VOCES DE LA UNIVERSIDAD MÁS CÉLEBRE DE reino unido

Cambridge, ante un ejercicio de darwinismo para sobrevivir al Brexit

La prestigiosa institución se ha convertido en la perfecta metáfora de la profunda incerteza que atenaza a todo un país. La inquietud se palpa en la ciudad más pro UE de Reino Unido

Foto: Un estudiante pasa delante del King's College de Cambridge. (Eugenio Blanco)
Un estudiante pasa delante del King's College de Cambridge. (Eugenio Blanco)

El vicerrector de la Universidad de Cambridge, Stephen Toope, lo tiene claro: “Pase lo que pase, Cambridge seguirá siendo una universidad global”. Sin embargo, una de sus estudiantes extranjeras, la italiana Marianna Abbate, tiene más reservas: “Cambridge es una burbuja, una burbuja que explotará si decrece el número de estudiantes internacionales”. Entre la firme declaración de intenciones del gestor de una de las universidades más importantes del mundo y las profundas dudas de una de sus estudiantes, hay todo un mundo de posibilidades. Y el catalizador de todas esas realidades, el acelerador de todo ese cúmulo de efectos cruzados, dependerá de la relación final entre la UE y el Reino Unido. Así, la prestigiosa institución se ha convertido en la perfecta metáfora de la profunda incerteza que atenaza a todo un país.

Fundada en 1209, la Universidad de Cambridge lleva ocho siglos a la vanguardia del conocimiento. Es la tercera universidad con más premios Nobel de la historia (90). Además, el hecho de que Darwin, Newton o Stephen Hawking desarrollaran gran parte de su carrera académica en Cambrigde justifica sobradamente que la universidad sea considerada internacionalmente como una cuna de pensadores radicales que han definido y explicado el mundo en el que vivimos. El peso de la historia sigue impulsando la autoestima de sus estudiantes. “Para mí, el poder formarme en esta universidad representa un objetivo cumplido”, dice Will, un joven matemático que estudia en el Christ College, “a veces siento que no es que la universidad esté en la ciudad, sino que es al revés, la ciudad está en la universidad”.

El espíritu de inquietud intelectual inunda todo en Cambridge. Sin embargo, la mayoría de los académicos, investigadores y estudiantes consultados para este reportaje coinciden en asegurar que la posición de autoridad de la institución en el panorama internacional está en riesgo. Esa sensación sorda de alerta se percibe en los 31 'colleges' que pueblan la ciudad de Cambridge, en las bibliotecas, en los pubs atestados de gente joven donde “el Brexit se ha convertido en uno de los temas de conversación estrella”, como reconoce una joven estudiante de Física.

Como contrapunto, la propia universidad ha tirado de sus símbolos vivos para iniciar un debate metafísico sobre lo que es y debe ser Cambridge hoy día. Nombres tan populares en el Reino Unido como sir Richard Attenborough (el creador de ‘Planet Earth’) y el escritor y presentador Stephen Fry (antiguos estudiantes de la institución) se unen a un ingente caudal de voces prestigiosas para generar una reflexión sobre la posición de la universidad en un vídeo titulado 'Dear Cambridge'. Aunque el vídeo también se puede interpretar como una carta de amor un tanto egocéntrica, es, en el fondo, una campaña de publicidad de una empresa que siente que vienen curvas.

¿Cómo será un Cambridge pos-Brexit? ¿Perderá poder de atracción? ¿Seguirá manteniendo su potente imán para atraer a las mejores mentes? Todas estas preguntas están en el aire en la ciudad más ‘pro-remain’ de todo el Reino Unido. De momento, las cifras no son nada halagüeñas: la universidad perdió la reveladora cifra de 184 miembros de su plantilla académica en 2017, todos ellos vinculados directa o indirectamente con la indefinición que genera la nueva relación del Reino Unido y la UE. En un intento de frenar la creciente fuga de cerebros, la propia universidad ha movido ficha y pagará las tasas de sus empleados europeos que deseen obtener el permiso de residencia, tal y como anunciaba recientemente el vicerrector, Stephen Toope.

