AMÉRICA, LA VIOLENCIA QUE NO CESA

Venta de armas, corrupción y cocaína: ¿hay solución para el continente más violento?

América no logra revertir el círculo de violencia creado por el crimen organizado, la venta indiscriminada de armas, el tráfico de estupefacientes, y la corrupción estatal

Foto: El cadáver de un hombre en una autopista en San Pedro Sula, Honduras. (Reuters)
El cadáver de un hombre en una autopista en San Pedro Sula, Honduras. (Reuters)

Narcotráfico. Pandillas. Barrios sin ley. Escuadrones de la muerte. Plata o plomo. América continúa siendo el continente más violento del globo. No hay ninguna duda, según la lista de ciudades más peligrosas del mundo, elaborada cada año por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, un organismo con sede en México.

De las 50 urbes con más homicidios del mundo en 2018, hasta 47 se encuentran en territorio americano. México se lleva la palma, con 14 urbes en el listado. Siguen al país norteamericano en el funesto compendio Brasil, con 14, Venezuela, con 6, Estados Unidos, con cuatro, Colombia y Honduras, con dos, y El Salvador, Guatemala, Puerto Rico y Jamaica, con una.

La lista anual realizada por el organismo mexicano recuenta sólo las ciudades con más de 300.00 habitantes que no se encuentren en una zona de guerra, como Siria o Somalia. Muestra que el continente no ha logrado revertir el círculo de violencia creado por el crimen organizado, la venta indiscriminada de armas, el tráfico de estupefacientes, y la corrupción estatal, elementos incendiarios detonados por la pobreza, la inestabilidad política y la impunidad, el talón de Aquiles de muchos de los países que lideran la lista.

México registra otro récord

La peor noticia es que en varios estados la situación, lejos de mejorar, empeora. Es el caso de México, donde se registraron 33.341 asesinatos en 2018. Fue el año más violento de la historia del país norteamericano. Cinco de las seis ciudades con más homicidios del mundo se encuentran en territorio mexicano. Lidera la lista Tijuana, ciudad fronteriza con EEUU. Registró 2.640 asesinatos en 2018. Una tasa de 138 muertes violentas por cada 100.000 habitantes.

La violencia en el país norteamericano es espoleada por los grandes carteles de la droga, que responden a la demanda de cocaína y opio al norte del Río Grande, y se alimentan de la corrupción de las autoridades y de la impunidad rampante. Los expertos creen que la ola de violencia que vive México se debe a la fragmentación de los grupos criminales, tras el descabezamiento de los grandes actores del crimen organizado.

Cinco de las seis ciudades con más homicidios del mundo se encuentran en territorio mexicano

La detención, por ejemplo, de Joaquín Guzmán Loera, alias ‘El Chapo’, exlíder del Cartel de Sinaloa, habría llevado a un enfrentamiento armado entre distintos grupos por el control de los territorios antaño controlados por el capo de la droga. Es lo que los analistas llaman una ‘lucha por la plaza’. Por eso las ciudades mexicanas aparecen y desaparecen súbitamente de las listas de las más violentas del mundo.

En el año 2018, copaba el compendio la urbe de Los Cabos. Este año no sale en la lista. En cambio, Cancún, que no aparecía en el compendio del año pasado, escala ahora hasta la decimotercera posición, con 547 homicidios, 64,46 por cada 100.000 habitantes, denotando una ‘lucha por la plaza’. “Hay dos factores que podrían explicar la ‘rotación’ de ciudades mexicanas en el ranking. Uno es la naturaleza de la violencia en México, que está en buena medida asociada con conflictos criminales que estallan y terminan en plazos relativamente cortos, mientras que en Brasil y en Venezuela se observa una dinámica de conflicto social y crimen común más marcada. El otro es que la calidad de los datos y la metodología son un tanto variables”, comenta a El Confidencial Jaime López Aranda, experto mexicano en seguridad.

La razón del espectacular crecimiento de los asesinatos en Tijuana se explicaría también por una ‘lucha por la plaza’ de diferentes actores del mundo del narcotráfico, tras la detención del ‘Chapo’.

Debe preocupar especialmente a México la proliferación de la violencia en algunos de sus emblemas turísticos. Cancún se 'cuela' este año en una lista en la que aparece desde hace tiempo la antaño glamurosa Acapulco, que en 2018 registró 948 homicidios. Algunos de los cuerpos aparecieron en las playas en las que aún hay turistas. En Cancún, las autoridades se afanan por alejar los asesinatos de la zona hotelera, con cierto éxito, aunque ya se han visto ataques en los aledaños de las playas de la ciudad.

