artistas visuales de todo el mundo

Un Yuri Gagarin de 60m. (y otros 'graffitis') para despertar una barrio gris de Rusia

Artistas de varios países, entre los que se encuentra el 'Pez' catalán, tratan de dar una nueva vida a un monótono y gris barrio de Odintsovo, una ciudad satélite de la capital

Foto: Festival de 'graffitis' en Odintsovo (Rusia) (EFE)
Festival de 'graffitis' en Odintsovo (Rusia) (EFE)
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Un Yuri Gagarin de 60 metros de altura, un pez que es mitad animal mitad plástico, un oso que captura la luna... Artistas visuales de todo el mundo, incluido algúm español, han lanzado un proyecto lleno de color para despertar el barrio de Triojgorka, al oeste de Moscú, de su letargo gris y convertirlo en una atracción llena de vida. El objetivo, transformar un barrio de edificios monotípicos apelotonados en una auténtica atracción que pueda interesar incluso al turista. Dmitri Lióvochkin, artista visual ruso y organizador del festival Urban Morphogenesis, ha querido convertir 36 fachadas de una veintena de edificios de Odintsovo, ciudad satélite de la capital rusa, para que este distrito deje de estar condenado a la desatención: el constructor del barrio, de hecho, quebró y se ha visto sumido en litigios legales y fallas constructivas.

Precisamente por esto, pintores y artistas del grafiti rusos convocaron a colegas de todas partes del mundo, incluyendo a artistas iberoamericanos y españoles, a convertir este espacio en un lugar más que habitable, vivible. Sobre las paredes, en grúas, escaleras, trabajan incansables artistas de China, Estados Unidos, Italia, Brasil, Portugal, Francia, Japón, Kazajistán... en un proyecto literalmente monumental y, según sus organizadores, único en su escala: gigantescos murales en fachadas de 14 metros de ancho por 56 de altura, la misma de un edificio de 16 plantas.

El festival artístico que quiere transformar Odintsovo (EFE)
El festival artístico que quiere transformar Odintsovo (EFE)

A esa altura el motor del andamio comienza a protestar y solo queda confiar en la firmeza de los cables y de la soga de seguridad. La estructura de metal sostiene a uno o dos artistas, y decenas de latas de pintura, mientras se balancea ligeramente con el viento. "Ni yo mismo sé cómo comenzó todo, fue como un sueño. Vi todas estas paredes de hormigón, todo este horror y me pregunté, ¿cómo puede la gente vivir así? Y pensé, hay que hacer algo para llamar la atención sobre este barrio", relató Lióvochkin.

La idea del pintor de llevar la galería al barrio comienza a cuajar ante los ojos del vecindario. En uno de los edificios trabajan el 'Pez' (José Sabaté, España) y Chicadania (Dania Ortega, Colombia). La obra asciende lentamente por el muro, en una mezcla de figuración realista y juegos con el cómic. Pintar en Moscú para ellos es una experiencia única. "Siempre tienes una idea equivocada de la gente hasta que la conoces, hemos tenido la oportunidad de conocer cómo son los rusos de verdad", afirma el Pez. Dania asegura que la intención de la obra conjunta es "transmitir buena energía", algo que el vecindario agradece.

"El barrio es importante para ellos"

"La comunidad está superinteresada, se ve que lo viven mucho, están todo el rato mirando, preguntando, ofreciéndonos de todo, se ve que el barrio es importante para ellos. La verdad es que no lo esperábamos", añade. Se acercan dos vecinas con golosinas para los artistas. Una de ellas se deshace en halagos y asegura que se trata de "un festival excepcional", que para ella es un milagro. "El 'pescado' del edificio 65 me gusta mucho, se ve muy bien. Es una obra de arte", afirma en referencia a otra obra, mientras la segunda vecina la contradice al afirmar que no le gusta nada. Ambas ríen, y la primera vuelve a la carga: "Puede gustar o no, pero cuando vi que todo comenzó a llenarse de colores comprendí que se trata de arte verdadero". Sabaté, catalán, tiene su sello en medio mundo, con decenas de peces por diferentes países.

El mexicano Farid Rueda ya es veterano en eso de pintar murales en Moscú, a donde ha viajado en tres ocasiones. Trae una pintura viva que muestra criaturas precolombinas y frutas tropicales con una paleta de colores fresca y viva. Sin parar de trabajar, el artista confiesa que Rusia es un país que le gusta y que "por alguna extraña razón" no le resulta ajeno. Según el pintor mexicano, los vecinos del barrio responden bien ante los murales que se alzan ante sus ojos, puesto que los artistas "han venido a darle una nueva luz, una nueva vida a toda el área, le han dotado de energía".

Cuando a finales de agosto los más de 60 artistas den sus últimas pinceladas y hayan agotado los 50 000 litros de pintura disponibles para el proyecto, el barrio quizás no haya resuelto todos los problemas domésticos que le aquejan, pero se puede asegurar que ya nunca volverá a ser un espacio lúgubre, monótono y sin identidad.

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