España es clave en este comercio internacional

¿Sabes de dónde procede el pescado de estas Navidades? No, pero eso está cambiando

La industria pesquera está cada vez más globalizada y el pescado recorre cada vez más kilómetros, pero el sector avanza hacia una mayor transparencia

Foto: El pescador Harry Bibat preparándose para faenar. (Foto: Biel Calderón)
El pescador Harry Bibat preparándose para faenar. (Foto: Biel Calderón)

Harry Bibat salió por primera vez a pescar cuando tenía sólo 10 años. Entonces ayudaba a su padre a capturar de forma artesanal los pesados atunes que atravesaban las aguas de General Santos, en el sur de Filipinas, durante sus migraciones. En aquella época la tarea era sencilla. Los peces eran abundantes cerca de la costa, por lo que los viajes eran cortos y poco peligrosos. Después, los vendían en el mercado local y de vuelta al mar.

Hoy, veinticinco años después, el trabajo de Bibat se parece poco al que hacía con su padre. Sus viajes son cada vez más largos, “porque ya no hay atún cerca de la costa”, asegura Bibat, y lo que captura ya no se queda en los mercados locales; tras pasar unas horas en el puerto de General Santos, el centro del comercio de atún de Filipina, el pescado termina en un avión refrigerado camino de Estados Unidos, Japón o Europa. “La vida de un pescador es peligrosa”, afirma Bibat, quien captura fundamentalmente los grandes atunes tan codiciados en Occidente. “Cuando salimos al mar, tenemos un pie en la tumba”.

La globalización no es algo nuevo en la industria del pescado, asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO en sus siglas en inglés), pero se ha profundizado durante las últimas décadas, en las que el comercio internacional se ha incrementado más que la producción. Así, pescados como el salmón o el atún, que antes eran raros en países donde no había caladeros cercanos, se han popularizado y el pescado recorre ahora más kilómetros que nunca.

España es clave en este comercio internacional, y en 2016, fue el cuarto mayor importador de pescado del mundo, sólo por detrás de gigantes como Estados Unidos, Japón y China, y, según un informe de Amigos de la Tierra de 2011, el pescado es el alimento de consumo humano que más kilométros recorre en España, con una media de más de 6.400 kilómetros. La tendencia se agudiza además en épocas como las Navidades, donde el pescado suele ser uno de los platos estrella de las mesas en los días clave.

“Hace 20 ó 30 años la historia era diferente”, asegura Rosana Bernadette Contreras, directora ejecutiva de la Federación de Industrias Pesqueras de la región de Soccsksargen, en la que se encuentra General Santos. “Ahora hay más actores y menos recursos. Tenemos que importar pescado porque no hay suficiente para la industria de enlatado”. explica.

España es clave en este comercio internacional. En 2016 fue el cuarto mayor importador de pescado, solo por detrás de gigantes como EEUU, Japón y China

Las consecuencias de este modelo de consumo van más allá de un incremento de los barcos y aviones que transportan la mercancía. La industria pesquera se ha convertido en un sector difícil de controlar en el que a menudo no se sabe de dónde procede el producto y si ha sido capturado de forma legal. Así, según la FAO, la pesca ilegal alcanza hoy en día los 26 millones de toneladas de pescado y representa uns ingresos de entre 10.000 y 23.000 millones de dólares. Sin embargo, supone también “una de las mayores amenazas a los ecosistemas marinos”, asegura la organización, porque socava las posibilidades de “gestionar los recursos pesqueros de forma sostenible”.

La falta de control también ha permitido que los grandes barcos pesqueros exploten a los pescadores. Así, en 2015, una investigación de la agencia Associated Press (AP) desveló que miles de pescadores habían sido traficados desde Tailandia a barcos que operaban en aguas de Indonesia y eran retenidos en contra de su voluntad y en condiciones análogas a las de la esclavitud. Más de 2000 esclavos fueron liberados y tanto Indonesia como Tailandia tuvieron que reformar sus industrias pesqueras para asegurar un mayor control. Otras organizaciones, como Greenpeace, han publicado informes en los que aseguran que estas prácticas siguen siendo comunes en la industria asiática.

Consumidores más concienciados

El escándalo sobre la esclavitud supuso un cambio radical en el sector; los consumidores de países como Estados Unidos o Reino Unido empezaron a reclamar mayor información sobre la procedencia de lo que compraban. “Los mercados nos están pidiendo que haya más transparencia, que les digamos de dónde procede el pescado”, explica Contreras.

Sin embargo, en alta mar, donde sólo se puede acceder a las señales de satélite, la tarea es compleja. Durante los últimos años varias empresas han desarrollado diferentes sistemas de seguimiento de barcos con tecnologías diversas que permiten saber dónde está el barco y si está faenando o no. Algunos incluyen también sistemas de registro de cada uno de los peces que se capturan. “Para cada uno de los peces, se introduce la información en el sistema y queda registrada para que cualquier persona en la cadena de producción pueda saber de dónde procede” asegura Arcelio Fetinazan Jr., presidente de FAME, una empresa filipina que ha desarrollado una de estos sistemas.

El puerto de General Santos, donde Harry Bibat descarga sus capturas y centro atunero de Filipinas. (B. Calderón)
El puerto de General Santos, donde Harry Bibat descarga sus capturas y centro atunero de Filipinas. (B. Calderón)

Pero a menudo estos sistemas son caros, y están fuera del alcance de pescadores como Harry Bibat, quien sólo ha podido hacerse con uno gracias a un programa de la Agencia de Desarrollo de Estados Unidos. Muchos otros no han sido capaces de subirse al tren de la transparencia. En el distrito de Bula, cerca de donde vive Harry Bibat, una comunidad entera tuvo que dejar los barcos y empezar a cultivar algas cuando las nuevas regulaciones del Gobierno convirtieron en ilegales sus embarcaciones. “Teníamos que adaptar todos los barcos y era muy caro”, asegura Leony Gempero, secretaria de la Asociación de Cultivadores de Algas de Bula. “Los tiempos están cambiando”, asegura Raúl González, propietario de varios barcos pesqueros de atún. “Los pequeños pescadores son a menudo los más sostenibles, pero se nos deja fuera porque no podemos adaptarnos a las nuevas regulaciones”, asegura González.

Para los afortunados como Harry Bibat, el transpondedor que acaba de instalar significa mucho más que adaptarse a las demandas de los consumidores europeos y estadounidenses. “El transpondedor te puede avisar de si hay mal tiempo y nos ayuda a no perdernos”, asegura Bibat. “Además mi mujer está más tranquila porque puede ver dónde estoy en cada minuto. Ahora me siento más seguro cuando salgo a faenar”.

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