la crisis en el país se acelera

Responsables humanitarios critican la politización de la ayuda en Venezuela

Mientras los envíos se acumulan en la frontera, varios profesionales del sector se muestran preocupados por las posibles consecuencias, como crear expectativas imposibles de cumplir

Foto: Personal colombiano organiza la ayuda humanitaria almacenada en un almacén en Tienditas, cerca de la frontera con Venezuela, el 8 de febrero de 2019. (Reuters)
Personal colombiano organiza la ayuda humanitaria almacenada en un almacén en Tienditas, cerca de la frontera con Venezuela, el 8 de febrero de 2019. (Reuters)

Desde hace unas semanas, la ayuda humanitaria ocupa la agenda de Venezuela y las conversaciones en las calles. A mitad de enero la Asamblea Nacional (AN), de mayoría opositora, autorizó la entrada de cargamentos con material médico y medicinas. Desde entonces, ha sido un tema en la contienda política entre Gobierno y oposición. Mientras, en la frontera con Colombia, en la ciudad de Cúcuta, se acumulan cajas provenientes de Estados Unidos. ¿Se está politizando?

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y autoproclamado presidente encargado de Venezuela, dijo que la ayuda llegaría a través de Colombia, Brasil y una isla del Caribe de la que aún no se tienen más datos. Está previsto que el primer cargamento se reparta entre varios hospitales generales del país en el plazo de un mes. El objetivo que tiene, dicen, es paliar la crisis que están sufriendo los venezolanos en tema sanitario y alimenticio.

En 2018 salió el reporte “Emergencia humanitaria compleja en Venezuela”, hecho por 20 ONGs nacionales. En él se habla de que el país está esa situación desde 2015, lo incluye como uno de los países del mundo con más inseguridad alimentaria (nivel “grave”); en el tema salud dice que hay destrucción de un “sistema público ya deteriorado” que ha dejado como consecuencia la reaparición “de epidemias y miles de muertes en creciente ascenso”. Por poner solo un ejemplo, hace un año publicamos en El Confidencial la situación del hospital de San Félix, en el estado Bolívar, donde los doctores hicieron un reporte manual en el que contaban la muerte de un niño al día a causa de desnutrición. El hospital cerró al poco tiempo por deficiencias en su estructura, funcionamiento y falta de insumos.

Otro indicador de la crisis que vive el país es el éxodo hacia otros países de la zona. Según la ONU, ya más de 3 millones de venezolanos han migrado en busca de una vida mejor, huyendo de necesidades económicas, alimentarias y de salud.

La Asamblea hizo esta petición de entrada de ayuda humanitaria coincidiendo con la auto proclamación de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela. Mientras, Nicolás Maduro sigue como poder de facto –fue elegido en mayo de 2018 como presidente del país en unas elecciones que la oposición califica de poco transparentes y donde la mayoría de sus miembros estaban inhabilitados para participar–, y frenando cada decisión que toma el Legislativo. La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia ha reiterado en varias ocasiones que la AN está en desacato y recientemente ha declarado que su nueva junta directiva es “nula de toda nulidad”.

Un policía colombiano frente a los contenedores que bloquean el paso en el puente de Tienditas, en la frontera con Venezuela, el 6 de febrero de 2019. (Reuters)
Un policía colombiano frente a los contenedores que bloquean el paso en el puente de Tienditas, en la frontera con Venezuela, el 6 de febrero de 2019. (Reuters)

¿Neutralidad?

Así, Maduro ha prohibido la entrada al país de cualquier cargamento. Rechaza la ayuda, niega la emergencia humanitaria y dice que “Venezuela no necesita limosna”. Este viernes dijo que Guaidó pretende con esto “un show” y dar paso a una invasión extranjera.

Y ya han puesto obstáculos para que no llegue. Hace unos días, en el puente de Tienditas, en el estado fronterizo de Táchira, aparecían varios camiones atravesados para impedir el paso de lo que fuese. Lo curioso es que ese puente nunca se ha utilizado.

La ayuda humanitaria es una donación de recursos destinada a poblaciones que están en crisis por causas naturales (como catástrofes) o por violencia derivada de la mano del hombre. Para que sea tal, debe cumplir con los principios humanitarios de imparcialidad, neutralidad, humanidad e independencia operacional. Es ayuda a corto plazo y no persigue fines económicos, militares o políticos y tampoco puede sustituir a las estructuras estatales al mando.

