fueron engañadas por una mafia china

De Corea del Norte a la prostitución: la lucha de Mira y Jiyun por su libertad

Mira y Jiyun están a un paso de poder ser ellas mismas por primera vez en su vida después de dos fugas y un solo objetivo: la libertad

Foto: Escapar de Corea del Norte por la frontera sur es casi imposible (EFE EPA/Jeon Heon-Kyun)
Escapar de Corea del Norte por la frontera sur es casi imposible (EFE EPA/Jeon Heon-Kyun)

La historia de Mira y Jiyun es paralela con algunos años de diferencia. Ambas son norcoreanas, ambas desertaron de su país buscando un futuro mejor y ambas fueron engañadas por una mafia que les prometió la libertad, pero que acabó introduciéndolas en la industria del sexo. Ambas consiguieron escapar por segunda vez años después, soñando por de nuevo con ser felices y su historia la ha desvelado la BBC.

La de Mira comienza en 2013 cuando decide abandonar Corea del Norte. Había crecido en el seno de una familia con duras raíces en el régimen, ya que su padre era militar y siempre se mostraba inflexible en casa. Sin embargo, Mira había descubierto en el mercado de contrabando que había vida más allá de la frontera, gracias a películas clandestinas, ropa falsificada y hasta maquillaje, todos ellos productos ilegales en el país de Kim Jong-un.

Contacto con un ‘broker’, que es como se conoce a las personas que ayudan a los desertores a cruzar la frontera entre Corea del Norte y China, ya que hacerlo por el sur es casi imposible. Mira consiguió su objetivo y fue trasladada a Yanji, donde iba a trabajar en un restaurante para pagar a su ‘broker’ la deuda por ayudarla a desertar.

Pero era mentira. La llevaron a un apartamento vigilado las 24 horas donde lo único que tenía que hacer era desnudarse delante de una cámara: había sido captada por una mafia de la industria del sexo. Sus lágrimas no debilitaron a su captor, al que conocían como ‘el director’, y Mira se pasó años quitándose la ropa delante de desconocidos para pagar su libertad.

Ocho años de cautiverio

Jiyun, por su parte, tenía 16 años cuando en 2010 decidió ir a China con un solo objetivo: conseguir dinero para su familia. Pero, como le pasó a Mira, fue engañada por los ‘brokers’ y terminó en un piso encerrada y trabajando delante de una cámara, aunque incluso para eso tuvo problemas: ‘el director’ quiso mandarla de vuelta a Corea del Norte por ser “demasiado oscura”.

Las fronteras de Corea del Norte son las más vigiladas del mundo (EFE EPA/Jeon Heon-Kyun)
Las fronteras de Corea del Norte son las más vigiladas del mundo (EFE EPA/Jeon Heon-Kyun)

Lloró para que eso no sucediera y prometió trabajar duro, por lo que finalmente se quedó, pero la mafia aprovechó su debilidad para aprovecharse de ella con jornadas de trabajo que duraban 20 horas y sin ver nunca un solo yuan de todo lo que se recaudaba. Y eso que era la mejor de la casa, con ganancias que podían alcanzar los 150 euros diarios.

Pese a todo, Jiyun seguía creyendo que 'el director' la liberaría algún día, pero los meses siguieron pasando y la vida en esa casa era como en una prisión: “Era un auténtico confinamiento, peor que una cárcel”. Sólo las permitían salir una vez cada seis meses y, en casos excepcionales, una vez al mes para ir de compras o a la peluquería. Y, por supuesto, sin poder hablar con nadie.

Una luz al final del túnel

El director prometió a Mira que le conseguiría un matrimonio “con un buen hombre” si trabajaba duro, pero cuando le dio la cifra que tenía que conseguir para poder ser libre se vino abajo: le pedía más de 50.000 euros e, incluso pudiendo hacerlo, Mira estaba convencida de que no lo haría y estaría encerrada el resto de su vida.

Por eso cuando uno de sus clientes se apiadó de ella y le instaló en su ordenador de forma remota un programa para poder hablar con el religioso Chun Kiwon, comenzó a soñar de nuevo con la libertad. Kiwon es un sacerdote cristiano muy conocido entre los disidentes norcoreanos y se cree que ha ayudado a más de 1.200 personas gracias a su organización humanitaria Durihana.

Reconoce que se le rompió el corazón cuando conoció el caso de Jiyun y Mira, cinco y ocho años cautivas respectivamente

Reconoce que se le rompió el corazón cuando conoció el caso de Jiyun y Mira, cinco y ocho años cautivas respectivamente, y que decidió ayudarlas rápidamente. Preguntó a las chicas donde estaban y gracias a las señas que proporcionaron basándose sólo en lo que veían por la ventana, supo que estaban en la ciudad de Yanji y en la zona aproximada en la que estaban retenidas.

Mandó a uno de sus contactos a buscar la calle y, cuando dio con ella, vigilaron el piso mañana y noche hasta que organizó con ellas la fuga: deberían descolgarse por la ventana durante la noche por medio de unas sábanas y llegar hasta un camión de reparto que las estaría esperando en la esquina.

Una vida nueva

Jiyun y Mira ejecutaron el plan más importante de su vida, el de escapar por segunda vez de un encierro que no deseaban. Lograron descender por las sábanas y entrar en el camión sin ser detectadas. Después fueron trasladadas a un lugar seguro, desde comenzaría la segunda fase de la fuga. Cruzar China hasta llegar a otro país que no nombran por seguridad para poder pedir asilo en una embajada de Corea del Sur.

Pero el viaje fue durísimo: atravesar China sin un pasaporte válido obligó a ambas a dormir en trenes y coches o a pasar noches en vela en restaurantes de carretera. Doce días después de huir del apartamento maldito, y después de cinco horas de ascenso por una montaña, Mira y Jiyun salían de China y se encontraban por primera vez con su ángel salvador, el sacerdote Chun Kiwon.

En ese momento, los tres subieron a otro vehículo y atravesaron el nuevo país al que habían accedido. Fueron más de 27 horas seguidas en coche hasta que llegaron por fin a una embajada de Corea del Sur, donde pudieron pedir asilo. El trayecto estuvo lleno de lágrimas y nervios, pero finalmente alcanzaron su destino.

Hoy esperan el momento de volar a Seúl para comenzar una nueva vida. Aún tendrán que esperar tres meses, en los que les ayudarán a enfrentarse a su nueva vida, pero ven su futuro de otra manera. Mira quiere aprender inglés y chino para convertirse en una guía turística. Jiyun sólo piensa en poder ir a una cafetería y disfrutar de un café con sus amigos y resume así su vida: “Alguien me dijo una vez que la lluvia se detendrá algún día, pero para mí, el monzón ha durado tanto que me olvidé de que el sol existía”.

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