1.200 ataques solo en irak en 10 meses

No, el Estado Islámico no ha sido derrotado. Estos son los territorios donde opera

La decisión del presidente Trump de retirar a todas las tropas de EEUU en Siria ha sido acogida con alarma por aliados y expertos, conscientes de que la organización sigue siendo una grave amenaza

Foto: Un miembro de las fuerzas especiales iraquíes abate a un suicida del Estado Islámico durante la batalla de Mosul, en marzo de 2017. (Reuters)
Un miembro de las fuerzas especiales iraquíes abate a un suicida del Estado Islámico durante la batalla de Mosul, en marzo de 2017. (Reuters)

Una vez más, con un simple tuit y una breve orden, el presidente Donald Trump ha conseguido desatar un terremoto. Su decisión de retirar las tropas estadounidenses de Siria en un plazo de 30 días ha confundido por igual a sus aliados sobre el terreno -las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias, encabezadas por milicianos kurdos-, a los demás países que forman parte de la coalición internacional contra el Estado Islámico, al Pentágono y a los propios asesores de Trump, que hace apenas dos semanas abogaban por una presencia militar continuada de EEUU en Siria para contener a Irán.

Para justificarlo, Trump ha alegado en su cuenta de Twitter: “Hemos derrotado al ISIS en Siria, mi única razón para estar allí durante la presidencia Trump”. En un breve vídeo, ha alegado que se ha cansado de escribir cartas a los familiares de los soldados muertos y que “es hora de traer las tropas de vuelta a casa”. Así dicho, una retirada parece un objetivo razonable y deseable.

El problema es que, de acuerdo con prácticamente todos los expertos en la materia, el ISIS no ha sido derrotado. Según estimaciones del propio Departamento de Defensa de EEUU, la organización cuenta con entre 20.000 y 30.000 combatientes en activo en Oriente Medio, más de 14.000 sólo en Siria. Más o menos las mismas cifras aparecen en otros dos informes de Naciones Unidas y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington.

Los analistas han observado una profunda transformación de la organización, menos enfocada en la gobernanza y más en acciones de guerrilla que aseguren su supervivencia como fuerza de combate. Y en ese sentido, el éxito es innegable. El Centro para Combatir el Terrorismo de West Point ha contabilizado más de 1.200 ataques en los primeros diez meses de 2018 tan sólo en Irak, menos de un año después de que el primer ministro iraquí Haidar Al Abadi proclamase la victoria sobre el grupo en ese país.

Ciertamente, el Estado Islámico ya solo controla un 1% del territorio de lo que una vez fue su autoproclamado Califato en Siria e Irak. Pero incluso ahí, las noticias no son buenas: la organización ha sido capaz de retener una franja de territorio de 30.000 habitantes llamada Hajin durante más de un año, pese a las constantes ofensivas tanto de las FDS como del régimen sirio y sus aliados, hasta que la semana pasada los combatientes kurdos lograron reconquistar tres cuartas partes de este bastión yihadista.

"Ya resurgió de sus cenizas"

“Vamos muy bien a la hora de sacar al ISIS del terreno que mantenía en Siria, tenemos todavía mucho trabajo que hacer en términos de la fase de estabilización”, declaraba el jefe del Estado Mayor de EEUU, el general Joseph Dunford, hace apenas dos semanas. La siguiente fase de la estrategia, entrenar a fuerzas locales que sirvan de muro de contención contra los yihadistas, solo ha sido culminada en un 20%, señaló Dunford. “Nadie está diciendo 'misión cumplida'”, dijo por esas mismas fechas Brett McGurk, el enviado especial estadounidense para la coalición global contra el ISIS.

Rukmini Callimachi, corresponsal del New York Times y especialista en el ISIS, ha sido una de las primeras en criticar la decisión de Trump. “El Estado Islámico, que ha pasado por diversos cambios de nombre, fue implantado en Irak por primera vez hace 15 años. Enormemente destructivo al principio, la marea empezó a cambiar y para 2010, cuando las fuerzas estadounidenses empezaron a retirarse, se estimaba que el grupo había sido reducido a apenas 700 combatientes”, ha explicado en un hilo de Twitter.

“Se le consideraba una fuerza tan debilitada que el Pentágono se jactaba de haber matado a 34 de los principales 42 líderes del grupo en una franja de apenas 90 días en 2010. El Departamento de Estado llegó a rebajar la recompensa del líder del grupo de 5 millones de dólares a 100.000. ¿Quién era ese líder? Nada menos que Abu Bakr Al Bagdadi. Para 2014, su ejército había lanzado una guerra relámpago en la región, capturando en su punto álgido la mitad de Siria y un tercio de Irak, un área del tamaño de Gran Bretaña. Para 2016, la recompensa por su cabeza era de 25 millones de dólares”, ha recordado.

