la policía difundió su identidad

El travesti más 'odiado' de Marruecos sueña con España: "No puedo ni salir a por comida"

La vida de Chafiq es una "persecución constante" desde que unos policías difundieron su identidad. Acosado por todos y escondido en su casa, cuenta su historia en esta entrevista

Foto: Fotografía facilitada por Chafiq Lafrid, maltratado por agentes de policía en Marrakech cuando fue detenido tras un leve accidente de tráfico. (EFE)
Fotografía facilitada por Chafiq Lafrid, maltratado por agentes de policía en Marrakech cuando fue detenido tras un leve accidente de tráfico. (EFE)

Chafiq Lafrid lo tiene claro: “Vivo en el cuerpo de una mujer todo el tiempo". Quiere salir de Marruecos para dejar de vivir escondido. Su sueño es pasar el día a día vestido de mujer y no hacerlo solo esporádicamente, en fiestas puntuales u ocultándose dentro de las paredes de su casa. La primera vez que lo hizo tenía cinco años. Todavía recuerda cómo se probó la ropa de su madre, a escondidas. Desde ese momento, no ha podido dejar de hacerlo, pero nadie de su familia ni de su entorno más cercano lo sabía. Hasta el 31 de diciembre, cuando el vídeo de su detención, con las manos esposadas a la espalda y un vestido azul eléctrico de mujer, cortito, de encaje, entallado al cuerpo y con la espalda descubierta, se hizo viral. Ese día, su vida en su país se desvaneció para siempre.

El encuentro con Chafiq se produce en el apartamento de Ibtissame Lachgar, una activista a favor de los derechos individuales, cofundadora del colectivo MALI —Movimiento Alternativo a favor de las Libertadores Individuales—, que le está ayudando con las gestiones burocráticas y legales para conseguir asilo en España o en otros países europeos, incluso en Canadá.

Chafiq está sentado en una 'mtarba', sofá típico marroquí, junto a Lachgar y otras dos personas. Lleva una camiseta verde y un vaquero azul. Al principio cuesta reconocerle. Habíamos visto las fotos y los vídeos de su detención en YouTube, pero nada más entrar en la casa no fue fácil deducir que aquel joven de 33 años y ojos negros, con una mirada dulce pero decidida, era la misma persona cuya imagen difundieron medios locales vestido de mujer, descalzo, vulnerable y derrotado después de que varios agentes marroquíes le humillaran. Tras las presentaciones, Chafiq se levanta y da la mano de una forma educada y cariñosa, pero sin demasiada energía. Se le nota abrumado y triste. Habla bajo, con un tono de voz muy tranquilo, pero sus palabras denotan preocupación e impotencia. Mucha impotencia.

—Quiero irme de Marruecos. Ya no aguanto más aquí. Hasta ahora no me lo había planteado, era feliz. Pero ahora mi vida se ha convertido en una catástrofe, en una persecución constante.

—¿Dónde te gustaría empezar de nuevo?

—Me da igual. Donde pueda ser yo mismo. En Europa. En España. Además, tengo muchos amigos allí. Me encantaría ir a España.

Así empieza la conversación, sentados frente a frente a la mesa de madera de la casa de Lachgar. Son las dos de la tarde y llueve a mares en Rabat. Chafiq está nervioso y cansado, pero comienza a contar su historia: una vida de superación, de humillaciones y persecuciones, de ilusiones puestas en la esperanza de poder salir a la calle vestido de mujer sin miedo a ser ridiculizado, juzgado o incluso encarcelado.

Chafiq es de Juribga, un pueblo situado en el interior de Marruecos, a 200 kilómetros de Rabat, pero vive en Marrakech. El fin de semana que le conocimos había viajado a Rabat para empezar a tramitar su solicitud de asilo a través de Ibtissame Lachgar y el colectivo MALI. “No es fácil conseguir asilo por tu condición sexual, pero vamos a poner todo nuestro empeño en lograrlo”, explica a El Confidencial Ibtissame, que ya ha empezado a hablar con organizaciones internacionales, organismos oficiales, embajadas y consulados para tramitar la documentación necesaria. Entre todos, con la embajada de España.

—¿Qué esperas de Europa?

