Más de 1.700 víctimas y un 67% de mortandad

Una doctora mexicana, dentro de la epidemia de ébola: "La transmisión es intensa"

Con más de 1.700 muertos, la epidemia de ébola que asola República Democrática del Congo ha sido declarada emergencia internacional por la Organización Mundial de la Salud

Foto: Foto: Reuters
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Con más de 1.700 muertos y casi un año después de que se declarara el brote, la epidemia de ébola que asola República Democrática del Congo ha sido declarada emergencia internacional por la Organización Mundial de la Salud. Sólo otras cuatro catástrofes sanitarias han sido catalogadas así en la historia de la organización. Y esta es especialmente desafiante para los médicos que luchan contra la enfermedad por la aparición de nuevos casos a kilómetros de distancia y sin aparente cadena de contagio, lo que aviva el miedo que se propague sin control a los países vecinos.

La doctora mexicana de MSF Ximena Campos ha trabajado en el corazón de esta epidemia en los departamentos orientales de Kivu Norte e Ituri, donde se concentran la mayoría de los casos. "Cuando crees que está controlado, que no hay nuevos pacientes, aparece de nuevo en otra zona", cuenta Campos por teléfono a este diario desde DR Congo, donde MSF tiene más de medio millar de personas trabajando en varios frentes.

“Hoy el epicentro es en un lugar, en dos, tres semanas se mueve a otro lugar”, agrega la doctora, lo que ha hecho imposible controlar el virus.

¿Cómo llegó allí?

Las alarmas se dispararon este mes cuando se detectó un nuevo caso en Goma, a 350 kilómetros del foco de la epidemia. Esta ciudad congolesa de unos dos millones de habitantes es un punto de tránsito clave en el país, con un aeropuerto internacional, un puerto lacustre y una porosa frontera con la vecina Ruanda. También se han registrado dos casos en la vecina Uganda y los expertos temen que el brote comience a expandirse en la región.

“(En el centro de tratamiento donde trabajaba) pensábamos que ya estábamos libres de ébola. Y de repente, aparece un caso a 8, 10 horas de carretera sin parar. Y te preguntas, ¿pero cómo llegó hasta allá?”, relata la doctora, natural de Ciudad de México.

La mortalidad de este brote es del 67%

Hasta hace unos días, Campos trabajaba en un centro de tratamiento del ébola en Bunia, capital administrativa del departamento de Ituri, el segundo foco de la epidemia. Cuando llegó, Bunia era tan sólo un centro de tránsito. Pero tras un pico en los contagios, MSF lo transformó en centro de tratamiento de ébola. Antes, había pasado tres semanas en la pequeña ciudad de Biacato, una zona de transmisión muy activa.

“La transmisión de este virus es bastante intensa. Todas las semanas hay al menos un caso, y puede pasar de dos a 15 o 20 en unos días”, explica Campos.

Mil casos nuevos en dos meses

La República Democrática del Congo, con una superficie más de cuatro veces la de España y fronteras con nueve países, es una pesadilla logística para luchar contra la enfermedad. Además, hay al menos 88 misioneros españoles registrados en la nación africana, según dijo la oficina de las Obras Misionales Pontificias (OMP) a El Confidencial.

En las últimas semanas, la epidemia se ha recrudecido pese a los crecientes esfuerzos tanto desde el Gobierno congoleño como organizaciones internacionales. Hicieron falta siete meses para alcanzar los primeros 1.000 casos. Sin embargo, tan solo entre marzo y junio el número se ha duplicado con otros 1.000 casos. En total, se han contabilizado al menos 2.546 contagios (94 de ellos probables), de los que han fallecido 1.715, según cifras recopiladas por el Ministerio de Sanidad congoleño. Es decir, la mortalidad de este brote es de algo más del 67%. Sin embargo, “la cifra de muertos y contagiados puede ser mucho mayor", advierten desde MSF.

De hecho, casi la mitad de las víctimas mueren fuera de los centros de tratamiento, ya porque el caso no se detecta hasta que es demasiado tarde o porque el enfermo decide no acudir, pudiendo contagiar en el proceso a familiares y conocidos. Se trata del segundo brote del virus hemorrágico más grave de la historia, sólo por detrás del que tuvo lugar en África occidental en 2013-2016, que causó más de 11.300 muertes.

“Las señales son claras: la gente sigue muriendo en las comunidades, los trabajadores sanitarios continúan contagiándose y la transmisión no se detiene. La epidemia no está bajo control”, ha declarado Joanne Liu, presidenta Internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF).

Foto: EFE
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Controles en las carreteras

En República Democrática del Congo la población es rural y muy móvil, con un gran traspaso de población entre comunidades remotas. Ni el Gobierno congoleño ni la OMS han establecido restricciones al movimiento, algo que de aplicarse podría acabar generando ‘guetos’ de la enfermedad y afectaría al comercio informal, clave en la supervivencia de la región.

Pese a todo, se han levantado puestos de control en las carreteras y rutas principales que parten desde las provincias afectadas. Personal armado con termómetros detienen a cualquiera que supere los 38º de fiebre, que es apartado para confirmar si se trata de un caso de ébola. Unas 15.000 personas son controladas a diario para detectar casos sospechosos en la frontera entre Goma y Ruanda. Unas medidas que no han logrado impedir la aparición de casos en Goma, un sacerdote que había viajado en bus hasta la ciudad, o en Uganda, un niño de 5 años y su abuela de 50.

La epidemia no está bajo control

La inestabilidad política y de seguridad no ayuda: milicias, reclutamiento forzoso de menores de edad, saqueos, atentados yihadistas... Los ataques contra centros de salud, incluido uno de MSF el pasado febrero, y contra el personal sanitario se cuentan por decenas, y al menos siete personas implicadas en la respuesta sanitaria han muerto víctimas de la violencia.

“El ébola no existe”

Más de 160.000 personas ha recibido la vacuna contra el ébola, desarrollada durante el virulento brote de 2013-2016 en África Occidental. Sin embargo, no todos creen en la enfermedad. “Hay algunos que piensan que el ébola no existe, o no se fían de los doctores extranjeros”, cuenta Campos. Esto hace que muchos no acudan a los centros médicos, con el consecuente riesgo de contagio en las comunidades.

“Si un bebé se infecta, pero viene al centro de tratamiento en las primeras horas, tiene más oportunidades de sobrevivir que un hombre adulto y fuerte que tarda semanas”, explica Campos, mientras lamenta que muchos “confunden los primeros síntomas (fiebre, dolor de cabeza) con la malaria”, por lo que no acuden al médico hasta que la muerte es ya, prácticamente, inminente.

Aunque los trabajadores sanitarios han sufrido también la epidemia, con 136 contagiados en un año, Ximena confía en regresar a casa sana y salva, como después de otras tantas misiones y epidemias en África, Haití y Oriente Medio en las que ha trabajado. “Aquí todos estamos vacunados, las medidas de bioseguridad son muy estrictas y, con la vacuna, las tasas de supervivencia son muy superiores”.

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