temor a un segundo referéndum

Hartazgo en Bruselas mientras se busca cómo desbloquear el Brexit en Londres

Muchos en la UE temen los efectos de un segundo referéndum y lo que quieren es dar carpetazo al Brexit

Foto: Una manifestante a favor del Brexit se manifiesta ante el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)
Una manifestante a favor del Brexit se manifiesta ante el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)

Hace no tanto, en algunos pasillos de las instituciones europeas la idea de que finalmente el Reino Unido acabara permaneciendo en la Unión Europea generaba cierta ilusión entre bastantes personas. Pero esos días se han acabado. En Bruselas se ha instalado un hartazgo generalizado hacia el Brexit, hacia la frivolidad e inconsciencia que, desde la capital comunitaria, se ve que reina en un Londres que el martes votará el acuerdo de salida.

Ese cansancio se nota especialmente en los niveles más técnicos. Después de dos años de negociación y de lograr un acuerdo de 585 páginas, los negociadores de la Comisión Europea que cerraron el trato prefieren no oír hablar de tener que volver a sentarse a la mesa con sus homólogos británicos y quieren cerrar ya este capítulo de su carrera profesional, aunque saben que todavía les queda camino por delante antes de poder dar carpetazo al Brexit.

Ellos son los técnicos que más han trabajado, especialmente en fechas clave, como fueron noviembre y diciembre de 2017 y los últimos meses de 2018. La alemana Sabine Weyand por el lado europeo y Olly Robbins por el británico, han sido los encargados de ir acercando posiciones y buscando un encaje a las difíciles líneas rojas británicas dentro de los límites que puede aceptar la Unión Europea.

Trabajaron día y noche buscando acuerdos que, en todas las ocasiones, después eran derribados en Londres cuando el Gobierno consideraba que no bastaban para convencer a la bancada euroescéptica del Partido Conservador.

Además, y aunque el acuerdo sea más favorable para el lado europeo, los negociadores comunitarios saben que la UE ha tenido que hacer importantes concesiones para que el acuerdo sea más aceptable para el Reino Unido. Esos esfuerzos a nivel técnico se han traducido en humo a nivel político, porque el Gobierno británico no ha sido capaz de vender ni una sola de sus victorias en el acuerdo, y eso que arrancó más de una concesión a Bruselas.

La sensación de que Londres no ha sabido aprovechar las concesiones y la perspectiva de que pidan más flexibilidad a la UE también genera malestar en la Comisión Europea, donde han tenido que sudar tinta para lograr cerrar las 585 páginas que hoy conforman el acuerdo del Brexit.

Cansancio entre los diplomáticos

No es menos el hartazgo entre los diplomáticos, que durante los últimos años han centrado casi toda su atención y esfuerzo en las negociaciones de salida del Reino Unido, aunque no hayan estado poniendo cada punto del acuerdo.

"No puede ser que los problemas vengan desde Londres y las soluciones desde Bruselas"

Ese cansancio se ha visto acentuado por un Reino Unido que en todo momento ha generado desconfianza en Bruselas, y se acentuó en el Consejo Europeo de diciembre, después de que la primera ministra Theresa May cancelara a última hora la votación sobre el acuerdo que tenía que celebrarse en el Parlamento británico.

May pedía más garantías y eso exasperó a algunos diplomáticos. "Nosotros no pedimos nada, es ella la que lo pide. Lo que no puede ser es que los problemas vengan desde Londres y las soluciones desde Bruselas", señalaba uno de ellos.

Pero justo antes de ese Consejo la primera ministra viajó a dos capitales: La Haya y Berlín. May también tenía intención de visitar Dublín. Esas rondas no han sido casuales. Por mucho cansancio que haya en Bruselas, Irlanda, Alemania y Países Bajos han liderado el esfuerzo en los últimos días por buscar alguna señal que pueda servir a Theresa May para que el acuerdo del Brexit pueda ser aprobado por el Parlamento británico.

Seguramente eso ocurra en forma de una carta, que previsiblemente será enviada a comienzos de la semana que viene y en la que los líderes de las instituciones europeas buscarán dar más garantías a May sobre el uso del 'backstop', el polémico plan de emergencia por el que Reino Unido quedaría dentro de la unión aduanera e Irlanda del Norte alineado en con el Mercado Interior para bienes, de forma que se evite una frontera en la isla de Irlanda.

Contactos continuos, pero a la espera

La Comisión Europea mantiene contacto continuo con el Gobierno británico, como este viernes admitió Jean-Claude Juncker, presidente del Ejecutivo comunitario. Una fuente del equipo de negociación señala que aunque estos contactos se están produciendo, todo lo que pueden hacer es esperar a que se conozca el resultado de la votación en Westminster, y que después la agenda la seguirá marcando Londres.

