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El 'síndrome de Venecia' se expande: cómo evitar que el turismo se cargue el mundo

El 'síndrome de Venecia' no solo afecta a la ciudad italiana: son muchos los destinos de todo el mundo que están afixiándose bajo la presión que ejercen cada año millones de turistas

Foto: Un grupo de turistas pasea por los alrededores del Parque Güell de Barcelona, donde aparecieron pintadas contrarias al turismo masificado. (EFE)
Un grupo de turistas pasea por los alrededores del Parque Güell de Barcelona, donde aparecieron pintadas contrarias al turismo masificado. (EFE)

A pesar de que el turismo en Barcelona ha ido cayendo desde que la crisis catalana empeoró el pasado 1 de octubre, con el referéndum por la independencia, la denominada 'turistificación' o turismo masivo (que no de masas) ha sido un problema creciente en la Ciudad Condal durante los últimos años. Tanto es así que en una lista que elaboró CNN a principios de este año incluyó la ciudad catalana en una larga lista de destinos a evitar durante el año, debido a la alta demanda: los millones de turistas colapsan las calles, las atracciones turísticas y convierten lo que podría ser un viaje de placer en un auténtico laberinto de obstáculos.

Barcelona no es la única: 'El síndrome de Venecia' es un documental publicado en 2015 que describe a la perfección la situación que viven muchas de estas ciudades. "Necesitas tener la suerte de tener tu propio apartamento o terminarás por irte, tarde o temprano": los venecianos huyen a causa de un turismo descontrolado que ha convertido su ciudad en un parque de atracciones. El turismo de masas se ha descontrolado generando consecuencias negativas para los residentes de esas ciudades que, a pesar de estar rodeadas de muchos otros bellos lugares, son ahora puntos de encuentro de miles, millones de turistas al mismo tiempo.

Son muchos los viajeros que están intentando inculcar las ideas del turismo sostenible entre aquellos que disfrutan de sus vacaciones conociendo otros lugares; sin embargo, no siempre es fácil saber qué hacer para frenar estas masificaciones o, al menos, no contribuir a su crecimiento. En este contexto, el diario 'Washington Post' ha elaborado una lista con diez de los destinos más masificados del mundo y algunas de sus alternativas, en función del tipo de turismo que representa:

Barcelona vs. Sevilla: el caso español

Barcelona recibe más turistas que habitantes tiene. De hecho, la alcaldesa, Ada Colau, llegó al Ayuntamiento con el compromiso de reducir la presión turística sobre la ciudad, tratando de poner fin a la oferta ilegal de pisos turísticos en Barcelona, donde realmente es un problema para la convivencia de la población local. Ante la 'turistificada' Ciudad Condal, el diario estadounidense propone como alternativa la ciudad de Sevilla, incluida en la lista de las diez ciudades que visitar en 2018 de la prestigiosa publicación para viajeros Lonely Planet.

Pero en España no es el único caso. El Camino de Santiago lleva años batiendo récord de peregrinos, y cada vez son más los ciudadanos, ya no solo españoles, que por misticismo, creencia o necesidad de recuperar su relación con la tierra, se suman a una de las muchas rutas de peregrinaje a Santiago de Compostela. Si lo que buscas es caminar por parajes verdes como los que se pueden visitar de camino a Galicia, el camino de San Cuthbert es una opción menos concurrida: más de cien kilómetros en el norte de Reino Unido, a poco más de 60 kilómetros al sur de Edimburgo, transcurren de oeste a este por la verde Escocia.

El fenómeno turístico de Italia

Nuestro país vecino vive una auténtica catástrofe turística. El 'síndrome de Venecia' no es exclusivo de la ciudad que lleva su nombre y que recibe más de 30 millones de viajeros mientras se desangra en población local. Sin embargo, el ejemplo veneciano es el máximo exponente del desastre provocado por la 'turistificación' o turismo masivo. La alternativa que el 'WP' propone a Venecia, ciudad imposible de disfrutar al tener que pelearse casi por un poco de aire para respirar, es Verona, el escenario de la obra más reconocida de William Shakespeare. El balcón de Romeo y Julieta es uno de los atractivos de la ciudad, pero desde luego, éste es el punto más turístico —extremadamente turístico— y la belleza de la ciudad está fuera de ese pequeño callejón.

El caso de Roma es otro de los más escandalosos: la Fontana di Trevi es uno de los monumentos más masificados de Europa, y Roma es un producto de consumo para millones de turistas, más que una ciudad de residencia para otros millones.