En México, las ciudades que topan el ranking de violencia tienen índices de asesinatos mucho más elevados que la media nacional, de unos 25 homicidios por cada 100.000 habitantes. La respuesta del nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador (Amlo), ha sido centralizar la lucha contra la violencia, creando una Guardia Nacional. “Es una ampliación de la estrategia de seguridad que se ha venido desarrollando durante las dos últimas décadas. No se aprecia ningún elemento novedoso real a nivel operativo, a pesar de los rediseños institucionales que se han aprobado”, cree el analista Aranda.

Un policía pasa ante un cadáver en las afueras de Ciudad Juárez. (Reuters)
Un policía pasa ante un cadáver en las afueras de Ciudad Juárez. (Reuters)

Brasil sigue de cerca a México

Otro país que ha cambiado recientemente de Gobierno, Brasil, pisa los pies a México en la lista de ciudades más violentas del mundo. Natal, con 75 homicidios por cada 100.000 habitantes, es la ciudad más peligrosa para la vida en Brasil, y la octava del mundo.

“El aumento de los homicidios en el país, en el periodo reciente, deriva de factores como la total inoperancia de los gobiernos en implantar políticas efectivas basadas en las evidencias y en la efectividad. En el exceso de truculencia de las policías, que en algunos estados como Río de Janeiro y Sao Paulo responden por más del 15% de las muertes violentas letales intencionales. Y en la guerra de facciones criminales por el dominio de las rutas de tráfico de drogas y mercados de consumidores”, explica Daniel Cerqueira, doctor en Economía y consejero del Foro Brasileño de Seguridad Pública.

El gigante latinoamericano registró 51,580 asesinatos en 2018, un 10% menos que en 2017, el año más violento en la historia del país. El desempeño de la pugna de poder entre el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), los dos grupos criminales más importantes del país, explica parte de los asesinatos, y también el descenso de los mismos.

“El fenómeno de descenso de los asesinatos debe ser estudiado aún, pero, a mi juicio, responde a un retorno a la media, ya que el crecimiento de las tasas en los dos últimos años ha sido mayor que la media histórica, en el período más reciente. Por otro lado, creo que está en curso un proceso de agotamiento de la guerra de facciones criminales en el Norte y Nordeste, lideradas principalmente por el PCC y el CV, que entraron en guerra declarada a mediados de 2015”, cree Cerqueira.

“Por otro lado, vemos una luz al final del túnel, cuando gobernadores de algunos estados se arremangaron y lideraron personalmente el proceso de articulación social y de producción de políticas basadas en los métodos científicos de gestión, con diagnósticos claros de la situación, monitoreo y evaluación, privilegiando el uso de la calificación del trabajo policial, investigación e inteligencia, y trabajando también en prevención social, para evitar que el niño de hoy sea el bandido del mañana”, apunta el experto, señalando específicamente las regiones de Pernambuco, Paraíba y Espírito Santo.

No cree, eso sí, que la situación futura vaya a mejorar. “A partir de 2019, el escenario pasa a ser más trágico y preocupante. Las políticas irresponsables del Gobierno de Jair Bolsonaro, con la facilitación del acceso a las armas de fuego y licencia para matar, en la que los mecanismos para el control de la violencia policial serán reducidos. Eso, junto con una retórica de la guerra y un discurso político basado en el odio y la extinción del otro, harán que la guerra brasileña adopte aspectos aún más crueles”.

Destaca que en los trece años posteriores a la implementación del control de armas, establecido en 2003 por el Gobierno de Luiz Inácio ‘Lula’ Da Silva, la tasa de homicidio creció a un ritmo del 7%. En los trece años anteriores, había aumentado a un ritmo del 73,3%.

Autoridad débil en Venezuela

El vecino norteño de Brasil, Venezuela, cuenta son seis ciudades en la lista de las más violentas del mundo, producto del cóctel producido por la pobreza y la inestabilidad política. Caracas, que ha liderado el compendio durante varios años, cae a la tercera posición en 2018, pero manteniendo unos niveles de mortalidad enormes, con 100 homicidios por cada 100.000 habitantes.

En Venezuela, los criminales se han aprovechado del debilitamiento de las autoridades. Policía y Fuerzas Armadas estarían centrando sus esfuerzos, según parte de los expertos, en controlar a los opositores al presidente Nicolás Maduro, más que en luchar contra el crimen. Además, en las zonas sur y sur occidental del país se estaría produciendo una multiplicación de la actividad criminal, a cuenta del mercado de la cocaína y de las minas de oro ilegales, que estáría resultando en enfrentamiento entre bandas, incluso con la participación del Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN).

