SEMANAS DESPUÉS DE LA OPERACIÓN LIBERTAD

El hartazgo disipa el 'efecto Guaidó': "Nos emocionaron y el palo ha sido mayor"

Las audiencias de Juan Guaidó en Caracas cada vez son más pequeñas porque después del llamamiento cívico-militar del 30 de abril muchos han decidido quedarse en sus casas

Foto: Juan Guaidó. (Reuters)
Juan Guaidó. (Reuters)

“Sentí mucha decepción. El 30 de abril una juraba que ya, que la cosa se acabó, que estaba listo. Y qué va. Hasta nos hicieron creer que estaban dentro de (la base aérea militar) La Carlota y ni siquiera. Nos emocionaron, nos hicieron ilusiones. Y el palo ha sido mayor”, dice Niurka, opositora acérrima del presidente Maduro. Ha salido a todas y cada una de las manifestaciones convocadas por la oposición. Pero después del 30 de abril decidió no salir más.

Las arengas que Juan Guaidó, reconocido por más de 50 países como presidente encargado de Venezuela, daba el sábado a sus adeptos iban en la misma dirección: insuflar ánimos. Qué podemos hacer cada uno “para que el cambio sea más rápido”, lanzaba al aire Guaidó. Y él mismo recogía el guante: “Organizar a la comunidad, protestar, salir a a la calle”. Lo hacía ante una audiencia menguada. Después del llamamiento cívico-militar del 30 de abril, muchos han decidido quedarse en sus casas.

El nombre real de Niurka, la opositora, lo mantiene a salvo, porque además de su propia decepción cuenta la de su primo, militar de carrera. “Ese día él estaba preparado para salir y apoyar a Guaidó. Cuando vieron que apenas contaban con unas decenas de militares, que no había organización ni nada, que en seguida se replegaron a la plaza Altamira, no salieron ni él ni sus compañeros, porque luego las represalias son para ellos y no tienen resguardo en embajadas, como Leopoldo”.

A las pocas horas de hacer el llamamiento en las calles, se desconocía el paradero de Juan Guaidó. Y Leopoldo López, liberado por aquel con la ayuda del ya ex director del Sebin Christopher Figuera, primero fue a la embajada de Chile y luego a la de España, donde se mantiene en calidad de huésped junto a Lilian Tintori, su mujer, y su hija menor.

"El mismo resultado"

Justamente ese hito fue lo que hizo que muchos opositores se desencantaran el 30 de abril. “Él se quedó resguardado y la gente qué, ¿poniendo el pecho? Ya está bueno de seguir apoyando y apoyando para tener el mismo resultado”, cuenta Ángel Pérez, un electricista que ha salido a marchar en casi todas las convocatorias de este 2019, pero que decidió quedarse en casa el sábado.

El salto al vacío del 30 de abril se ha percibido como un cambio de rumbo de la estrategia de Juan Guaidó. Desde que se proclamó presidente encargado de Venezuela, el 23 de enero de este año, tanto él como sus compañeros de la Asamblea Nacional, se afincaron en decir que “esto no es como 2017 ni como 2014”. Y hasta el día 30 no fue como las manifestaciones de esos años. Es decir, no terminaban en un “tira y afloja” con las fuerzas del Estado, con cruces de molotovs y piedras contra lacrimógenas, perdigones y balas. Con heridos. Con muertos.

“Es normal que no salgamos. ¿Para que nos sigan matando? La cosa está ruda y esos (del Gobierno) no se andan con tonterías”, explica Margarita, ama de casa. Se refiere los sucesos de 30 de abril y del 1 de mayo, donde la Guardia Nacional Bolivariana reprimió. Hubo más de un centenar de heridos de diversa consideración y 5 fallecidos.

Sin retorno

El “efecto Guaidó” sigue teniendo adeptos que acuden, religiosamente, a cada convocatoria que hace. La última en Caracas, el pasado sábado en la plaza Alfredo Sadel del municipio opositor de Baruta. Yamilet Hernández, del barrio del 23 de enero, acudió con su camisa blanca, su bandera de Venezuela y una pancarta en la que pide el “cese de la usurpación” de Nicolás Maduro. “Yo voy a seguir viniendo a todo. Hay que seguir haciendo presión en las calles. No podemos dejar que otros sean los que nos resuelvan. Vivo en el 23 y allí me falta el agua, la luz... Hay que apoyar al presidente encargado y salir de Maduro ya”.

La plaza se llenó, pero sin desbordar la calle. Guaidó habló, pero ni siquiera se pudo habilitar una tarima. Nada que ver con la foto del mismo lugar de la concentración del 2 de febrero, aquella en la que se hicieron tantos guiños a Europa.

Aquella donde había gente incluso apostada en los edificios aledaños esperando a Guaidó para que hablara detrás de un atril presidencial, con la bandera tricolor al lado. Hace tiempo que esa logística se cambió por un camión con altavoces. En varias ocasiones, las tarimas que han instalado han sido desmontadas por orden del Gobierno de Nicolás Maduro e, incluso, se han detenido a los responsables de montarlas.

Mientras, Guaidó seguía reforzando su mensaje, alentando a la gente para que se mantenga en las calles. “Vivimos en una dictadura. Nada sustituye la presión de los venezolanos”.

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