"¡Mostradme que mi madre aún vive!"

#MeToo en los gulags para musulmanes de China: '¿Están vivos los millones de presos?'

Los uigures exiliados fuera de China han empezado su particular campaña de #MeToo en las redes para exigir información sobre los familiares que Pekín mantiene en centros de detención

Foto: Un niño uigur refugiado en Turquía lee el Corán en una casa de Kayseri. (Reuters)
Un niño uigur refugiado en Turquía lee el Corán en una casa de Kayseri. (Reuters)

Los uigures exiliados fuera de China han empezado su particular campaña de #MeToo en las redes sociales para solicitar información sobre los familiares que Pekín mantiene en centros de detención en Xinjiang, región de mayoría musulmana donde varias ONG denuncian que hay más de un millón de musulmanes internados.

Tras la supuesta prueba de vida del músico uigur Abdurehim Heyit aportada por China esta semana para desmentir las acusaciones de Turquía de que este hubiera muerto en lo que el Ejecutivo chino llama "centros de formación", los parientes en el extranjero de varios detenidos también quieren saber qué ha sido de ellos.

La etiqueta #MeToo ("a mí también", en inglés), que el movimiento feminista ha convertido en icónica en su batalla contra el acoso sexual, ha comenzado este martes a propagarse en redes sociales como Twitter o Facebook, bloqueadas en China, aunque con un matiz uigur: #MeTooUyghur. "Las autoridades chinas han publicado un vídeo para demostrar que Abdurehim Heyit está vivo. ¿Lo están también los millones de detenidos?", se pregunta Halmurat Harri, uno de los impulsores de la campaña, a través de Twitter.

"¿Dónde están los otros millones? ¿Dónde están estos intelectuales uigures?", insiste en un mensaje, que muestra una fotografía con 72 rostros, este activista a favor de los derechos humanos, radicado en Finlandia y cuyos padres se encuentran en lo que él llama "campos de concentración". "China -interpela Halmurat Harri-, ¡muéstranos sus vídeos si es que están vivos!", un mensaje repetido por varios de los presuntos afectados por lo que el país asiático defiende como un programa contra la radicalización de la población en esta región de tradicional preponderancia musulmana.

También el yerno del cómico uigur Adil Mijit, en paradero desconocido desde hace más de tres meses, demanda una deferencia similar para con ellos a la mostrada con el músico Abdurehim Heyit en un intento chino por acallar las críticas turcas.

Otra de las muchas adeptas a esta campaña es la usuaria Yultuz Tashmemet, quien ha publicado una supuesta fotografía de su madre, detenida desde hace más de un año, acompañada de la etiqueta #MeTooUyghur y un ruego: "¡Mostradme que aún está viva!" Pero en el Ejecutivo de Pekín no parecen por la labor de atender a una sola de estas peticiones.

"Tenemos una población muy grande, ¿significa esto que tenemos que proporcionar un vídeo de cada uno de ellos?", zanjó este martes la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China Hua Chunying durante la rueda de prensa diaria.

Hua arremetió contra la prensa occidental, a la que acusó de falsear las informaciones que rodean a estos centros en Xinjiang en los que, en su opinión, se intenta adiestrar a uigures en riesgo de radicalización para que puedan encontrar trabajos dignos. Unas afirmaciones que contrastan con los testimonios de antiguos detenidos en estos centros, que relatan malos tratos, torturas y adoctrinamiento lingüístico y cultural durante el tiempo que estuvieron internados, y que Pekín tacha de "falsos".

La mera existencia de esta campaña en las redes sociales de los exiliados uigures es esperanzadora para investigadores en materia de derechos humanos, como Patrick Poon, de Amnistía Internacional. "Creo que muchos uigures han superado su miedo para alzar la voz sobre sus familiares desaparecidos en Xinjiang. Es un gran esfuerzo solidario y esperamos que más gente salga a hablar de sus parientes para que ayude a contrarrestar la narrativa irracional del Gobierno chino sobre los 'centros vocacionales'", asegura Poon a Efe.

Para el activista, estos testimonios son necesarios para que más gobiernos se atrevan a enfrentarse a China, ya que hasta el momento solo Turquía lo ha hecho de entre los países de mayoría musulmana, en una intervención que Pekín criticó con dureza, al tiempo que se blindó con la coraza de la denostada "injerencia extranjera".

"Cuanto más gente esté dispuesta a hablar acerca de sus familiares, más países mostrarán su preocupación -señala Poon-. Los testimonios de la gente corriente son la mayor de las pruebas de la mano dura y sin control contra grupos étnicos". Mientras tanto, miles de uigures seguirán solicitando noticias de los suyos.

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