"No podemos especular, hay que ver y esperar", asegura una fuente comunitaria, que sin embargo admite también que hay un cansancio generalizado en la Comisión Europea. "Pero todavía nos queda mucho", advierte.

La misma fuente señala que los planes de May si el Parlamento rechaza el texto están claros, "y son seguir llevando el acuerdo a Westminster hasta que se apruebe", pero que los siguientes pasos se verán la semana que viene. Si la derrota de la primera ministra se produce por un margen estrecho, entonces previsiblemente la UE se esforzará en ver qué más puede hacer, siempre liderada por Irlanda, Países Bajos y Alemania, como los países más cercanos a Londres hoy por hoy, y seguramente con la cautela de Francia.

Theresa May a su llegada a una cumbre de líderes de la UE en Bruselas, el 13 de diciembre de 2018. (Reuters)
Theresa May a su llegada a una cumbre de líderes de la UE en Bruselas, el 13 de diciembre de 2018. (Reuters)

Si la derrota es abultada entonces los planes tendrán que cambiar, aunque no parece haber por el momento una hoja de ruta aproximada de cuáles serían los pasos a seguir. En ningún caso la UE está dispuesta a tocar el tratado, por lo que cualquier esfuerzo por el lado europeo tiene que venir obligatoriamente por la vía de las aclaraciones al texto.

Algunas delegaciones diplomáticas tienen muchas dudas de que nada de esto vaya a funcionar. Ya en diciembre señalaban que el problema no era el 'backstop' irlandés que tantas dificultades le está generando a May en el Parlamento británico, sino la propia primera ministra: incluso si eliminaran el plan de emergencia para Irlanda Westminster seguiría rechazando el acuerdo, según uno de los diplomáticos.

Segundo referéndum no, por favor

No han sido pocos los que en Bruselas durante muchos meses han tenido esperanzas en un segundo referéndum sobre el Brexit que pusiera un freno a la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Y, sin embargo, el número de personas que lo desean va disminuyendo de forma exponencial.

Incluso si eliminaran el plan de emergencia para Irlanda, Westminster seguiría rechazando el acuerdo, según uno de los diplomáticos

¿Por qué? Hay varias razones. La primera es que cualquier confianza con Londres ha saltado por los aires en los últimos años. La sensación es que si hay una segunda votación y sale la permanencia en la UE habrá un periodo de caos posterior que seguramente se inicie con la revocación del artículo 50 y con unas elecciones generales. Pero muchos en Bruselas temen que antes siquiera de que eso ocurra, el Reino Unido acudirá a la UE pidiendo mejoras en las condiciones que ya se ofrecieron a David Cameron en 2016, reabriendo otra vez la caja de Pandora.

A todo eso hay que añadir un estrechísimo calendario: habría que convocar un referéndum en el Reino Unido, y después habría tomar decisiones rápido, ya que a mediados de abril Londres debería convocar elecciones europeas si permanece en la UE, ya que los comicios continentales se celebran solo un mes después.

No son pocos los eurodiputados que consideran que los británicos han perdido ya demasiados trenes, que la UE le ha ofrecido ya unas cuantas salidas de emergencia que han sido despreciadas siempre para seguir en un bloqueo interno conjunto. Los diplomáticos son más cautos a la hora de dar su opinión, pero muchos muestran su deseo de cerrar el Brexit cuanto antes, y eso no sería posible con una nueva consulta.

El miedo hacia un segundo referéndum se centra en eso, en que muy pocos creen que tras la consulta Londres se quedaría en la UE sin rechistar, sin condiciones. Los asuntos abordados en el Brexit, como la migración o la gestión de las aguas británicas, afectan a todos los partidos en el Parlamento británico y por eso todos, desde los Laboristas hasta los Conservadores, estarían interesados en seguir apretando las tuercas a la UE en dichas materias.

Hay otra visión que se ha extendido últimamente por Bruselas: la idea de que si finalmente el Reino Unido no abandona la UE no solo se habrán perdido dos años de negociación, sino que se dará una imagen equivocada de algo tan serio como es abandonar el bloque comunitario. Se enviaría una señal peligrosa para el futuro: puedes probar a salir de la UE; si consigues un acuerdo ventajoso, bien, y si no, te quedas en el bloque.

Es indudable que el daño que está sufriendo el Reino Unido durante el proceso y la unidad que está mostrando la UE son una vacuna bastante efectiva para otros que quieran transitar por una aventura similar a la británica, pero eso no evita que algunas voces en Bruselas crean que un resultado en el que Londres quede dentro de la Unión puede presentar riesgos serios en el futuro.

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