el plan bautizado “la fiesta de la fantasía”

El 'compromiso Malthouse': el último cartucho del Reino Unido ante el Brexit

A menos de dos meses para la fecha del Brexit sigue sin existir un Acuerdo de Retirada. May convierte la búsqueda de consenso dentro del Partido Conservador en una clave de su hoja de ruta

Foto: Manifestantes a favor y en contra del Brexit protestan ante el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)
Manifestantes a favor y en contra del Brexit protestan ante el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)

El sentimiento generalizado en Londres sigue siendo que al final todo se arreglará “in extremis” para evitar el caos. Pero si uno se remite exclusivamente a hechos objetivos, a menos de dos meses para que se cumpla la fecha del Brexit, sigue sin existir un Acuerdo de Retirada. Y por mucho que a última hora se firme un pacto, Westminster tendría que aprobar aún 6 leyes y hasta 600 normativas secundarias para “transformar” en británico el actual marco legal comunitario. ¿A qué está jugando Theresa May? Desde luego está controlando muy bien los tiempos.

Después de su visita de dos días a Belfast, donde este miércoles se reunirá, entre otros, con Arlene Foster, líder de los norirlandeses del DUP -de cuyo apoyo depende el Gobierno en minoría-, la 'premier' pondrá rumbo a Bruselas para renegociar (o intentar al menos) la polémica salvaguarda que quiere evitar frontera dura en Irlanda.

El llamado "backstop" continúa como el principal escollo para que la Cámara de los Comunes ratifique el pacto que cerró con la UE el pasado mes de noviembre. Después de cosechar la peor derrota de la historia del país, la líder 'tory' ha prometido a sus señorías comparecer en el Parlamento el 13 de febrero. Sin embargo, su portavoz se niega ahora especificar si esa es la fecha para presentar una alternativa. Cuando se pregunta por los plazos que está barajando el Ejecutivo, la respuesta oficial es: “lo antes posible”.

De momento, la estrategia de Downing Street es intentar buscar algún tipo de consenso dentro del Partido Conservador porque May se niega en rotundo a sacar adelante sus planes con el apoyo de la oposición laborista.

En este contexto, la 'premier' ha creado un grupo de trabajo, presidido por el ministro del Brexit, Steve Barclay, donde 'tories' euroescépticos y proUE debaten diferentes fórmulas que puedan desbloquear la peor crisis institucional de la historia del país. Las reuniones empezaron el lunes y concluirán este miércoles. Entre los asistentes, destacan “brexiteers” como Steve Baker, Marcus Fysh y Owen Paterson y “remainers” como Damian Green o Nicky Morgan. El punto de partida es el bautizado como “Compromiso Malthouse”, en honor al secretario de Estado de Vivienda, Kit Malthouse (por cierto, gran amigo de Boris Johnson), quien ha favorecido el acercamiento entre los dos bandos que existen en la formación.

Una tregua en la guerra civil es un paso significativo. Aunque lamentablemente las reuniones no tienen muchas opciones, por no decir ninguna, de éxito. En algunos círculos ya lo han bautizado como “la fiesta de la fantasía”. Primero porque las opciones que están barajando (como “soluciones tecnológicas” para evitar controles en la frontera o limitar la salvaguarda por un tiempo específico) ya han sido rechazadas en reiteradas ocasiones en Bruselas. Segundo, porque entre los "brexiteers" existen a su vez muchas divisiones y para algunos, el "backstop" no es el único obstáculo para dar su aprobación al Acuerdo de Retirada.

La Comisión Europea cree que ya ha ido tan lejos como puede en las peticiones de “medidas alternativas”

Llama poderosamente la atención el hecho de que Olly Robbins -hasta ahora el principal negociador de May con la UE- se haya mantenido al margen de estos encuentros. El tecnócrata no cree que el “Compromiso Malthouse” vaya a dar algún fruto. Y no le faltan razones. La Comisión Europea cree que ya ha ido tan lejos como puede en las peticiones de “medidas alternativas” y de la implicación de la tecnología respecto a la polémica salvaguarda. En la Declaración Política de Relaciones Futuras -texto no vinculante que acompaña al Acuerdo de Retirada- se explica que el Reino Unido y la UE harán todo lo que puedan para buscar “medidas alternativas para garantizar la ausencia de una frontera rígida de carácter permanente en la isla de Irlanda”. En el apartado de aduanas, se hace también referencia a las tecnologías para facilitar los controles aduaneros.

No solo eso, sino que en el protocolo de Irlanda, que forma parte del Acuerdo de Retirada, se incluye una cláusula de salida del "backstop", aunque, eso sí, no es unilateral, como piden los euroescépticos más radicales, sino que requiere del acuerdo de ambas partes, así como de un comité conjunto. En cualquier caso, May parece determinada a imponer ahora el “Compromiso Malthouse” como parte clave de su hoja de ruta. Para esta nueva fase de negociaciones con Bruselas, ha dejado a Robbins a un lado para crear un nuevo equipo formado por Steve Barclay, el ministro del Brexit; David Lidington, el que a efectos prácticos es su “vice primer ministro”; y Geoffrey Cox, Fiscal General del Estado.

Pasividad total en la Comisión

Ante la su inminente visita, la actitud en la Comisión Europea es de pasividad total: toca ver qué es lo que la 'premier' propone. Se barajan tres opciones. La primera es que venga sin absolutamente nada, algo que ya ha ocurrido en otras ocasiones y que no sorprendería en exceso en la capital comunitaria. La segunda, que traiga propuestas bajo el brazo que hayan salido del ala euroescéptica de su partido y que, por lo tanto, vayan destinadas a sustituir el "backstop" irlandés por “medidas alternativas” ya rechazadas anteriormente.

La tercera, seguramente la más improbable, es que May aterrice con un terreno común acordado con el laborista Jeremy Corbyn. Hasta hace solo algunas horas la sensación en los pasillos comunitarios era de que no había señales positivas de que estuviera surgiendo un acuerdo entre la líder del Gobierno y el de la oposición.

Lo que está claro es que en la capital comunitaria ya no se confía en el Gobierno británico: la salvaguarda irlandesa debe seguir en pie precisamente por si el Reino Unido vuelve a cambiar de opinión y altera su deseo respecto a relaciones futuras.

En los corrillos del edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea, admiten que, cada día que pasa, la posibilidad de un Brexit sin acuerdo aumenta. Pero May, de momento, mantiene el órdago y se la está jugando todo a una carta: confía en sacar adelante un pacto “in extremis”. Eso sí, no cuenta con que la estrategia también puede volverse en su contra. Si finalmente el tiempo se agota, Londres podría terminar con el polémico "backstop" y sin acuerdo para todo lo demás. La UE aún no ha sacado su lado más desafiante. Está por ver cómo ambas partes afrontan el esprint final.

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