Y aquí entra el debate.

“Ver los contenedores en la frontera, verlo en las redes sociales de los principales políticos de Estados Unidos, ver la exhibición de algo tan doméstico... Lo están usando. Esta no es la diplomacia de la Unión Europea, por ejemplo. Es un tema humanitario y hay que hacer que llegue de un modo neutral, protegiendo el derecho a la vida, no para decir que nadie es un tirano ni para levantar agendas políticas. No se puede mezclar la política con la ayuda humanitaria”, explica Susana Raffalli, nutricionista y asesora de Caritas Venezuela.

Además, la llegada de ayuda humanitaria a Venezuela no es algo que esté pasando ahora, sino desde hace 2 años, explica Rafalli. “Aquí hay activados fondos de ayuda humanitaria desde hace dos años. ¿Es suficiente? Eso es otra cosa”. Refuerza esto Feliciano Reyna, fundador de Acción Solidaria. “Sí ha habido esa suerte de estructura que va haciendo que llegue la ayuda por vía de organizaciones de sociedad civil, más tarde con agencias del sistema internacional y ha habido apoyo de cooperación humanitaria de la Unión Europea. Esto ha permitido que haya varios espacios de coordinación entre estos actores con nacionales”.

Reyna, como portavoz de varias ONGs del país, explica que la primera reacción con los containers de ayuda en Cúcuta fue ver que no era el mecanismo más adecuado. “Sin entrar en quién trae o no nos parecía que no era el mecanismo que podía ser que fluyera adecuadamente. Y no pasaba por todos los esfuerzos que ya estábamos haciendo otros actores”, apunta.

Un grupo de trabajadores prepara alimentos para su distribución en un almacén cerca de Tienditas, el 8 de febrero de 2019. (Reuters)
Un grupo de trabajadores prepara alimentos para su distribución en un almacén cerca de Tienditas, el 8 de febrero de 2019. (Reuters)

Mala praxis

En estos días, el presidente de Cruz Roja Internacional Francesco Rocca, está de visita en el país. Ha dicho que están dispuestos a organizar la entrada de ayuda humanitaria pero no pueden tomar partido por nadie. “Si se politiza esto, no podemos ayudar. Nuestro rol no está en decir si Maduro o Guaidó están en lo correcto, sino en trabajar por los más vulnerables”. Y ha puesto como ejemplo el conflicto en Siria, donde la ayuda llegó sin tomar partido por ambos lados.

Rafalli habla de varios riesgos en la politización del tema. El primero, que esto derive en injerencia y perjudique el proceso. “No se puede involucrar a los actores humanitarios en esto”. También habla del riesgo del costo afectivo. “Se toma el riesgo de revictimizar a quien está sufriendo si no se cumplen las cosas”. Y en este sentido habla de que los kit que hay ya preparados en la frontera colombiana tienen las medicinas básicas pediátricas y para adultos, para las dolencias que afectan a una alta cantidad de la población, “pero no surte insumos para patologías de alto costo, como quimioterapias o material para diálisis”.

El tercer riesgo es “caer en la misma narrativa de siempre”. Y aquí Rafalli se refiere a que no pueden dejarse pasar cosas que no se han visto, que no se sabe si han pasado controles. “Hay que empezar a hacer y decir las cosas de otro modo. Hay que darle al trabajo humanitario la solemnidad que requiere”. Rafalli ha trabajado en temas de seguridad y riesgo de desastres naturales en varios países e indica que esto, en lugares como Afganistán, la franja de Gaza o Yemen, no se trabaja así. “Nunca se dicen los puntos de acopio, porque te los pueden bombardear o saquear. Y además, ahora tenemos a montones de personas pendientes de qué llega y qué no llega, desesperados”.

El riesgo de que la ayuda derive en otra cosa también lo maneja Reyna. “Si se genera cualquier situación de forcejeo que no sabemos cómo se desenlaza, más bien que se vaya planificando con actores humanitarios que están del otro lado de la frontera para que esto ayude a población vulnerable del lugar donde están. Que por lo menos se le dé su uso adecuado de mitigar sufrimiento.”

Y también hace un llamado: “Mientras no se abra y no se implemente el mecanismo de ayuda este es un contexto de riesgo, de trabajo difícil. Si no se admite en el contexto en el que estamos van a seguir produciéndose daños terribles”.

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