UN 67% DE LOS MIGRANTES SON MUJERES

En Filipinas, la igualdad aviva el infierno en casa: "No soportan el éxito de la mujer"

Asociaciones feministas dicen que toda Asia podría aprender de Filipinas. Pero el país con más igualdad -sobre el papel- para las mujeres, también es donde más violencia sufren

Foto: Una protesta de mujeres en Manila. (Reuters)
Una protesta de mujeres en Manila. (Reuters)

Asia no es un continente que destaque especialmente por proteger los derechos de las mujeres. Los ejemplos abundan. Como el fraude en la Universidad de Medicina de Tokio para restringir la entrada a las mujeres y dar prioridad a hombres con peores notas. O las declaraciones del primer ministro de Tailandia -que se hizo con el poder por las armas- afirmando que las “buenas mujeres” son como la suya, que se queda en casa encargándose de las tareas del hogar y sus opiniones solo cuentan en la cocina.

No es solo que se vulneren los derechos femeninos en Asia con facilidad y recurrencia, es que incluso el concepto de feminismo pareciera no existir.

Pero hay un país asiático considerado un referente en igualdad de género, incluso fuera del continente. Una nación donde no solo las leyes favorecen la igualdad, sino que esta se ve reflejada en una gran presencia de mujeres en puestos directivos y políticos. Ese país, del que muchas asociaciones feministas dicen que podría aprender el resto de Asia, es Filipinas. Pero las mujeres filipinas no solo destacan por sus derechos. También son las que más violencia sufren en la región de Asia-Pacífico.

En 2018, un 37% de los puestos directivos en Filipinas están ocupados por mujeres, según la consultora Grant Thornton, y en años anteriores llegó a haber casi una paridad absoluta. En España, la cifra fue del 30% en 2018, según el estudio. En el ámbito parlamentario solo un tercio de los escaños están ocupados por mujeres, una cifra modesta pero muy por encima del promedio regional.

El país del Sureste Asiático fue también uno de los primeros en imponer medidas para la igualdad de género y es de los pocos estados que ha tenido a dos mujeres al frente del Ejecutivo desde su independencia.

El creciente peso público y empresarial de las filipinas han llevado al país de 105 millones de habitantes a ser número uno de Asia y el décimo del mundo en el Informe Global de la Brecha de Género 2017 del Foro Económico Mundial (FEM), que analizó 144 países. El experto en feminismo y profesor de la Universidad de la Columbia Británica, Michael Daniels, afirma: “hay mucho de lo que podrían aprender de Filipinas otros países y empresas”.

De la ley al hogar

El problema es que, pese a que sobre el papel existe un modelo de protección y ayuda con fundamento legal, en la intimidad de los hogares la situación es muy distinta. Según la consultora ValueChampion, que califica a Filipinas como el país más peligroso para el sexo femenino en Asia Pacífico, el conflicto se origina en el fuerte choque de la independencia de las mujeres con lo enquistada que se encuentra la interpretación religiosa y cultural de muchos hombres filipinos.

“Las fuertes actitudes patriarcales y las costumbres religiosas [de los hombres filipinos] hacen que las mujeres tengan miedo de los hombres”, resume la consultora.

Según un informe de la Oficina de Estadística del país elaborado hace unos pocos años, una de cada cinco mujeres entre 15 y 49 años había sufrido algún tipo de violencia por parte de un hombre. Ya fueran agresiones físicas, violaciones, golpes durante el embarazo o palizas por parte de sus parejas. Cada 15 minutos, una mujer o niño sufren violencia en el hogar, según estadísticas oficiales.

No soportan su éxito

Filipinas es un país exacerbadamente católico -ocho de cada diez filipinos son religiosos- si bien sus formas son a veces criticadas por el Vaticano. En Semana Santa son habituales las procesiones de hombres fustigándose y recreando la pasión de Cristo, en las que la sangre y los trozos de carne salpican a las caras de los curiosos. Y la decoración habitual de vehículos y hogares son frases religiosas como “Jesús es la salvación” o “Dios es la razón de ser”.

Muchos hombres filipinos han abrazado una interpretación religiosa de la sociedad que prima el modelo tradicional y en el que la mujer está supeditada al hombre, sobre todo para aquellos que siguen los credos de las gigantescas sectas pseudo-cristianas del país, como Iglesia Ni Cristo.

Y es dicho conservadurismo el que choca fuertemente con el carácter independiente de muchas mujeres filipinas. Ellas alcanzan mejores resultados educativos, son las que llenan las universidades y también las que se esfuerzan más en el mundo empresarial, tal y como explica la analista Anastassia Evlanova. Y precisamente por eso, avisa la consultora, muchos hombres agreden contra ellas: no soportan ver cómo tienen más éxito, ganan más dinero y gozan de mayor reconocimiento. Hechos que chocan con la visión tradicional del hombre como protector y proveedor de la familia.

Perder de vista a mi padre

"Cuando decidí mudarme a Singapur, lo que más me motivaba era perder de vista a mi padre y dejar de tener miedo en mi distrito”. Así lo explica Marielle, quien nació en la isla de Luzón, a una hora y media del centro de Manila. Tras haberse formado como hostelera y trabajar en resorts de cinco estrellas, su padre no pudo aceptar que ella ganara más que su hermano.

Marielle tiene además un apartamento de lujo muy cerca de su casa. “Salir a la noche en mi barrio es peligroso para un hombre, pero lo es mucho más si eres mujer”. Por eso decidió salir de su país, aún teniendo un buen empleo y un hogar. “Cuando voy a ver a mi familia, mi padre y mi hermano aún me ven como inferior, pero no se quejan cuando les envío el cheque cada mes”, comenta sobre el dinero que les envía regularmente.

No es la única. El país del sureste asiático es uno de los que envía más trabajadores al extranjero, y un 67% de los emigrantes son mujeres. Muchas de ellas para ser asistentas de hogar o enfermeras, pero también para muchos otros empleos. Además de buscar más calidad de vida y un futuro mejor, las mujeres filipinas huyen de la violencia estructural que sufren en su país y de la que muchas veces no hay escapatoria por muy alto que suban en la escala académica y laboral. El llamado "sueño filipino" es de ellas.

El futuro no es alentador. Y difícilmente habrá mejoras mientras el populista Rodrigo Duterte siga al frente del país. Si bien el mandatario llegó al poder con el respaldo de los votos de muchas mujeres, suele dirigir comentarios bastante desagradables a las mujeres con una actitud que, según organizaciones feministas, contribuye al acoso que sienten las filipinas.

"Puta [en español], saben, ustedes las mujeres me privan de mi derecho a la libertad de expresión", dijo durante un acto en honor a las integrantes femeninas de las fuerzas de seguridad y frente a una audiencia femenina para quejarse por las críticas que recibe. "¡Ustedes, mujeres locas, no lo hagan!".

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