1.400 inmigrantes entraron en España

El cabreo de Mohamed VI que permitió a 1.400 inmigrantes 'colarse' en España

El libro “El Agente Oscuro”, escrito por un exagente del CNI y un periodista, desvela algunos aspectos inéditos de la lucha antiterrorista y de los servicios secretos español y marroquí

Foto: reyes Felipe y Leticia junto al rey Mohamed VI en una imagen de archivo. (EFE)
reyes Felipe y Leticia junto al rey Mohamed VI en una imagen de archivo. (EFE)

Los enfados del rey Mohamed VI conllevan riesgos para su entorno y también para sus vecinos. Hace ya trece años abroncó en público a Mohamed Moatassim, entonces el consejero real encargado del Sáhara Occidental, que resultó tan afectado que intentó suicidarse, según reveló el diario 'El Mundo' el julio de 2006. Hace tan solo cinco años su enojo le condujo a cortar la cooperación con España en materia de seguridad hasta obtener disculpas y la cabeza del teniente-coronel Andrés López García que mandaba la Guardia Civil de Ceuta.

La noticia de esta suspensión de la cooperación en materia de lucha contra el terrorismo y la inmigración irregular por parte de Rabat figura en el largo prólogo, escrito por el periodista Ignacio Cembrero, del libro “El Agente Oscuro” (editorial Galaxia Gutenberg), cuyo autor es un antiguo colaborador del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el principal servicio secreto español.

A diferencia de los dos otros libros escritos hasta ahora en España por exespías, el autor de “El Agente Oscuro” es anónimo aunque el prologuista le conoce desde hace años. Comenzó en su juventud a colaborar con el Cesid, el predecesor del CNI, infiltrándose en grupos de extrema izquierda en la ciudad en la que estudiaba y después se dedicó hacer otro tanto en comunidades islámicas en las que había elementos radicales. Finalmente acabó granjeándose la confianza de la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio secreto marroquí.

El libro constituye un viaje por el mundo de las comunidades islámicas en España y por el de la inteligencia. Los métodos utilizados por el CNI para vigilar de cerca a los musulmanes susceptibles de radicalizarse y a sus homólogos de la inteligencia marroquí, con los que, sin embargo, colabora, quedan al descubierto.

La Guardia Civil interceptó, el 7 de agosto de 2014, en aguas de Ceuta, la lancha de recreo en la que navegaba rumbo a Tánger el rey Mohamed VI de Marruecos. Aunque el monarca no regañó a los agentes que le dieron el alto, su enfado fue mayúsculo con las autoridades españolas a las que, según su séquito, se les había advertido de que surcaría esas aguas. El Ministerio del Interior español no encontró rastro alguno de esa comunicación marroquí.

Pese a la conversación telefónica que mantuvo ese mismo día con el rey Felipe VI, que le trasladó su pesar por el incidente, el soberano alauí se consideró ofendido y decidió sancionar a España como seis meses antes había hecho con Francia por motivos de otra índole: suspendiendo la cooperación en materia de seguridad. El castigo marroquí estremeció al gobierno de Mariano Rajoy. Con París, Rabat cortó además la cooperación judicial y la interrupción duró casi once meses.

El desenlace del castigo

El entonces ministro del Interior marroquí, Mohamed Hasad, llamó al secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez Vázquez, para anunciarle el castigo real, según recoge el prólogo. Este no tardó en concretarse. Unos 1.400 inmigrantes irregulares –un récord- llegaron entre el 11 y 12 de agosto a las costas andaluzas y en esos días en Melilla las Fuerzas Auxiliares marroquíes no aceptaron devoluciones en caliente. Interrogados por la policía tras su desembarco los subsaharianos reconocieron que la vigilancia de las costas de Marruecos era inexistente en esos días.

Para que Marruecos volviera a colaborar no bastaron las disculpas al teléfono del entonces “número dos” de Interior. Fue necesario que ese ministerio enviase a Rabat a Javier Conde, jefe de gabinete del ministro de Jorge Fernández Díaz, y al teniente coronel Pablo Martínez Alonso, que dirigía entonces el Mando de Operaciones de la Guardia Civil. A las autoridades marroquíes les remitieron un informe en el que Interior entonaba un “mea culpa” y en el que les entregaban además la cabeza del jefe de la Comandancia en Ceuta.

De cara a la opinión pública española Interior dejó entonces caer que la salida de Ceuta del teniente coronel Andrés López García estaba más bien relacionada con la muerte por ahogamiento, siete meses antes, de 14 subsaharianos a los que la Guardia Civil disparó pelotas de goma cuando intentaban alcanzar a nado la costa.

Aquel viaje a Rabat sirvió para apaciguar los ánimos reales, pero no bastó para que las aguas volvieran a su cauce. Para que la cooperación quedase restablecida el ministro Fernández Díaz tuvo que improvisar un viaje a Tetuán, el 27 de agosto de aquel año, para pedir por tercera vez disculpas a su homólogo marroquí. La suspensión con España duró solo tres semanas mientras que con Francia rondó los once meses.

Durante esa larga etapa, en la que París fue golpeado por el terrorismo, fueron las fuerzas de seguridad españolas y el CNI las que en algunas ocasiones trasladaron a la policía y al contraespionaje francés informaciones relevantes que les habían sido comunicadas por los marroquíes.

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