paz Juan Manuel Santos a la cabeza.

“Hace más de 40 años que estamos en esta lucha contra las drogas decretada por Naciones Unidas, y no se ha ganado. Y una guerra que no se ha ganado en 40 años es una guerra perdida. Hay que reinventar esta guerra contra el narcotráfico y las drogas y una de las formas más efectivas es quitarle la prohibición a todo lo que tiene que ver hoy con el tráfico de drogas, y racionalizarlo para poderla controlar mejor”, ha afirmado Santos en una entrevista con la agencia EFE el pasado junio.

El exlíder del país cafetero ya había firmado, dos meses antes, una misiva abogando por la legalización de las sustancias ilícitas, no sólo en Colombia, sino en todo el mundo, suscrita también por el expresidente mexicano Ernesto Zedillo y la expresidenta de Suiza, Ruth Dreifuss, todos miembros de la Comisión Global de Políticas de Drogas. El documento advertía que las muertes relacionadas con las drogas aumentaron un 145% entre 2011 y 2015. Son los efectos de un mercado cuyo volumen anual de negocio supera los 426.000 millones de dólares, que se mantiene prácticamente incólume a pesar de los 100.000 millones de dólares gastados cada año en la lucha contra las sustancias ilícitas.

En Colombia está permitido portar un gramo de cocaína para consumo propio. En México es medio y en Perú son dos. En Portugal está despenalizado. El debate sobre ampliar esas libertades está sobre la mesa y ha entrado con fuerza en Colombia, donde son encarnizados los enfrentamientos entre quienes creen que una regulación del mercado reduciría la violencia y sacaría a parte importante de la población de la ilegalidad, y quienes piensan que sería un atentado contra la salud pública y la ética.

De-financiar las mafias

La prohibición no ha detenido al mercado. Sólo lo ha ilegalizado, con efectos similares a los sufridos en los años 20 en Estados Unidos con la ‘Ley Seca’, sostienen los partidarios de la regulación, que en su opinión debilitaría a las mafias y los carteles. El precio de la distribución de la cocaína disminuiría, reduciendo drásticamente las fuentes de financiación del narco.

"Cuando haya tráfico legal se eliminará la intermediación, que es lo que genera el mayor nivel de violencia, pero también el mayor nivel de ganancia, porque la gente lo que está pagando es el riesgo que implica morir en la cárcel por cometer un acto ilícito", explica a El Confidencial Julián Quintero, miembro de Acción Técnica Social, una ONG colombiana que diseña políticas públicas frente al consumo de estupefacientes.

Pero el precio debería ser el mismo que en el mercado negro: “Si se pone más barato, motivará la compra"

“Si se coge el kilo de coca en Tumaco, y lo saca directamente de la capital en avión, a través de una farmacéutica, y lo entrega de manera legal en España o EEUU, se elimina toda esa intermediación que tiene que ver con corrupción, con submarinos, con asesinatos, con bandas… Y el precio baja inmediatamente”, explica el experto.

Puntualiza, eso sí, que el precio de venta de una cocaína regulada debería ser el mismo que en el mercado negro. "Si se pone un precio más barato, seguramente vaya a motivar más compra y un abuso en el consumo. Y si lo pone más caro, la gente va a seguir comprando en el mercado negro".

Un trabajador recoge las hojas de coca en una pequeña granja en Guayabero, Colombia. (Reuters)
Un trabajador recoge las hojas de coca en una pequeña granja en Guayabero, Colombia. (Reuters)

La producción se abarataría, pero el precio podría mantenerse, creen parte de los expertos, mediante impuestos, como ya se hace con el tabaco y el alcohol. Así, el Estado tributaría una actividad ahora en la sombra y que supone la mayor fuente de riqueza de una extensa porción del territorio colombiano.

Colombia no sólo aumentaría sus ingresos, según las tesis de quienes abogan por la regulación, sino que también acabaría con uno de los orígenes de la corrupción estatal. Políticos, fuerzas del orden y otros funcionarios han sido ligados con el narcotráfico desde hace décadas.

Los recursos ahora empleados para luchar contra las mafias de la cocaína podrían desviarse a otras partidas, como la lucha contra la pobreza.

Si se hace, no debería ser como en el primer mundo con la marihuana

"Lo primero que hay que entender es que el narcotráfico se fundamenta sobre un problema de violencia y pobreza en el campo colombiano, con tasas superiores al 80% de pobreza multidimensional y 40% de pobreza extrema entre las personas que cultivan coca. El principio de la regulación del mercado ilegal de la cocaína no debe tener como principio la satisfacción del apetito hedonista, estimulante, del primer mundo, como ha pasado con la marihuana, sino que debe ser la base para resolver un problema de pobreza en el campo colombiano", explica Quintero.

También habría beneficios medioambientales. Parte importante de los cultivos de coca en Colombia han sido plantados en terrenos selváticos, o protegidos, para ocultarlos de las autoridades.

Los consumidores accederían, asimismo, a un producto más puro, con menos aditivos, y con controles de calidad que, según los defensores de la regulación, reducirían las muertes por sobredosis.

