"es imposible competir con un libanés"

'Fenicios del Trópico': nacidos en Venezuela, forzados a empezar de nuevo en el Líbano

Muchos venezolanos de origen libanés hicieron grandes fortunas en el país latinoamericano. Ahora, desde el Mediterráneo, lamentan la situación y esperan que todo cambie para regresar

Foto: Marrun Rahme y su esposo Jeber Barreto en su vivienda de lujo frente a la playa. (E. Bonet)
Marrun Rahme y su esposo Jeber Barreto en su vivienda de lujo frente a la playa. (E. Bonet)

El padre de Habib José le dio una lección que nunca olvidará: “En Venezuela somos los fenicios, en el Líbano los venezolanos”. Su padre emigró en el año 1962 a Venezuela, donde formó una familia y comenzó sus prósperos negocios en Barquisimeto. Habib José y sus dos hermanos nacieron en esta ciudad venezolana, que fue su hogar hasta que regresaron al Líbano hace un par de años. “Cuando empezó apretar la situación nos vinimos al plan B”, comenta Habib.

“En Venezuela tengo negocios e inversiones, pero aquí [en el Líbano] soy constructor. Nos dijeron que era la mejor inversión, pero, la verdad, no he vendido nada. Intenté también abrir algún comercio de electrodomésticos y otras cosas en los locales que tiene mi familia libanesa, pero a la hora de competir con un libanés es imposible hacer negocios”, confiesa.

Como la gran mayoría de los venezolanos de origen libanés que han dejado Venezuela, Habib sueña con regresar y continuar con sus negocios allá cuando la situación mejore; es decir cuando se marche Nicolás Maduro. Este libanés de Barquisimeto explica que se fue “con lo puesto”, dejándolo todo allí: su hogar, propiedades y el dinero de las cuentas bancarias. Habib explica que ahora para pagar facturas o a sus empleados en Venezuela no puede usar la banca virtual sino que tiene que ser a través de una IP venezolana. “Los venezolanos que estamos viviendo en el extranjero tenemos nuestro propio servidor VPN [red privada virtual], que se trata de un familiar o compadre al que le confiamos nuestras claves secretas para acceder a las cuentas”, detalla Habib.

En Venezuela hubo más de un millón de libaneses y descendientes que emigraron desde los años 50 al que fue el país más rico de Latinoamérica. Comerciantes por naturaleza, la comunidad libanesa en Venezuela ha sido de las más prosperas pero también “de las más golpeadas”, lamenta Jeber Barreto, abogado y esposo de Marrun Adriana Rahme , la hija de Munir Rahme, un exitoso empresario libanés que levantó un emporio inmobiliario en Tigre, en el estado petrolero de Anzoátegui. “El 90% de los libaneses que viven en Venezuela se dedican a los negocios, son empresarios e inversionistas, y por eso han sido muy golpeados. Primero [Hugo] Chávez y después [Nicolás] Maduro han acabado con la economía del país”, se queja Jeber.

Muchos venezolanos que tienen vivienda familiar en el Líbano están regresando al país del cedro. El año pasado se contabilizaron 9000 de ellos registrados en la embajada de Venezuela en Beirut y sólo en los dos primeros meses del año han superado los 12.000, sin contar mujeres o esposos que no están registrados, según fuentes consulares.

No obstante, para muchos de ellos vivir en el Líbano no es una solución a largo plazo. “Los que vienen aquí lo hacen por un tiempo limitado, mientras deciden que van a hacer con sus vidas y donde van a ir después, porque aquí no es fácil abrir un negocio y tener éxito”, asiente Jeber, reinstalado en este país con su mujer Marrun y su hijo. Ahora viven uno de las lujosos apartamentos de la familia Rahme en la turista ciudad mediterránea de Junieh, al norte de Beirut. Los hermanos de Marrun, aunque viven fuera de Venezuela, siguen encargándose de los negocios en el sector inmobiliario y del hotel de lujo de 420 habitaciones y otras propiedades, que levantó Munir durante la recesión económica de los 80 en Tigre. “La situación ahora es muy crítica. El hotel no da beneficios como antes”, confiesa Jeber.

