"HACE QUE ESTEMOS DE MALHUMOR TODO EL DÍA"

Vacaciones, asunto de Estado: el día que el calor casi derriba la revolución cubana

En el verano singularmente tórrido de 1994 se registró la única protesta callejera que amenazó la revolución. Desde entonces, en Cuba "las vacaciones" son asunto de Estado

Foto: Un taxi en el Malecón de La Habana. (Reuters)
Un taxi en el Malecón de La Habana. (Reuters)

“El aguacero de anoche nos dejó sin luz en casa. Fueron como dos horas de apagón, a eso de las doce, y tuvimos que pasárnosla mi mujer y yo abanicando al niño. Había tanto calor que apenas se apagó el ventilador empezó a moverse en la cuna, ¡imagínate si se hubiera despertado después de la lucha que dio para dormirse! Cuando ya empezaba a refrescar la madrugada fue que pusieron la corriente. La verdad es que tengo tanto sueño que voy para el trabajo casi por inercia”.

Mi interlocutor y yo conversamos en una parada de autobús. Al menos medio centenar de personas aguardamos allí algún transporte que nos acerque a nuestros destinos. Aunque no son siquiera las ocho de la mañana, el calor comienza a sentirse debido a la intensidad del sol, que evapora los charcos dejados por la lluvia del día anterior. La llegada de un autobús arranca a la gente de su modorra. Parte de los presentes corre hasta la única puerta del vehículo, que al abrirse deja escapar una vaharada de aire caliente que hace titubear a más de uno.

“Alta probabilidad de precipitaciones en la tarde y máximas que rondarán los 33 grados Celsius”, anticipa el pronóstico meteorológico para la jornada. “Y no estamos ni en julio”, lamenta alguien a nuestro lado.

En Cuba, el calor es más que una molestia estacional para los ciudadanos. Es una amenaza para toda la estabilidad de la isla. Su efectos sobre el ánimo de una población que ya lidia con una creciente crisis económica pueden ser imprevisibles y ya una vez estuvo a punto de tumbar la revolución. Por eso, desde los 90 con Fidel Castro, las vacaciones se convirtieron en un asunto de Estado.

Las presiones de la naturaleza

Entre mayo y noviembre caen alrededor del 70% de las lluvias que anualmente se registran en Cuba; la mayor parte, en torrenciales aguaceros que jalonan las tardes de junio, julio y agosto. La conjugación de alta humedad ambiental -no pocas veces cercana al 100%- y temperaturas que superan los 30,0 grados, hace que la ‘sensación térmica’ sea por momentos insoportable. Año tras año, la prensa debe dedicar noticias al fenómeno con entrevistas a meteorólogos que reiteran la imposibilidad de “que en el país se produzca una ola de calor, debido a su condición de archipiélago”.

Pero al ciudadano común poco le importan las conceptualizaciones científicas. “Calor es calor, da lo mismo el motivo. Una se levanta sudada, se ducha, y apenas sale del baño ya está sudando de nuevo. Es una molestia constante, que hace que la gente esté de malhumor todo el día”, lamenta una habanera de 52 años que tiene como principal sueño “traer de Panamá un split” (un aire acondicionado) para instalarlo en su cuarto. “Modelos buenos se consiguen allá por 200 o 300 dólares, a menos de la mitad de lo que te piden aquí por cualquier equipo de uso”, explica.

“Calor es calor, da lo mismo el motivo. Una se levanta sudada, se ducha, y apenas sale del baño ya está sudando de nuevo"

A comienzos de 2017, el gobierno suspendió, sin justificación oficial, la venta de aires acondicionados en sus tiendas recaudadoras de divisas. A pesar del secretismo, no tardó en conocerse que la decisión formaba parte de un programa para reducir gastos. la inestabilidad política que sacudía a Venezuela hizo al entonces presidente Raúl Castro apostar por la cautela en un país cuya generación eléctrica depende en un 90% del petróleo, mayormente importado.

Como primer paso se retomaron los llamados “planes de consumo”, asignaciones de energía y combustible con la que cada institución o territorio debe solventar sus necesidades mensuales. No se contempla la posibilidad de excederse, por lo que puede darse la circunstancia de tener que suspender labores o, incluso, cortar el servicio.

¿Apagones o alumbrones?

En el imaginario colectivo nada rememora con tanta fuerza los años terribles del Período Especial como los apagones. Mientras en La Habana se extendían por diez o doce horas diarias, en las provincias podían llegar a duplicar esa duración, obligando a las familias a organizar sus rutinas al ritmo de las contadas ocasiones en que disponían de electricidad. Llegaron a ser tan frecuentes que se les decía "alumbrones", en vez de apagones.