Los expertos del organismo mexicano admiten dificultades a la hora de elaborar la lista, en el caso venezolano, debido a la falta de estadísticas oficiales. En Venezuela es necesario resaltar que la violencia está mucho más ‘repartida’. El país sudamericano es el más violento del mundo, con 81,4 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, según el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), que el Gobierno de Maduro considera de tendencia opositora, y recopila los datos ante la falta de mejores estadísticas oficiales.

Los crímenes -que disminuyeron un 13,4% en el último año- están, por lo tanto, mucho más repartidos que, por ejemplo, en México, donde se concentran en núcleos específicos, pero hay zonas del país donde la situación no es tan preocupante. Analistas del OVV destacan también que alrededor del 32% de las muertes violentas en Venezuela serían ejecutadas por las fuerzas del orden, en actos catalogados como de “resistencia a la autoridad”.

Violencia muy localizada en EEUU

El caso de Estados Unidos es paradójico. El país gobernado por Donald Trump tiene cuatro ciudades en la lista, San Luis (15º, con 61 homicidios por cada 100.000 habitantes), Baltimore (51), Detroit (39) y Nueva Orleans (38), que cierra el compendio. Sin embargo, el país es considerado como suficientemente seguro, con cinco homicidios por cada 100.000 habitantes de media nacional, lo que denota que la violencia en el gigante norteamericano está muy localizada.

Las urbes que aparecen en la lista tienen grandes problemas de desigualdad, abuso de drogas, o atraviesan graves crisis económicas, como en el caso de Detroit, y también de Nueva Orleans.

La proliferación de armas de fuego es un grave problema en EEUU, donde en 2017 murieron 2.462 niños en edad escolar, según el ‘American Journal of Medicine’, pero el país norteamericano sigue siendo uno de los más seguros del continente. Si se compara con Europa, eso sí, EEUU sale mucho peor parado. Francia, por ejemplo, registra 1,3 homicidios por cada 100.000 habitantes. España incluso mejora las cifras de su vecino norteño, con 0,6 homicidios por cada 100.000 habitantes, muy lejos de las cifras del gigante norteamericano.

Activistas a favor del derecho a portar armas se manifiestan en Detroit. (Reuters)
Activistas a favor del derecho a portar armas se manifiestan en Detroit. (Reuters)

Mejoras en Centramérica

Las situación en Europa contrasta mucho con la registrada en el ‘triángulo norte’ centroamericano, considerado como el lugar más peligroso del planeta, fuera de zonas de guerra, desde hace ya décadas. Aunque la violencia sigue siendo epidémica en Guatemala, y sobre todo, en Honduras y El Salvador, la región ha logrado un descenso en su número de homicidios recientemente.

San Pedro Sula, la localidad hondureña considerada como la más peligrosa del mundo durante varios años, ha descendido en la lista hasta la trigésimo tercera posición, con 46,67 homicidios por cada 100.000 habitantes. La creación de nuevos centros penitenciarios de alta seguridad, que sustituyen a las vetustas y permeables prisiones que operaban en el país, desde donde los pandilleros continuaban ordenando ejecuciones y extorsiones, ha contribuido en la reducción de los asesinatos.

Honduras, donde actúan las temidas pandillas ‘Barrio 18’ y ‘Mara Salvatrucha’, registra ahora 40 asesinatos por cada 100.000 habitantes, cuando la tasa hace seis años era de 86. “Ese cambio significativo se debe, en parte, a las políticas del Gobierno en atención de ciertos sectores de la población que estaban controlados por maras, pandillas y el crimen organizado. El Gobierno ha emprendido en los últimos años un “combate” a este tipo de criminalidad”, comenta el abogado penalista hondureño Félix Ávila. “Pero también hay que tener en cuenta que la nueva Policía Militar del Orden Público se ha dedicado a ingresar y recuperar zonas altamente peligrosas como los asentamientos de Chamelecón, en San Pedro Sula, y algunos asentamientos en la capital, Tegucigalpa”, añade el analista.

El Salvador, cuya capital se mantiene en el puesto 24 del ránging, con 50 homicidios por cada 100.000 habitantes, también ha visto caer su tasa de muertes violentas desde los 103 asesinatos por cada 100.000 habitantes registrada en 2015 a 50 el pasado año. “Tomando en cuenta que los índices de pobreza se mantienen, es posible que se observen rebrotes de violencia y los índices más bien aumenten”, cree el experto Ávila.