Odette Andari, en el apartamento de los Rahme en Junieh, al norte de Beirut. (E. Bonet)
Odette Andari, en el apartamento de los Rahme en Junieh, al norte de Beirut. (E. Bonet)

El hilo político que une a ambos países

Para la hija de este famoso empresario libanés, que emigró a Venezuela en el 55, la seguridad de su hijo es lo más importante y por eso decidieron marcharse porque “no se puede vivir”. “Aquí, en el Líbano, hay seguridad, tenemos bienestar social y podemos educar a nuestro niño”, dice Marrun que rememora el amargo suceso de febrero de 2013 cuando cuatro sicarios entraron en la protegida intentaron asesinar a su hermano Salim Rahme, empresario y ex diputado del Congreso Nacional. “Gracias a Dios el guardaespaldas de mi hermano –que Dios le tenga en su gloria- sacrificó su vida por salvar a mi hermano, mi cuñada y los niños”, recuerda.

Su aspecto desenfadado contrasta con el lujo de la vivienda. El salón exterior con vistas a la bahía de Junieh, muebles rústicos pero de diseño y una fantástica librería de títulos en árabe y cuadros familiares que decoran las paredes interminables del salón. El apartamento -reformado para unir dos viviendas- se lo compró Munir a un jeque árabe de Arabia Saudí que tuvo la mala fortuna de perder a su hija que iba a casarse. Los retratos y lienzos de Munir, engalanado con sus múltiples condecoraciones, están presentes en todos los rincones del kilométrico salón. Cuando este empresario murió el 9 de octubre de 2015 celebraron casi un funeral de estado en Bcharri, su pueblo natal, al que asistieron muchas personalidades políticas como Samir Geagea, líder de las Fuerzas Libanesas, y uno de los candidatos a ser el próximo presidente en el Líbano.

El país del cedro está tan intrínsecamente relacionado con Venezuela que la actual crisis en el país latinoamericano ha salpicado a la política libanesa. El gobierno libanés no se ha podido pronunciar ni a favor ni en contra del presidente interino, Juan Guaidó, porque Hezbollah salió en defensa de Nicolás Maduro. La Administración Trump estaría evaluando incluir a Venezuela en la lista de países patrocinadores del terrorismo por su apoyo a la milicia chií libanesa -que, según las autoridades estadounidenses, “tiene células activas” en el país latinoamericano- e incrementar las sanciones a Caracas por sus fluidas relaciones con Teherán.

Si bien las circunstancias, o más bien los problemas de salud de su marido, les hicieron quedarse en Líbano, no hay día en el que Odette Andari no piense en regresar a Venezuela. Odette y su marido eran dueños de dos de las agencias de viaje más importantes de Caracas. Ahora, a duras penas pueden mantener una de ellas y las ganancias no les sirven ni para pagar a los empleados. “Antes teníamos beneficios de entre 15.000 y 20.000 dólares mensuales y ahora no llegan ni a 1.000 dólares al mes. Nos vemos obligados a pagar de nuestro bolsillo los sueldos del personal empleado en la agencia”, se queja Odette.

“La devaluación del Bolívar es tan vertiginosa que estamos hablado de unas perdidas de más de 80% de los negocios o las propiedades”, advierte. Su buena posición económica de antaño en Venezuela les permitió comprarse una vivienda en la mejor zona de Caracas, la Colina Villa Arriba, donde se encuentra la embajada de Estados Unidos. “Si vendiéramos el apartamento ahora, por el que pagamos un millón de dólares , no sacaríamos ni 100.000 dólares”, sentencia Odette.

La misma situación atraviesan Mauricio y Faenza Torbay que hicieron su fortuna en Venezuela con centros comerciales. Los Torbay mantienen uno de los centros en Caracas pero “les cuesta mucho dinero mantenerlo”, confiesa Faenza. En el Líbano, los Torbay abrieron otro centro comercial en la Bekaa, aprovechando las idas y venidas de los sirios pudientes de Damasco y también han inaugurado recientemente un hotel de lujo enclavado en las montañas del Líbano. La suerte no ha acompañado a esa parte de la alta sociedad libanesa que se ha nutrido de sus lucrativos negocios e inversiones al otro lado del Atlántico. Ahora esa acomodada diáspora se ve forzada a regresar a sus orígenes, dejando su patrimonio a merced del futuro político de Venezuela.

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