ARREMETIDA CONTRA DIPUTADOS OPOSITORES

Maduro arranca la apisonadora: exilio, asilo o cárcel para la oposición

El primero en caer preso ha sido el vicepresidente de la Asamblea Nacional, Edgar Zambrano, al que los servicios de inteligencia. "¿Quién sigue?", se pregunta la oposición.

Foto: Nicolás Maduro.
Nicolás Maduro.

Diosdado Cabello, segundo en la nomenclatura del chavismo y bestia negra de la oposición, ya lo advirtió pocas horas después de que se iniciara el fallido levantamiento del 30 de abril en Venezuela: “Ahora nosotros vamos al contraataque”. La respuesta no se hizo esperar y llegó por su brazo judicial.

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) junto con la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) –compuesta solo por integrantes afines al presidente Nicolás Maduro–, retiraron esta semana la inmunidad a seis diputados de la Asamblea Nacional (AN), el legislativo de 167 curules con mayoría opositora.

El primero en caer ha sido el primer vicepresidente de la cámara, Edgar Zambrano, al que los servicios de inteligencia venezolanos se llevaron preso el miércoles. El arresto tuvo un toque surrealista. Zambrano, al verse rodeado, se negó a salir de su vehículo, por lo que finalmente los oficiales decidieron remolcar el coche en una grúa hasta el Helicoide, donde el chavismo suelen encerrar a los presos políticos.

Parece que no será el último. Cabello, que preside la ANC, ya ha dicho que otros tres diputados están en la mira y perderán su aforamiento. La amenaza supone una espada de Damocles sobre el resto de diputados opositores y su líder, Juan Guaidó, reconocido como presidente encargado por medio centenar de naciones. “¿Quién será el siguiente?”, se preguntan ahora en los círculos políticos venezolanos.

Riesgo político

Desde la elección de la Asamblea Nacional en 2015, 24 diputados principales y cinco suplentes han salido de la institución tras perder la inmunidad a manos del TSJ. Sin protección legal, unos han ido a parar directamente a la cárcel, otros optaron por el exilio y algunos han buscado refugio en alguna embajada afín dentro de Venezuela. La última en hacerlo ha sido Mariela Magallanes, que pidió ser acogida en la sede diplomática italiana, siguiendo la ruta recorrido por otros destacados diputados opositores como Freddy Guevara, que está en la de Chile, y Richard Blanco, en la de Argentina.

En corrillos políticos se refieren a esta nueva operación de Maduro como “Tierra arrasada” y se preguntan si es el preludio del golpe de gracia a gran escala contra políticos opositores. La politóloga Marcela Zaro considera que esto, más que represión es persecución. “La represión la vemos en las calles, en las protestas, de la mano de cuerpos de seguridad. Pero si neutralizas y persigues a los políticos y partidos que movilizan y convocan la calle, la protesta se reduce. Es ganar-ganar en los objetivos (del Gobierno de Maduro). Si desarticulas y desmontas la Asamblea Nacional y los partidos, desmovilizas la protesta”.

Para este fin, Maduro flirtea con un delicado cálculo de riesgo político. La analista Aimée Nogal habla de “los efectos no deseados de la política” y apunta que la reacción del Gobierno podría, de alguna manera, justificar o alentar el discurso de intervención militar. “Se llevan preso a Edgar Zambrano, a pesar de que era promotor del diálogo. Es un ‘mira lo que hacen a los que quieren diálogo’. Quieren hacer ver que la única salida es militar”, explica Nogal.

¿Se atreverán con Guaidó?

Pero la gran incógnita es si Guaidó, presidente de la AN y líder de la oposición, acabará preso. Zaro apunta a que si se revisa la actuación del TSJ y la ANC chavista contra los diputados, se puede observar que Guaidó es la excepción. “Parecieran no atreverse a dar el paso final y detenerlo. Se trata de detener al presidente del Parlamento, y eso, en cualquier democracia del mundo, es muy grave e inexplicable. Ganas no les faltan para detenerlo, pero no creo que haya voluntad de una persona o institución en asumir la responsabilidad”.

Puede que no sea solo cuestión de temor o imagen internacional, sino que la libertad de Guaidó responsa a una estrategia de tiempos. “Si yo fuera Gobierno no lo detendría para que se desgaste, como de hecho está ocurriendo. Aunque la otra parte es que cómo le explicas tú al voto duro (hasta unos 2,5 millones de chavistas convencidos) que ha habido un golpe y el Gobierno no está haciendo nada. No justifico el allanamiento, ni el vamos por todo, pero tiene que haber una responsabilidad política por una actuación política”.

Las últimas medidas podrían avivar la confrontación en las calles. Guaidó ya ha convocado manifestaciones en todo el país el próximo sábado como respuesta a la detención de Zambrano. Pero las últimas marchas convocadas tras el intento de asonada del 30 de abril no lograron la convocatoria deseada. En la contraparte, aunque Maduro se ha hecho fuerte en el palacio presidencial de Miraflores, parece haber perdido definitivamente el otrora apabullante poder del chavismo para movilizar a sus seguidores para tomar las calles.

“Maduro no ha avanzado desde el 23 de enero, día en que se juramenta [como presidente encargado] Juan Guaidó. No ha avanzado con contundencia en respuesta a ese evento político. Parece que consideran que este momento es el apropiado para avanzar: un retroceso o derrota aparente de la oposición. Quizás Maduro y sus aliados aprovechen para desarticular y perseguir tanto a civiles y militares”, avisa Zaro.

La oposición ¿rota?

En el caso de Nogal, opina que pareciera que la lógica de Maduro es evitar agitar unas aguas cada vez más turbias. “Aunque pudo haber arrasado el 30, no lo hizo. Dio una respuesta más política que militar”. Y esto tiene que ver con el deterioro de la oposición, a la que se le agota el oxígeno de la esperanza.

“Hay un desgaste propio de una oferta que se vendió como una estrategia instantánea, que el cambio político era inminente. Es una promesa que se escucha [por parte de la oposición] desde 2002. Desde entonces escuchamos que ‘el país no aguanta más’. Pero la realidad es que los países no tocan fondo, siempre pueden estar peor. Hoy estamos peor y cada vez hay más heridas. Al darle la fuerza a los militares, renuncias al poder del voto. Otro debate es que el Gobierno no respeta los votos”.

Al final, la cuestión es si después del 30 de abril la oposición está más cerca o más lejos del poder. Aunque la asonada mostró algunas pequeñas grietas militares en el chavismo, a corto plazo Maduro parece haber salido reforzado de lo que sus partidarios consideran un golpe de Estado.

“Maduro hoy tiene la tomografía de las Fuerzas Armadas, quién está con él, quién no. Y puede depurarlas y hacer un estamento militar aún más duro. Y la oposición corre el riesgo de romperse -si no lo está ya-, porque lo que sucedió el 30 de abril se hizo sin consultar”.

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