Su obra más emblemática está en Maiquetía

Muere el artista Cruz Díez, el símbolo (involuntario) del exilio venezolano

El artista plástico, de fama internacional y considerado el padre del cinetismo, falleció el sábado en Francia. Una de sus obras más conocidas está en el Aeropuerto Internacional de Maquetía

Foto: Una de las obras del artista Carlos Cruz Díez, en los muelles de Liverpool. (Reuters)
Una de las obras del artista Carlos Cruz Díez, en los muelles de Liverpool. (Reuters)

Los estados de whatsapp, las fotos de perfil, instagram. Las redes sociales de los venezolanos dentro y fuera del país se han llenado de millones de franjas de colores, de juegos de policromías envolventes. Es el homenaje que cada uno ha dado al artista Carlos Cruz-Díez (1927-2019), recién fallecido esta semana. El artista plástico, considerado el padre del cinetismo, alcanzó fama internacional e incluso fue condecorado con la Legión de Honor de Francia. Sus obras estás expuestas en el MoMA de Nueva York, la Tate de Londres o el Museo Pompidou. Para los venezolanos, además de un genio creador, se ha convertido en los últimos años en un artífice involuntario del imaginario colectivo de la migración.

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'Cromointerferencia de color aditivo'. El nombre oficial de la obra no dice tanto como aquel por el que comúnmente se conoce: el mosaico de Carlos Cruz-Diez del aeropuerto de Maiquetía, que sirve a Caracas. Esta intervención de 2.608 metros cuadrados está en la zona de salida de los vueltos internacionales. Quien se va de Venezuela en avión se toma una última foto de rigor. Va llena de emociones contradictorias y de los pequeños cuadritos multicolores del maestro nacido en Caracas y nacionalizado francés.

Como suele ocurrir con estas cosas, no hay registro de quién fue la primera persona que se hizo una foto en el aeropuerto como último recuerdo antes de salir del país. Pero en los últimos años, las redes sociales de los venezolanos se han llenado de una variedad de estampas –con la familia, con los amigos, abrazados, llorando, saltando, solo con la mano que sostiene el pasaporte, un billete – que tienen en común el mosaico de Cruz-Diez de fondo y un mensaje de despedida.

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"El paso por el piso de Cruz-Diez es un encuentro, nos identifica como venezolanos con algo principal y maravilloso que es el arte, es la posibilidad de caminar dentro de una obra de arte. Pero también es el símbolo de lo que vamos dejando", nos explica Marialuz Cárdenas, investigadora y curadora de arte.

Cada persona, una foto. Hasta que, explica Cárdenas, "se fue convirtiendo en un proceso masivo que tiene una importancia simbólica extraordinaria. Es lo que se lleva el venezolano fuera pero también lo identifica con el país que queremos, la calidad, el entorno. Es una obra ambiental que envuelve completamente cuando te vas".

La obra de Cruz Díaz es lo que se lleva el venezolano fuera, pero también lo identifica con el país que queremos

En los últimos años, según datos de la ONU, más de 5 millones de venezolanos han abandonado el país como fruto de la crisis multifactorial que sufre Venezuela. Salen por tierra, principalmente, hacia los vecinos Colombia y Brasil. Y desde Maiquetía hacia España, Portugal o Estados Unidos. No hay registro oficial de cuántos venezolanos salen al día por el aeropuerto internacional, pero ir en cualquier momento asegura ver la escena de una despedida que, a juzgar por los llantos, los abrazos y el desgarro en la mirada, lleva impresa la incertidumbre que da no saber cuándo se volverá a ver a los seres queridos.

De símbolo de modernidad a estampa de exilio

La clave de las obras de Cruz-Diez están en su ambigüedad, en la intención de ser piezas sin anécdotas, sin intención narrativa. En palabras del propio artista: "mis obras no contienen discursos referenciales. Constituyen el soporte de un acontecimiento que evoluciona en el tiempo y en el espacio reales y cambian con el desplazamiento de la luz y la distancia del espectador. Son situaciones autónomas desprovistas de anécdotas, en las que el espectador descubre el color haciéndose y deshaciéndose, sin tiempo pasado ni futuro, en un presente perpetuo".

Pero, echando vista atrás en el tiempo, es imposible no ver cómo ha evolucionado el significado de su mosaico de colores en el aeropuerto internacional.

La obra 'Cromointerferencia de color aditivo' se terminó en 1978, en plena eferverscencia de lo que se llamó la "Venezuela Saudita". Era el primer mandato del presidente Carlos Andrés Pérez, quien dos años antes había nacionalizado el petróleo. Cruz-Díez ya vivía en París pero, como explica el fotógrafo Vasco Szinetar, "nunca se ha ido del todo, siempre ha estado en Venezuela como una presencia importante, vinculado a la educación, a transmitir conocimiento en un acto pleno de generosidad".

Cruz Díez nunca se ha ido del todo, siempre ha estado en Venezuela como una presencia importante

La obra del aeropuerto se instala en el auge de la cultura petrolera, de una Venezuela que se abría al mundo y se posicionaba en el mapa con una impronta de modernidad. En el portal de acceso y salida más importante del país. En esa época había vuelos semanales a Paris con el Concorde, a Suiza, a vuelos directos a varias ciudades de Estados Unidos y América Latina, incluso a países árabes.

Esa era la época donde se popularizó el "está barato, dame dos". Una frase que es parte del imaginario venezolano y que resume la bonanza económica que, al menos una parte del país, tenía entonces. Era cuando se compraba el dólar barato. Era cuando se compraba de todo, no se medía.

Hoy, el aeropuerto es apenas la sombra de lo que fue. Tiene uno de los parques aéreos más viejos de Latinoamérica. En los últimos cinco años, más de una decena de aerolíneas ha dejado de volar. Los aviones que llegan apenas están llenos. Los que se van, salen cargados de maletas con toda una vida dentro.

Y el mosaico, que un día fue el símbolo de la modernidad, hoy lo es de exilio.

Aunque para el historiador de arte Luis Enrique Oramas no es justo recordar a Cruz-Diez así sino, al igual que concuerda Mariluz Cárdenas, como un venezolano comprometido con la idea de construcción de un país. "Disciplina, trabajo excepcional, la sistematicidad que solamente los genios que entienden para qué vinieron al mundo pueden tener. Creó una obra enorme que dejará mucho que pensar para el futuro y disfrutar para el presente".

Ambientación Cromática. Venezuela (1977-1896). Foto: Facebook del artista
Ambientación Cromática. Venezuela (1977-1896). Foto: Facebook del artista

Oramas recuerda otra obra emblemática del artista: 'Ambientación Cromática, 1977-1986'. Es inevitable el shock mental cuando se cae en cuenta que esta otra gran obra de Cruz-Diez también es escenario y testigo, aunque escondido, de otro de los recientes episodios dramáticos que ha vivido Venezuela. Esta catedral cinética decora la sala de máquinas de la hidroeléctrica de Guri (estado Bolívar), donde se han originado los mega apagones que han dejado a Venezuela a oscuras por días.

"Esa sala es la Capilla Branccacci del arte concreto de América, escondida hoy en un lugar tan crítico", señala Oramas. "Es una obra con capacidad de proyección enorme. Para mí, esa obra y Cruz-Diez es un símbolo de esperanza y no de exilio. Y su esperanza está allí, en ese lugar donde debería originarse la luz para todos en Venezuela y que permanentemente se apaga. Ahí aún hay una luz, que es su obra".

Mientras, el mosaico de Maiquetía seguirá regalando su abrazo de colores al que se va como un último recuerdo del lugar de donde se viene. Y al que, ojalá, volver.

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