¿Una alternativa a una Roma plagada de turistas lanzando monedas a una fuente? Sí, muchas, pero también en Italia, la capital de Piamonte: Turín, ubicada en el norte del país, muy cerca de la frontera con Francia, es un escenario en el que rebosan los fantasmas de la civilización romana.

Hay otro destino que destaca por la cantidad de turistas que llenan sus trenes: la zona del Cinque Terre, en la costa frente al mar de Liguria, se erigen cinco pequeñas localidades de mil colores, levantadas sobre acantilados. Estas cinco villas sobre la Riviera italiana en las que disfrutar la 'dolce vita' están en todas las guías de viaje habidas y por haber, por lo que se cuentan por miles los turistas que intentan eliminar al resto de personas de sus imágenes colocándose en posiciones inverosímiles. Hay otra alternativa: Porto Venere, algo más al sur de La Spezia, un pequeño municipio de unos 4.000 habitantes ubicado también en la costa de Liguria y al comienzo del golfo de Génova —el golfo de los Poetas— que se convierte en una pequeña joya escondida algo más alejada del ruido del turismo de masas.

Europa, 'hub' turístico

Además de Italia, son muchas otras las ciudades que han vivido situaciones similares. Vivir en Ámsterdam, por ejemplo, se ha convertido en una auténtica pesadilla para los cerca de 800.000 residentes de la ciudad por culpa de los más de 17 millones de visitantes por año que recibe. Los holandeses buscan un turismo de mayor calidad, más limpio y mejor organizado, nada que ver con el turismo de 'coffeeshops' y de barrios rojos. Si vas en busca de una ciudad llena de canales, bicicletas y tulipanes, existe otra opción: Liubliana. La capital eslovena tiene más de 5.000 rutas de ciclismo y el río atraviesa el corazón de la ciudad en forma de calles de agua al estilo de Ámsterdam. En 2016 fue capital verde europea, y es una verdadera ciudad de cuento.

Croacia tampoco escapa a la 'ultraturistificación': el éxito cosechado en televisión de la ya archifamosa serie 'Juego de Tronos' ha provocado que hordas de seguidores viajen hasta el país para visitar algunos de los escenarios de la historia de 'Canción de hielo y fuego' llevada a la pantalla. Incluso la UNESCO, que designó la Ciudad Vieja de Dubrobnik como Patrimonio de la Humanidad hace casi 40 años, ha recomendado limitar el número de visitantes por día. La llegada continua de cruceros genera otra presión sobre la ciudad, donde se encuentra un paseo medieval que en agosto de 2016 fue visitado por más de 10.000 personas en un solo día. La ciudad adriática de Rovinj es una alternativa a tener en cuenta: se trata de un puerto pesquero ubicado en la costa oeste de Istria, repleto de casas que se pelean entre ellas hasta llegar a la orilla del mar.

Destinos de alturas

Ya sea en lo más alto del Himalaya o al otro lado del Atlántico, hay una comunidad viajera que lo que busca son actividades de alturas: el de subir montañas es un tipo de turismo no apto para cualquiera, pero incluso en este sector más reducido se pueden evitar zonas masificadas. La montaña más alta del planeta, el Everest, sigue los pasos del Camino de Santiago y bate récords cada año, en este caso de alpinistas acreditados para alcanzar la cima (en 2017 fueron 365, el año pasado diez más). Las masificaciones en este tipo de terrenos, no obstante, son más peligrosas si se tiene en cuenta el peligro que suponen las avalanchas en montaña. ¿Cómo evitar el Everest si lo que te interesa son las altas cumbres? Viajando a Marruecos: con más de 4.100 metros de altura, el monte Toubkal es el punto más alto del Gran Atlas y de todo el África septentrional, con una de las estaciones de esquí más importantes del continente africano.

Al otro lado del charco, uno de los destinos más masificados de alturas es la ciudadela inca del Machu Picchu, en Perú. Si bien ha sobrevivido a la colonización española y a muchas otras desavenencias, corre el riesgo de sucumbir ante el turismo de masas. La UNESCO también mostró, en 2013, su preocupación por la degradación de la principal atracción turística del país, y llegó a limitar a 2.500 el número diario de visitantes; aun así, en 2018 casi dos millones de viajeros recorrieron la ciudadela, saltándose esta limitación. La alternativa en este caso es su hermana gemela: Choquequirao, ubicada a más de 3.000 metros de altura, es la 'hermana sagrada' del Machu Picchu y tiene una arquitectura muy similar. Solo está parcialmente excavada y aunque puede parecer no tan impresionante como la primera, conserva el encanto de ser aún uno de los lugares del mundo poco masificados.