La libertad. Allí hay un montón de asociaciones que defienden los derechos de los homosexuales. Y la gente allí es mucho más civilizada y tolerante con las personas que somos diferentes. Creo que hay más libertad para la gente como yo.

Esa es la idea protagonista en los pensamientos de Chafiq. Y sí, hay muchas asociaciones, pero lo cierto es que la sociedad no está tan familiarizada ni es tan tolerante como él cree con la feminidad de los hombres, con los 'crossdressers' o los travestis. Tampoco con los transexuales.

Ahora mismo no puedo ni comprar comida en la tienda de debajo de mi casa. La gente me insulta por la calle, por el barrio

Para Chafiq, su guerra es otra: vivir en paz. Le da igual que la gente se gire por la calle o que no le entienda. “En Marruecos, ahora mismo, no puedo ni bajar a comprar comida a la tienda de debajo de mi casa. La gente me insulta por la calle, por el barrio. Vienen a la puerta de mi casa a insultarme”, cuenta, impotente.

“En Europa, me gustaría trabajar de administrativo en el sector de la salud [en Marruecos trabajaba de administrativo en una clínica dental]. Tengo 15 años de experiencia en hospitales. Si tengo la ocasión, me gustaría ser miembro de algún colectivo a favor de los derechos de los homosexuales y, por qué no, vestirme siempre como una mujer, si tengo la posibilidad”, relata Chafiq a El Confidencial.

Antes de la detención que sacó a la luz su doble vida, Chafiq no sabía qué significaban las siglas LGTBI —lesbianas, gais, transexuales, bBisexuales e intersexuales—, ni conocía la existencia de activistas que defendían sus derechos. “No sabía que esto existía en Marruecos. Tampoco en Europa. No me lo había planteado”, reconoce. Le contamos que en Barcelona y en Madrid hay asociaciones a las que van hombres que, como él, tienen la necesidad de vestirse de mujer. Hombres que también lo llevan en secreto y que allí se sienten libres. Hombres casados o que viven con sus padres. En esos locales hay armarios para que cada uno guarde sus prendas femeninas, un tocador e incluso una maquilladora. Chafiq, que vivía inmerso en el refugio del silencio, jamás había imaginado algo así. La lucha en Marruecos es otra: ocultar tu orientación sexual para que sea más fácil sobrevivir.

Cómo su secreto se hizo viral

Chafik logró ocultarla hasta el 31 de diciembre. Venía de una fiesta de fin de año que se celebraba en un hotel de Marrakech. Iba vestido de mujer y tuvo un pequeño accidente con una moto. No paró en el lugar del suceso. “Seguí circulando, pero un poco más adelante me encontré con un embotellamiento y volví al lugar del accidente. Allí comenzó toda esta catástrofe”, explica. Una vez en el lugar del siniestro, no quería bajarse del coche, pero la policía rompió la ventana delantera y le sacó de malas manera. “Yo quería darles mi documentación y los papeles del coche por la ventanilla, sin bajarme del vehículo, pero me sacaron a golpes y a empujones. Tenía mucho miedo porque había mucha gente alrededor de mi coche insultándome y grabando la escena con sus móviles. Sabía que todo saldría a la luz”, continúa.

Los agentes, “homófobos”, según Chafiq, le humillaron y le pasearon hasta llegar al coche patrulla. Chafiq iba descalzo. Sin los tacones y la peluca que llevaba momentos antes. Los transeúntes que contemplaban la escena le insultaban, se reían de él, le grababan con el móvil mientras difundían las imágenes al instante. La policía no hizo nada para evitarlo. Una vez en comisaría, fotografiaron su carné de identidad y lo difundieron. “Me trataron como si fuese un criminal y solo había sido un pequeño accidente”, cuenta Chafiq, que ha denunciado tanto a los medios de comunicación que distribuyeron su DNI con su foto y su dirección como a los policías que lo facilitaron. Los agentes que difundieron sus datos personales han sido sancionados por la Dirección General de la Policía marroquí.