“A lo que voy es: una fuerza que se estimaba en no más de 700 militantes logró levantarse de sus cenizas y lanzar lo que se convirtió en el mayor y más próspero y peligroso grupo terrorista del mundo. Esa fue la 'última' vez que nuestros líderes proclamaron que habían derrotado a este grupo. ¿Y ahora?”, ha añadido, señalando que los funcionarios de la coalición occidental contra el ISIS en Siria a los que ha contactado califican el tuit de Trump de “imprudente”, “un desastre” y catastrófico”.

Los argumentos de Callimachi no andan desencaminados: esa misma imagen de un renacimiento desde las cenizas lleva siendo utilizada por la propia organización desde que empezaron a encadenar derrotas importantes en las principales ciudades bajo su control, y especialmente en sus capitales -primero en Mosul, luego en Raqqa-, así como en Libia. En una organización en la que el pensamiento apocalíptico y milenarista tiene una gran importancia, sus teólogos han tratado de presentar estos reveses como una prueba divina antes de la inevitable victoria final. Según los expertos, esa es una de las principales razones por la que muchos de sus combatientes extranjeros no han retornado a sus países de origen, optando en su lugar por pasar a la clandestinidad y seguir luchando en Oriente Medio.

Se dan, además, las condiciones para otro futuro resurgimiento: si en 2013 y 2014 el maltrato por parte del Gobierno chií de Nuri Al Maliki -y, en menor medida, del régimen de Bashar Al Assad, dominado por la minoría alauí- propició que muchos suníes recibiesen al Estado Islámico con los brazos abiertos, la política de maltrato y venganza contra la población suní por parte de las autoridades iraquíes, pese a los esfuerzos del nuevo ejecutivo de Haidar Al Abadi, están alimentando el resentimiento.

Repliegue total

En un artículo publicado esta semana en The New Yorker, el reportero Ben Taub describe los juicios a los que se está sometiendo a sospechosos de pertenencia al ISIS, a menudo de apenas unos minutos y sin demasiadas garantías legales, basándose en confesiones muchas veces obtenidas bajo tortura. Estos juicios son percibidos como una enorme injusticia por parte de la comunidad suní, que se considera castigada de forma colectiva, especialmente en las zonas donde tradicionalmente las organizaciones yihadistas han tenido un mayor apoyo. Si el grupo regresa, serán muchos los suníes que los aplaudan como liberadores.

En ese sentido, muchos observadores temen un rebrote de sus capacidades dentro de poco tiempo. "La campaña de EEUU contra el ISIS no ha eliminado la amenaza global que supone pese a haber cumplido en gran medida sus objetivos declarados en Irak y Siria. La campaña intentaba destruir el califato físico del ISIS y 'reducir sus capacidades' hasta el punto en el que las fuerzas locales puedan mantener la seguridad con un apoyo internacional limitado", señala un informe del Instituto para el Estudio de la Guerra publicado este jueves, que concluye: "En su trayectoria actual, el ISIS podría recuperar la suficiente fuerza para montar una renovada insurgencia que una vez más amenace con superar a las fuerzas de seguridad locales tanto en Siria como en Irak, pese al apoyo de la Coalición".

El Reino Unido, de hecho, se ha apresurado a contradecir a Trump acerca de esta supuesta derrota. “Estoy en profundo desacuerdo”, ha declarado el ministro de Defensa británico Tobias Ellwood. “Se ha metamorfoseado en otras formas de extremisto, y la amenaza sigue bastante viva”, ha indicado.

“Desde que empezaron las operaciones militares, la coalición y sus socios en Siria e Irak han recapturado la gran mayoría del territorio del Daesh y se han hecho importantes avances en días recientes en la última área del este de Siria ocupada por el Daesh. Pero sigue habiendo mucho que hacer, y no debemos perder de vista la amenaza que representa”, ha dicho un portavoz del Gobierno británico. “”Incluso sin territorio, el Daesh sigue siendo una amenaza. Como han dejado claro los Estados Unidos, estos sucesos en Siria no marcan el fin de la coalición global o su campaña. Seguiremos trabajando con miembros de la coalición para lograrlo”, asegura, según el diario The Guardian.

Fuentes militares aseguran que la retirada de los aproximadamente 2.000 miembros de las fuerzas especiales desplegados en Siria llevará algo más de tiempo que el estipulado por Trump, entre 60 y 100 días. El repliegue será total y no se mantendrá ni siquiera un pequeño contingente como en otras misiones.

Sea como sea, la retirada está en marcha. Un alto cargo de la administración, preguntado por el corresponsal de The Guardian por las consecuencias, se encogía ayer de hombros: “Era una decisión que tenía que tomar el presidente y la ha tomado. Puede hacerlo. Es su prerrogativa”.

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