Las frías tierras del norte

El último destino masificado al que el 'WP' hace referencia es un país que se ha convertido en punto turístico recientemente, pero que ha vivido una explosión de viajeros descomunal. Islandia siempre ha sido un país de acceso caro, hasta que las aerolíneas de bajo coste 'democratizaron' sus rutas hacia esta gran isla, escenario de géiseres, impresionantes cascadas, enormes ballenas y auroras boreales. Kilómetros de naturaleza virgen no contaminada llaman la atención cada año a miles de turistas que han volado hasta Reikiavik, su capital, hasta convertirlo en uno de los destinos más demandados del planeta. Sin embargo, víctima de su propio éxito el Gobierno ha estudiado límites al turismo para evitar que el 'boom' bancario que sumió al país en la ruina se repita en el sector turístico.

Para evitar a los que casi con toda probabilidad seguirán la estela de los más de 2,2 millones de turistas que llegaron el año pasado a Reikiavik, la isla de Baffin puede ser una excelente opción: ubicada en el territorio canadiense de Nunavut, es la quinta mayor isla del mundo y si bien comparte multitud de características con el país del norte de Europa, como los fiordos, el sol de medianoche o la aurora boreal, tiene su propia idiosincrasia. 'Avatittinnik kamatsiarniq': "Respeto y cuidado por la tierra, los animales y el medio ambiente".

¿Cómo hacer 'ecoturismo' en el mundo?

A todos estos lugares, e incluso a aquellos 'infectados' por el turismo masivo, se puede acudir de manera mucho más sostenible, sin contribuir a que las ciudades acaben perdiendo su encanto para convertirse en parques de atracciones. Desde la web de ecoturismo Green Global Travel ofrecen una lista con los principios que hay que tener en cuenta para convertirse en un viajero responsable cuya actividad turística acabe repercutiendo de manera positiva en la población local y en el planeta. Y los resume en diez sencillos pasos:

  1. Viaja ligero: al reducir la carga del equipaje se ahorra dinero en las tarifas de vuelos y se aumenta la eficiencia del combustible del avión.
  2. Ahorra agua: haz duchas cortas, cierra el grifo mientras te enjuagas las manos, cepillas los dientes o afeitas y reutiliza las toallas. Los españoles sabemos bien lo que significa ahorrar agua.
  3. Ahorra energía: apaga las luces, la calefacción, el aire acondicionado y el televisor cuando no estés en tu habitación de hotel y utiliza la etiqueta de 'No molestar' para que el personal de limpieza no consuma energía limpiando el cuarto todos los días: así se reduce el consumo de químicos de limpieza y la electricidad de aparatos como la aspiradora.
  4. Las tres R (reduce, reutiliza y recicla): lleva siempre una botella de agua que se pueda rellenar y utiliza una pastilla de jabón para la ducha y el lavabo; devuelve los mapas una vez que los hayas utilizados y sino, busca un lugar para reciclarlos.
  5. Compra en sitios locales: aprende de los artesanos de la zona y cómprales a ellos en lugar de adquirir los productos en grandes superifices.
  6. Camina sobre huellas: si haces senderismo, sigue las huellas de los caminos para no dañar la flora local y lleva una bolsa para tirar tu basura.
  7. Sé viajero, no turista: toma tu tiempo para escuchar música local, para disfrutar del arte de la zona y degustar la gastronomía regional: empápate de las diferencias culturales y conoce a la gente que vive en el destino elegido.
  8. Sigue las tradiciones locales: aunque no las comprendas, trata de entender y respetar las tradiciones de los lugares a los que viajas, para evitar ofender a la población local.
  9. Devuelve: hay destinos que no están en la misma situación en la que uno vive. A cambio de la experiencia, considera devolverles algo de alguna manera, como llevando algo que allí necesiten (material escolar).
  10. Compra de manera inteligente: aprende a leer las etiquetas de los productos que quieras comprar y, sobre todo, averigua de qué materiales están hechos. Hay países donde los 'souvenirs' se fabrican con maderas no sostenibles o especies en peligro de extinción.

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