Podría también paliarse su atractivo. “Sin duda alguna el día que la cocaína sea legal perderá mucha de esa magia de la ilegalidad. Ese brillo que la hace tan apetecible. El perfil de los consumidores arroja que da un estatus en término de consumo y de quién puede acceder a ella. Son personas que tienen recursos”, comenta Quinteros.

No disminuiría la violencia

Otros expertos no tienen tan claro ese efecto. “No creo que podamos hablar que el uso de drogas se haga porque haya un tabú alrededor y una prohibición y que eso lo haga atractivo. El uso de drogas es milenario en la humanidad y lo hacemos con drogas legales e ilegales. No creo que la regulación les quite atractivo”, opina Diego García Devis, gerente para América Latina del programa de política global de drogas de Open Society y defensor de una regulación estatal del narcótico.

Tampoco cree que convertir la cocaína en una sustancia legal vaya a desembocar de manera directa en la disminución de la violencia en Colombia. "Los agentes violentos, especialmente en América Latina, que hoy en día controlan el narcotráfico, han diversificado su portafolio de mercados ilícitos".

Las mafias del narcotráfico han diversificado sus actividades ilícitas, y no les afectaría una regulación

En efecto, las mafias colombianas ya no se dedican exclusivamente a la cocaína. Para algunos grupos, la minería ilegal de oro, por ejemplo, es más rentable que el polvo blanco.

Quienes rechazan la regulación de la cocaína denuncian que aumentaría el consumo, creando una crisis de salud pública.

Crisis de salud pública

Amira Armenta, analista y defensora de la regulación, cree que ocurrirá, pero sólo a corto plazo. "La gente, sobre todo los jóvenes, tendrán curiosidad y querrán probar. Pero a partir de cierto momento, cuando la sustancia se vuelva ‘normal’, la tendencia al alza se revertirá".

La legalización de la marihuana en Uruguay ha supuesto un aumento del consumo, por ejemplo, aunque no drástico. Los defensores de ese proceso argumentan que el consumo de cannabis ha seguido el mismo aumento medio anual que cuando la sustancia era ilegal. Allí, eso sí, la violencia no sólo no ha disminuido, sino que se ha acrecentado preocupantemente, debido, en parte, a la busca de nuevos espacios criminales en el mundo del hampa.

Un policía prepara un cargamento de cocaína para su destrucción. (Reuters)
Un policía prepara un cargamento de cocaína para su destrucción. (Reuters)

Aumentar la calidad de la droga no eliminaría los riesgos de consumirla, creen también quienes rechazan la legalización. Lo demuestran las cifras del tabaco, que mata a más de cinco millones de personas al año, según la Organización Mundial de la Salud. Atender a adictos, además, es una tarea sumamente compleja.

El modelo de prohibición y de prevención ha contenido las estadísticas de consumo de drogas

Tienen, también, reparos éticos, ante los altos riesgos para la salud asociados a unas sustancias que entonces serían legales. Aseguran que está demostrado que el modelo de prohibición y de prevención ha contenido las estadísticas de consumo. Se apoyan en informes que demuestran que, cuando el cultivo de coca aumenta en Colombia, el consumo aumenta en Norteamérica. La Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) considera que la caída en el precio de la droga en su territorio está asociada, en parte, al aumento en la disponibilidad del narcótico.

Enfrentarse al poderoso EEUU

Muchos creen que la legalización de la cocaína en Colombia es irrealizable si no se legaliza también en los países de su entorno, y en EEUU –el mayor consumidor del mundo- es todavía algo improbable a pesar de que diez de los Estados norteamericanos han legalizado o regularizado ya la marihuana.

El país sudamericano estaría violando varios tratados internacionales, generando una gran inestabilidad internacional.

Washington amenazó con incluir a Colombia en la lista de países "no cooperantes" en la lucha contra el narcotráfico

Washington, de hecho, ya amenazó hace dos años con incluir a Colombia en la lista de países "no cooperantes" en el combate contra el narcotráfico global, después de que las plantaciones de coca creciesen en el país durante más de un lustro de forma ininterrumpida.

Tal extremo habría supuesto la suspensión de ayudas, alianzas e inversiones norteamericanas en Colombia, además de sanciones económicas y políticas.

La postura del Gobierno de Donald Trump se ha suavizado tras la publicación de un reciente informe, elaborado por la Oficina de Narcóticos de EEUU, que demuestra que el crecimiento de cultivos de coca se paralizó en 2018, e incluso que se redujo ligeramente. Según la agencia norteamericana, existen en la actualidad 208.000 hectáreas de cultivos de coca en Colombia.

Si la política de Washington es tan beligerante en el caso del crecimiento de plantaciones de coca, es de esperar que las consecuencias de una eventual regularización de la cocaína fuesen mucho mayores.

Mientras tanto, la marihuana comienza a cosechar desregulaciones en todo el globo. Pero la cocaína no es cannabis. El consenso existente en parte de la población norteamericana y europea con respecto a su legalización no existe en el caso del polvo sudamericano.

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