Después de pasar unas cuantas horas en comisaría, le dejaron en libertad. Y cuando despertó, a la mañana siguiente, fue consciente de que su vida en Marruecos ya nunca sería como hasta ahora. Su secreto, del que solo hablaba con contados amigos de máxima confianza, se había hecho viral. Tenía cientos de mensajes de WhatsApp en el teléfono. Todo el mundo había visto las imágenes acompañadas de su nombre de pila, sus apellidos, incluso su dirección. Sus vecinos, sus amigos, sus compañeros de trabajo… Sus padres, que no sabían nada de su condición sexual y “entraron en estado 'shock” al ver las imágenes de su hijo travestido. “Mi madre perdió el conocimiento”, cuenta, triste e indignado.

Penas de cárcel para los homosexuales

En el mundo, hay 72 países que criminalizan las relaciones homosexuales. Marruecos, a 14 kilómetros de Europa, es uno de ellos, con penas de cárcel de hasta tres años, según contempla el artículo 489 del Código Penal. El travestismo no está directamente contemplado en ese artículo, pero según explica el sociólogo y experto en sexualidad Abdessamad Dialmy, está considerado lo mismo que ser homosexual. “La homosexualidad en Marruecos también engloba a todos los hombres que lleven ropa de mujer. No diferencia entre gais, travestis o transexuales”, afirma.

Según este experto, la sociedad está empezando a organizarse, pero evoluciona muy lentamente. “Ahora existen colectivos LGTBI clandestinos que luchan por los derechos de los homosexuales, antes la existencia de estos colectivos era impensable. Pero los homosexuales, los travestis o los transexuales se siguen considerando enfermos y pervertidos en Marruecos”, continúa.

Tanto es así que, en ocasiones, en estas situaciones, las penas son para las víctimas y no para los agresores. En marzo de 2016, en Beni Melal, a 300 kilómetros de Rabat, cinco hombres entraron violentamente en la vivienda de una pareja homosexual mientras estaban en la cama. Los golpearon y los sacaron desnudos a la calle para humillarlos. Mientras, otros grababan. Tiempo después, difundieron las imágenes en las redes sociales. En el primer juicio, uno de los homosexuales fue sentenciado a cuatro meses de cárcel mientras los cinco agresores obtuvieron la libertad condicional. En la segunda vista, las víctimas fueron condenadas a tres meses de prisión condicional y los agresores, a seis meses.

Hamid y Anuar intentan desde Melilla que les concedan el asilo. (R. Hortigüela)
Hamid y Anuar intentan desde Melilla que les concedan el asilo. (R. Hortigüela)

Asilo en España

Los casos de Chafiq Lafrid y de esta pareja, por desgracia, no son hechos aislados. Cada año, decenas de marroquíes cruzan la frontera sur de Europa para pedir refugio por su condición sexual. Hamid y Anuar, nombres falsos, son una pareja de chicos de 20 y 25 años. Los dos se encuentran en Melilla a la espera de que les concedan asilo por ser gais y estar perseguidos en su país. El papeleo avanza rápido, por eso no se puede revelar su verdadera identidad. El calvario que sufrían en Marruecos les hizo tomar la decisión de presentarse en la frontera de Melilla, reconocer su condición sexual y pedir asilo.

Primero fue Hamid. Las palizas de su padre cada vez eran más frecuentes y los golpes, cada vez más fuertes. Entre los dos decidieron que se marchara él primero. Anuar aguantaría un poco más en Marruecos intentando ahorrar algo de dinero para los dos. Unos meses después se presentó también en la ciudad autónoma de Melilla. Los dos viven en el CETI —Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes— a la espera de que se les conceda el asilo y puedan coger un ferry hacia la Península. Nadie en el CETI puede saber que son pareja. El miedo con el que crecieron en Marruecos les impide mostrarse cariñosos en público. En la intimidad sí lo hacen, incluso bromean. Solo esperan llegar a Madrid, una ciudad que, como Chafiq, consideran “permisiva”, para poder cerrar la heridas que sufrieron en su país.

Quién les iba a decir a Chafiq y a Hamid y a Anuar que en los años cincuenta existió en Marruecos un músico con mucho éxito que salía al escenario travestido. Se llamaba Bouchaib El Bidaouil y se hizo famoso por introducir sus canciones tribales de las montañas en las ciudades. Para entrar en un círculo, que en aquel momento solo era de mujeres, incorporó a su 'outfeed' vestidos y accesorios de mujer. Tuvo mucho éxito y fue muy respetado.

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