116 migrantes han perdido la vida este año

Open Arms y el horror del Mediterráneo: "Para la UE es más fácil criminalizarnos"

El horror en su territorio y la promesa de un futuro mejor hace que miles de migrantes y refugiados viajen desde Libia a Europa a manos de las mafias de tráfico de personas

Foto: Riccardo Gatti en Italia (EFE)
Riccardo Gatti en Italia (EFE)

El horror en sus países de origen y la promesa de un futuro mejor hace que miles de refugiados y migrantes de toda África viajen desde muchos países, entre ellos Libia, hacia Europa; y lo hacen en la mayor parte de los casos, a manos de las mafias de tráfico de personas. La última semana, la ONG española Proactiva Open Arms rescataba a 55 inmigrantes, entre ellos dos bebés mellizos, en el Mediterráneo central cuando su embarcación estaba "a punto de naufragar" y reclamaba un puerto seguro para ponerlos a salvo. Según el fundador de la ONG, Óscar Camps el barco "se hundía; entraba agua y había escorado tanto que estaba a punto de naufragar". "Pero hemos llegado a tiempo. 52 personas, 16 mujeres y 2 bebés, a la deriva están a salvo. Ahora necesitamos un puerto seguro". Un día después, se sumaban otros 68 migrantes rescatados en el Mediterráneo, con "signos inequívocos de la violencia sufrida en Libia".

OpenArms se niega a devolver a estas personas a Libia, país en guerra del que estos migrantes suelen zarpar hacia Europa y donde, según varios organismos y ONG internacionales, se cometen importantes violaciones de los Derechos Humanos. A pesar de esto, las autoridades españolas impidieron a Proactiva Open Arms participar en rescates en el Mediterráneo, y tras cien días bloqueado en el puerto de Barcelona, permitieron que zarpara el pasado abril para llevar ayuda humanitaria al Egeo, pero sin participar en labores de salvamento.

El Open Arms, atracado en Barcelona sin poder zarpar (EFE)
El Open Arms, atracado en Barcelona sin poder zarpar (EFE)

Alrededor de 1.200 personas intentaron migrar desde Libia hacia Europa en solo cuatro días; entre ellas, 116 han perdido la vida en el mayor naufragio de este año en el Mediterráneo. No obstante, muchas veces el horror no solo ocurre al llegar al agua, sino antes y durante la travesía. "En Libia, muchas personas vienen torturadas a nuestras embarcaciones", ha explicado a El Confidencial Riccardo Gatti, capitán de barco y jefe de operaciones del 'Astral', la embarcación de Open Arms.

"La tortura es una de las técnicas más utilizadas por las mafias libias, ya que así consiguen el pago por parte de familiares o amigos de la victima. Muchas veces, estas mafias llaman mientras se las tortura para que así se puedan oír su sufrimiento y se pague más rápido. Las mujeres sufren más la violencia de estos traficantes porque además de torturas padecen violaciones sexuales". Se trata de un negocio que, además, mueve grandes cantidades de dinero: "En el negocio del tráfico de personas en Libia se mueve alrededor de un tercio del PIB del país. Los mismas mafias que trafican con personas son las que lo hacen con el petróleo", denuncia Gatti.

Muchos políticos alertaron el año pasado del posible 'efecto llamada' después de lo que ocurrió en España con el Aquarius, aunque los datos y los expertos coinciden en que lo que ocurre es algo más complejo: la situación política de los países de origen, los acuerdos migratorios de la UE e incluso la meteorología desplazan los movimientos migratorios. Quizás por eso Gatti no es capaz de decir si "ha aumentado o disminuido" el flujo de inmigrantes vía Mediterráneo. "Lo que sé es que al no haber pasajes seguros para que estas personas puedan venir a Europa los migrantes se ven obligados a pagar a traficantes para que les lleven, un ejemplo de esto es Turquía. Mientras que en países como Libia, además del pago, las personas son victimas de extorsión y tortura", señala el italiano.

La 'Operacion Sophia'

A finales de 2018 se extendió el periodo de vigencia de la denominada 'operación Sophia' —una operación militar de la UE en el Mediterráneo central para luchar contra las redes de tráfico de personas— hasta marzo de 2019, momento en el cual se acordó suspender de manera temporal este tipo de operaciones. "Esta operación militar ha tenido resultados desmantelando estas redes. Sin embargo, por otro lado, la Unión Europea​ no tiene reparos en firmar acuerdos económicos con criminales y milicianos", critica, en referencia a los acuerdos comerciales con Gobiernos como Libia. ¿Pero son suficientes este tipo de operaciones? Para Gatti, "la trata de personas se acabará cuando se abran vías seguras para los migrantes que quieren viajar a Europa".

"La 'operación Sophia' ha dejado de luchar contra las mafias porque se han quedado sin barcos. De esta manera, la UE no tiene que cumplir con la obligación de rescatar a los migrantes y les resulta más fácil criminalizar a las ONG y continuar con la política de externacionalización de fronteras. Es curioso que sí haya mantenido los aviones, ya que estos hacen llegar información de barcos de migrantes a los Gobiernos europeos para que así se pueda informar a Libia sobre estas embarcaciones. Es una táctica que utilizan para quitarse toda la responsabilidad". lamenta el activista italiano.

Riccardo Gatti, capitan del barco Astral de OpenArms (foto de OpenArms)
Riccardo Gatti, capitan del barco Astral de OpenArms (foto de OpenArms)

Según un estudio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la mayoría de personas que viajan por la ruta migratoria del Mediterráneo Central son hombres jóvenes o mujeres víctimas de explotación sexual que provienen principalmente de Nigeria o Camerún. Además, cada año aumenta el número de menores no acompañados.

"Hasta dos días sin beber agua"

Uno de ellos es Pati, un niño nigeriano que tiene solo 16 años y que ha hablado de su viaje con Unicef. Pati salió de Nigeria en busca de una vida mejor. Su objetivo, como el de miles de niños refugiados y migrantes, era llegar a Libia, desde donde poder cruzar el mar Mediterráneo y llegar a Europa. Para ello, tuvo que cruzar el desierto en una travesía que duró dos semanas. Durante el camino pasó uno y hasta dos días sin beber agua. A pesar de la dureza de la travesía, consiguió llegar a Trípoli y subirse a una de las lanchas que las mafias utilizan para transportar migrantes hasta Europa.

Pero la embarcación volcó y la Policía libia detuvo a todas las personas que iban a bordo y las llevó a uno de los centros de detención para migrantes que existen en el país. Las condiciones de estos centros, en los que se hacinan cientos de personas, son pésimas. En cada celda llegan a dormir hasta 10 personas encima de mantas tiradas en el suelo y la insalubridad se respira en el ambiente. “No hay electricidad, ni medicinas, ni baños, ni agua, ni comida para todos. Estamos enfermando y no hay ningún doctor que nos ayude” cuenta Pati.

La posición geográfica y el conflicto y la inestabilidad hacen que Libia sea un punto clave para el tráfico de personas y redes criminales. Al mismo tiempo, el colapso del sistema judicial en el que reina la impunidad ha llevado a muchos grupos armados, bandas criminales e individuos a participar en la explotación y el abuso de refugiados y migrantes.

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