El peligro de volver a enfrentar un escenario así no resulta improbable. Ya en abril, un periódico local lanzó una advertencia cuando se anunció un recorte del 10% en las partidas energéticas correspondientes a las provincias y municipios. “Estamos en un punto crítico, y si en determinado horario del día se agotara el combustible establecido para la jornada, habría que comenzar a quitar la corriente en algún circuito […] el que la derrocha [la energía] además de afectar la economía, pone en peligro al barrio”.

Un texto publicado en 'The New York Times' en marzo, firmado por el economista y profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa-Lago, brinda elementos de juicio para comprender la situación. En los últimos años la economía cubana “ha crecido una tercera parte de la cifra oficial declarada necesaria [… y] la inversión ha sido también una tercera parte de lo requerido”. Acontecimientos como el cierre del programa de colaboración médica con Brasil y las nuevas sanciones dictadas por los Estados Unidos han agudizado la crisis de liquidez que sufría La Habana.

Completa la fórmula la ‘variable venezolana’: de los cerca de 100.000 barriles de petróleo diarios que la nación sudamericana suministraba en los mejores tiempos de intercambio bilateral, los envíos han decrecido hasta los poco más de 65.000 que se promediaron en marzo pasado. “Cuba está sufriendo su peor crisis económica desde la década de los noventa”, alerta Mesa-Lago.

‘Alegría’ por decreto

“Vamos a llegar a este verano con firmeza, con la misma que hemos planteado ante todas las complejidades que pretenden imponernos, con la serenidad, optimismo y alegría características de nuestro pueblo”. La frase, del presidente Miguel Díaz-Canel, fue pronunciada ante el ‘Grupo de Trabajo para la Atención a la Recreación’, el ente supraministerial encargado de hacer realidad los ambiciosos planes del gobierno para la etapa estival.

Serán dos meses signados por eventos de “gran carga cultural, ideológica y también formativa”, anticipó Roberto Morales Ojeda, uno de los vicepresidentes del Consejo de Estado, fuerte candidato a convertirse en Primer Ministro antes de que concluya 2019. Que lo consiga dependerá en buena medida de cómo transcurran julio y agosto.

El ‘Maleconazo’ determinó el establecimiento de un protocolo para la temporada vacacional, evitando, en la medida de lo posible, afectaciones a la gente

Desde mediados de los noventa, ‘las vacaciones’ constituyen centro de atención para las autoridades. La prioridad la sentó el propio Fidel Castro tras la crisis veraniega de 1994, cuando las elevadas temperaturas de aquel año singularmente tórrido, los apagones y la escasez crónica de alimentos y bienes de consumo fueron aprovechados por los Estados Unidos para promover las únicas protestas callejeras que se registraran en sus más de cuatro décadas de poder absoluto.

Fueron una sorpresa para nosotros, para el gobierno y hasta para las mismas personas que estaban manifestándose”, contó al diario miamense Nuevo Herald, el opositor Manuel Cuesta Morúa, testigo de los hechos.

El ‘Maleconazo’ –como nombran al suceso en La Florida– determinó el establecimiento de un protocolo para la temporada vacacional. Entre sus normas no escritas está la de evitar, en la medida de lo posible, ‘afectaciones a la población’ (cortes de electricidad, aumentos de precios o desabastecimientos en la red comercial); además, se incrementa el número de actividades recreativas, se reorganizan las programaciones televisivas y se ‘refuerza’ el transporte.

El rostro veraniego de la pobreza

Cada año, una gran campaña preside la temporada. La de este, ‘Verano 2019: Vívelo’, vuelve a ser organizada por la Unión de Jóvenes Comunistas, rama juvenil del partido gobernante. Cuñas publicitarias, vallas y carteles comienzan a mostrarse como invitación a un optimismo que está lejos de ser unánime.

La pobreza muestra su rostro más cruel en el verano, y ese es el que le hace una mueca burlona a las solicitudes publicitarias que no tienen en cuenta las reales circunstancias en que sobrevivimos”, escribió en julio de 2018 la doctora en Filosofía y profesora universitaria Alina López Hernández en el sitio digital La Joven Cuba, una suerte de bitácora izquierdista defendida por Díaz-Canel, pero aceptada a regañadientes por los miembros más conservadores del Comité Central del Partido Comunista.

Este apunte del año pasado sigue vigente en la realidad que por estos días vive la isla. Como hace un año, las colas siguen marcando el paisaje de ciudades y poblados, y los precios de los hoteles se mantienen fuera del alcance de la inmensa mayoría de la población.

Con semanas de elevadas temperaturas todavía por enfrentar, y la incertidumbre de un futuro para el que Raúl Castro llamó a prepararse “pensando siempre en la peor variante”, muchos isleños solo rezan porque no aparezca en el horizonte algún huracán. Mientras, pocos hablan de la alegría veraniega.

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