Guatemala sólo mantiene ya en la lista a su capital, que registra 44 homicidios por cada 100.000 habitantes. El país centroamericano lleva años introduciendo políticas efectivas contra la violencia. En cifras estatales, recuenta 23,7 asesinatos por cada cien mil habitantes. Redujo el índice a la mitad en una década y ya registra menos asesinatos ‘per cápita’ que Brasil, México y Colombia, países que antaño superaba ampliamente.

Colombia: violencia en el campo

Otro país que mejora sus cifras, a pesar de un pequeño repunte del 3,25% en el número de homicidios en 2018, tras cinco años a la baja, es Colombia. Parte de la culpa del aumento la tienen los enfrentamientos entre bandas en Medellín, la única capital colombiana donde aumentaron los asesinatos, desde los 582 de 2017, a los 626 de 2018. La situación es atípica, tras haber bajado la violencia de forma espectacular en la capital paisa en la última década y media.

Medellín no está en la lista de las ciudades más violentas del mundo, un compendio que lideró durante buena parte de los 80 y 90, los años del ‘plata o plomo’ del capo de la droga Pablo Escobar. En 1991, el año más cruento del ‘reinado’ del Cartel de Medellín, la ciudad registró 7.273 asesinatos, una tasa de 266 por cada 100.000 habitantes que hoy doblaría al de Tijuana, la más violenta de 2018.

Sí aparecen en la lista las ciudades de Palmira (48) y Cali (49), dos ciudades muy próximas y donde se están dando disputas entre grupos de narcotraficantes. “Cali y Palmira reciben el efecto periférico de lo que sucede en los puertos de Tumaco y Buenaventura, en la frontera con Ecuador, y en toda la costa Pacífico, por donde sale casi el 70% de la cocaína que se está produciendo ahora. En estas dos ciudades buscan refugio, escondrijo, y algún nivel de descanso los actores del asunto, sin alejarse mucho de sus intereses. En esas ciudades, entonces, hacen negocios, se acuerdan convenios, pero también se zanjan cuentas”, comenta José Marulanda, consultor colombiano en Seguridad y Defensa.

Colombia es, con diferencia, el mayor productor mundial de cocaína, con más de 209.000 hectáreas de hoja de coca en 2017, un 11% más que el año anterior, según EEUU. Sin embargo, parte del descenso de la violencia se debe también a que los narcotraficantes se han sofisticado. “Los narcocarteles saben que a mayor violencia, mayor va a ser la reacción del Estado y mayores dificultades va a haber para el negocio”, explica Marulanda. La violencia en Colombia se ha trasladado al ámbito rural, y por eso, aunque no cuenta con más ciudades en la lista, registra 24 homicidios por cada 100.000 habitantes, cifra similar a la de México y Brasil, que septuplican sus entradas en el compendio. Tumaco, por ejemplo, contabiliza más de 100 asesinatos por cada 100.000 habitantes. No aparece en la lista, al ser una población menor a 300.000 habitantes.

Aunque el pacto de paz con las FARC ha contribuido al pronunciado descenso de los homicidios en los últimos años -y, sobre todo, de los secuestros-, los expertos advierten que hay varios grupos en guerra por copar los territorios antes controlados por la guerrilla, convertida ahora en partido político. El Ejército de Liberación Nacional (ELN) mató a 21 personas en enero con un atentado con coche bomba en Bogotá, y ha protagonizado otras acciones contra policías y otros grupos rivales en las regiones. La violencia en Colombia, aunque disminuida, y apartada a ciertas zonas rojas, sigue latente. El país es especialmente peligroso para líderes sociales y defensores de los derechos humanos. Más de 430 han sido asesinados en los últimos tres años, según la Defensoría del Pueblo

Otro país en alerta es Uruguay. Aunque no tiene ninguna ciudad en la lista, los homicidios han crecido un 45,8% en 2018, alertando a los ciudadanos y poniendo en problemas políticos al gobernante Frente Amplio, que podría tener problemas para reeditar mandato en las elecciones de noviembre.

Los expertos consultados por El Confidencial coincide en señalar la pobreza y la impunidad como los mayores caldos de cultivo de la violencia en América. No en vano, la Fiscalía colombiana registró en el año 2018 el esclarecimiento del 29% de los asesinatos, una cifra récord en el país y superior al de sus vecinos más violentos. El resto podrían quedar impunes.

Queda mucho que hacer para sacar a las ciudades latinoamericanas de las listas de los lugares más peligrosos del mundo.

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