mile se han quedado temporalmente sin salario

“Mi peor pesadilla es que nos desahucien”: funcionarios USA ante el cierre del Gobierno

Miles de funcionarios y contratistas del Gobierno comparten en las redes su angustia ante un cierre de gobierno que les deja sin salario

Foto: Un cartel indica que el Centro de Visitas de la Casa Blanca está cerrado durante el cierre parcial de la Administración, en Washington. (Reuters)
Un cartel indica que el Centro de Visitas de la Casa Blanca está cerrado durante el cierre parcial de la Administración, en Washington. (Reuters)

Tic, tac, tic, tac... Desde que el cierre parcial de gobierno entrara en vigor, un reloj suma los segundos, minutos, horas y días acumulados desde que una cuarta parte del Gobierno estadounidense cerró o redujo su actividad por la falta de fondos. Lejos de la emoción de una cuenta atrás, la acumulación de tiempo se siente como una losa que gana peso en las espaldas de cientos de miles de trabajadores federales que se han quedado temporalmente sin su nómina en unas fechas donde es difícil esquivar los gastos extra.

Muchos de ellos recibirán probablemente su nómina de forma retroactiva cuando la política llegue a un acuerdo. Aún así, el problema más acuciante no está en la falta de dinero para regalos y excesos navideños. Lo necesitan para poder pagar el alquiler de la vivienda, la luz, el agua o, directamente, para tener qué comer. La angustia es incluso mayor para quienes trabajan para el Gobierno pero no son funcionarios sino contratistas. Es el caso de Julie Burr, que trabaja como asistente de administrativa en el Departamento de Transporte de Kansas City y se declara en “estado de pánico”.

Aunque es el tercer cierre de gobierno desde que Donald Trump es presidente, es el primero que afecta a esta mujer de 49 años. Tal y como explica a El Confidencial, su marido falleció en junio y fue en agosto cuando empezó a trabajar para la Administración. Dos de sus tres hijos se han emancipado ya, pero el menor, de catorce años, depende de ella. Como contratista, ella no tiene garantizada la recuperación del dinero perdido una vez se acabe el 'shutdown'. Es su caso y el de otro compañero de la oficina. “Tengo apoyo emocional, pero económicamente estoy sola”, se lamenta.

Como la necesidad aprieta, Julie ha empezado a trabajar de cajera en una librería de la cadena Barnes & Noble. Incluso aunque está haciendo turnos extra, lo que ingresa “apenas me supone un 25% de lo que cobro trabajando para el Gobierno”. La angustia le está haciendo perder muchas horas de sueño en las que su peor pesadilla es “que nos desahucien a mi hijo y a mí. No tendríamos dónde ir. Eso me preocupa mucho”, confiesa Burr. Producto de la desesperación, y a falta de perspectivas de una pronta solución política, ha abierto una campaña de crowdfunding para pagar los gastos más inmediatos.

Todo cierre de gobierno es en sí mismo una batalla política de adjudicación de responsabilidades. Aunque Donald Trump asumió preventivamente la paternidad de éste en una surrealista discusión en el Despacho Oval con los líderes demócratas Nancy Pelosi y Chuck Schumer, su discurso (oh, sorpresa) ha virado con el paso de los días para culpar a los demócratas, que se niegan a aceptar su condición de que todo acuerdo ha de incluir ineludiblemente la financiación para construir su prometido muro con México. ¿De quién es entonces la culpa? Para Julie Burr, “de todos”. Lo único que quiere es que demócratas, republicanos y el presidente “lleguen a algún tipo de acuerdo para que podamos volver a hacer nuestro trabajo”.

Según una encuesta realizada por Reuters entre los días 21 y 25 de diciembre, la mayoría de estadounidenses señala al presidente Trump. Un 47% considera que es responsabilidad suya, mientras que el 33% apunta a los demócratas. Llama la atención que solo el 7% de los encuestados señala a los congresistas republicanos.

