DOBLE ASESINATO Y VIOLACIÓN EN 1976

"Cierre el sobre": la 'trampa' con la que EEUU resolvió un crimen de hace 43 años

La policía de Oconto (Wisconsin) se inventó una estrategia perfecta con la que Ray Vannieuwenhoven no sospechó que las autoridades le estuvieran persiguiendo a él

Foto: Imagen de Ray Vannieuwenhoven el día de su detención. (Marinette County Jail)
Imagen de Ray Vannieuwenhoven el día de su detención. (Marinette County Jail)

Parecía un día más en Lakewood (Wisconsin, EEUU), pero la policía sabía que se jugaba a una sola carta mucho: poder encontrar a un violador y doble asesino que andaba suelto desde 1976. Para ello, habían urdido un plan con el que intentar engañar al presunto culpable y con el que conseguir una prueba de ADN que confirmara que se trataba de la persona que andaban buscando desde hacía 40 años: una encuesta sería decisiva en el caso.

Darren Laskowski, jefe de Policía del Condado de Oconto, acudió a casa de Ray Vannieuwenhoven con el objetivo de cerrar este histórico caso. Todas las referencias que tenía sobre él —las mismas que tenía el resto de vecinos— eran positivas: se trataba de una persona afable, agradable y que ayudaba a la gente siempre que podía, aunque con un ligero problema de mal carácter cuando bebía. Sin embargo, el policía sabía que guardaba un terrible secreto.

Para confirmar sus sospechas, acudió hasta casa de este viudo de 82 años, donde le explicó que la policía estaba yendo puerta por puerta para entregar una encuesta de calidad sobre los servicios ofrecidos por las autoridades de la zona. En dicho documento, se ofrecían una serie de casillas a rellenar, que Vannieuwenhoven rellenó sin ningún problema. Tras acabar, el policía le pidió que cerrara el sobre, pasando la lengua por la solapa del mismo. El viejo Ray había caído en la trampa.

Todo comenzó el 9 de julio de 1976. David Schuldes y Ellen Matheys eran una pareja normal, que acababa de comprometerse y que decidió pasar un fin de semana en el parque McClintock. Nada más llegar allí, decidieron poner la tienda de campaña para acampar; al acabar, decidieron ir a dar un paseo por la zona, pero antes acudieron al cuarto de baño. Mientras David esperaba a Ellen fuera, recibió un disparo por detrás, que le entró por el cuello y acabó instantáneamente con su vida.

Al oír el disparo, Ellen trató de huir en dirección al bosque, donde su captor consiguió alcanzarla solo 90 metros más adelante. Allí, fue agredida sexualmente y, posteriormente, recibió dos disparos en el pecho que acabaron con su vida. Cuando las autoridades encontraron ambos cuerpos, sospecharon del móvil, pues ambos conservaban su dinero y otros objetos de valor, como la cámara de fotos. Todo apuntaba a la violación como motivo de lo sucedido.

Sin embargo, las autoridades no fueron capaces de encontrar ninguna pista que les permitiera tirar de algún hilo del que investigar, por lo que durante muchos años el caso estuvo aparcado en un cajón. Hasta que en 1990, los avances tecnológicos hicieron posible que las autoridades recogieran una muestra de semen del agresor, con la que tratar de averiguar la identidad del asesino. Sin embargo, tras cotejarla con una base de datos a nivel nacional, no encontraron coincidencias.

Pruebas hijo a hijo

Ha tenido que ser varias décadas más tarde cuando una empresa, llamada Parabon NanoLabs, abrió la puerta a una nueva revolución: combinando el ADN del sospechoso con bases genealógicas, han comenzado a resolver muchos casos que estaban parados desde hacía muchas décadas. Y la policía de Oconto encontró una oportunidad con la que tratar de solucionar su crimen más misterioso: ¿y si cruzaban ese ADN que no había dado ninguna respuesta años atrás?

Bingo. Solo unos meses más tarde, identificaron genéticamente que el criminal era familiar de Gladys Brunette y Edward Vannieuwenhoven, pero sin ser ninguno de ellos. Así, decidieron probar con los tres hijos de la pareja: el primero fue descartado por un inhalador encontrado en la basura; el segundo, por las muestras de una taza de café, y el tercero se autoinculpó después de sellar con su saliva un sobre que era una trampa para saber si era el asesino buscado desde 1976.

Solo unos días más tarde, Ray Vannieuwenhoven era detenido y acusado de dos cargos de asesinato y uno de violación. Así es como la policía de Oconto fue capaz de cerrar un caso abierto desde hace 43 años, para el que no había conseguido encontrar solución hasta la fecha. Un engaño con el que la policía consiguió la muestra definitiva para descubrir al culpable de uno de los crímenes más violentos de la historia de Wisconsin.

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