En el Senado, republicanos y demócratas llegaron a acordar un presupuesto que hubiera evitado el cierre al menos hasta el 8 de febrero. Sin embargo, los republicanos de la Cámara de Representantes, alineados con la petición de Trump de financiar con 5.700 millones de dólares el muro con México, lo rechazaron. En todo caso, es imprescindible la firma del presidente, y éste sigue en sus trece (para revertir un veto presidencial es necesario que dos tercios de ambas cámaras del Congreso se pongan de acuerdo). Y eso que, según la encuesta, solo un 35% aprueba que el acuerdo incluya dinero para el muro y apenas un 25% apoya un cierre de gobierno por este motivo".

Al menos 800.000 trabajadores federales se han quedado sin su nómina, a los que se suma un número indeterminado de contratistas

Al menos 800.000 trabajadores federales se han quedado sin su nómina, a los que se suma un número indeterminado de contratistas. Entre los funcionarios, aproximadamente la mitad han sido enviados a casa, mientras que la otra mitad sigue trabajando sin cobrar al ser considerados puestos esenciales. Irónicamente, es el caso de los agentes fronterizos y de aduanas. En Washington DC el parón de la actividad se percibe en el cierre de oficinas y algunos museos, pero el mayor problema está en lo que no se ve, y es en las vidas de trabajadores como Julie Burr. Algunos están compartiendo sus historias en las redes sociales con la etiqueta #ShutDownStories.

"Tendré que elegir entre la salud o el alquiler"

"Acepté un trabajo con el Gobierno para tener atención sanitaria dado que mi medicación cuesta tanto como un mes del alquiler. Un par de semanas más sin paga y tendré que elegir entre la salud o el alquiler", explicaba en Twitter desde Tucson, en Arizona, una mujer que firma como @TruthSurfer. Su compañera de trabajo, Heidi Gallagher, al igual que Julie Burr, ha abierto una campaña de crowdfunding para poder costearse una operación en la espalda a la que se sometió ayer viernes. “No puedo vivir más con un dolor como éste con el que apenas puedo levantar a mi pequeña y dulce perra Bonnie”, explicaba en las redes.

Varias de las historias tienen que ver precisamente con los costes sanitarios, en un país en el que la salud es muchas veces inasequible para el ciudadano medio y un negocio para las aseguradoras. “Mi prima de seguro es de 600 dólares al mes y la insulina más la bomba de insulina suponen 600 dólares adicionales cada trimestre. Apenas los hago. Ahora iré a trabajar... pagarán en el futuro”, tuiteaba @nikkita_atikkin. Un ejemplo de cómo las pagas retroactivas no solucionan el problema de pagos esenciales e inmediatos.

Un cartel indica que el Archivo Nacional está cerrado durante el cierre parcial de la Administración, en Washington. (Reuters)
Un cartel indica que el Archivo Nacional está cerrado durante el cierre parcial de la Administración, en Washington. (Reuters)

“Soy una madre soltera de 3 [niños] sin ayuda. No saber si puedo pagar el alquiler o dar de comer a mi familia la próxima semana es duro y eso es todo lo que está en mi cabeza en este día de Navidad en que debería estar feliz. Mis hijos perciben también mi ansiedad”, escribía @mj4ever el 25 de diciembre. El día antes, en Nochebuena, el presidente Trump lamentaba en Twitter haberse quedado “solo” en la Casa Blanca cuando tenía previsto pasar las vacaciones en Florida. “Pobre de mí”, escribió.

El mayor cierre de gobierno de la historia de los Estados Unidos se produjo en diciembre de 1995, durante la presidencia de Bill Clinton, y duró 21 días. El tercero de la era Donald Trump ha cumplido ya una semana y no hay visos de que se resuelva pronto. El próximo 3 de enero, los demócratas serán mayoría en la nueva Cámara de Representantes, resultado de su victoria en las elecciones legislativas del pasado 6 de enero. Trump lo tendrá todavía más difícil para financiar su muro, pero hasta ahora sigue firme en un pulso con los demócratas que tiene angustiadas a miles de personas.

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