Para frenar la creciente fuga de cerebros, la universidad pagará las tasas de sus empleados europeos que deseen el permiso de residencia

Esta deserción incipiente no es exclusiva de Cambridge. El éxodo de talento preocupa sobremanera a la comunidad educativa en todo el Reino Unido, ya que son actualmente 35.920 académicos (profesores y estudiantes de doctorado) provenientes de la UE los que pueblan las universidades británicas, tal y como asegura Lucy Fairweather en 'Varsity', el popular periódico estudiantil editado precisamente en Cambridge desde 1947. Pero no es la volatilidad del profesorado el único quebradero de cabeza. El hecho de que la financiación de la UE a las universidades británicas se anule y que programas de investigación científica (como Horizon 2020) se queden sin fondos genera una alargada sombra de preocupación en los claustros y en los laboratorios.

Frustración en las calles y en las aulas

Cambridge fue, en términos absolutos, la ciudad de todo el Reino Unido con mayor porcentaje de voto a favor de quedarse en la UE. El 73,8% de sus habitantes optó por el 'remain'. Vistos la tremenda fractura en el país y el indescifrable desenlace, en pocos lugares del Reino Unido se percibe tanta frustración como en Cambridge. “La tendencia que yo veo es que cuanto más conocimiento e información se tiene sobre el Brexit, más tendencia hay a ir en contra”, dice uno de los empleados de la librería oficial de Cambridge University Press, la editorial más antigua del mundo si atendemos a los archivos de la propia universidad. Su compañera asiente con la cabeza, pero matiza con suavidad: “También tenemos que reconocer que Cambridge es un lugar muy privilegiado en el país, con una realidad muy particular y con rentas muy altas”.

En estas mismas reflexiones sobre los desequilibrios sociales abundan ampliamente Harold D. Clarke, Matthew Goodwin y Paul Whiteley, que acaban de publicar precisamente en Cambridge University Press un ensayo explicativo y científico sobre el voto del Brexit: 'Why Britain Voted to Leave The European Union'. Los tres profesores (ninguno de Cambridge) hacen un sucinto recorrido por toda la cronología prerreferéndum, colocando la potente voz que adquirió el UKIP después de la crisis de 2008 como el catalizador máximo del desenlace antieuropeo. Una de las teorías más sustentadas por el estudio ofrece una afirmación esclarecedora: “El síndrome de injusticia de gran parte de la población está basado en la marginalización económica y en la percepción de que la inmigración y las minorías representan una amenaza”.

Una bicicleta apoyada en una valla con publicidad estudiantil. (E. Blanco)
Una bicicleta apoyada en una valla con publicidad estudiantil. (E. Blanco)

Próximamente, la editorial Cambridge University Press presentará su tercer volumen sobre el Brexit, cuando este ni siquiera ha tomado forma todavía. “Habitualmente, dejamos reposar más los acontecimientos históricos para analizarlos mejor”, dicen desde la editorial, “pero el Brexit genera tanto interés que estamos acelerando las publicaciones para dar más respuestas lo antes posible”.

Por su parte, el Sindicato de Estudiantes de la Universidad, CUSU, prefiere las acciones a las respuestas. El nutrido grupo estudiantil ha organizado diferentes movilizaciones en la ciudad para protestar por la gestión del Brexit. Su posición siempre ha sido clara: alinearse con la idea de una votación para ratificar el pacto con la Unión y desencadenar un segundo referéndum. Su presidenta, Evie Aspinall, considera que los efectos del Brexit sobre los estudiantes Erasmus y los demás extranjeros son impredecibles. “El estatus de los estudiantes extranjeros es nuestra mayor fuente de preocupación”, admite la líder de los estudiantes en el campus.

El negocio de la educación pende de un hilo

Pero el riesgo no se cierne únicamente sobre Cambridge, ni mucho menos. El prestigio de las instituciones educativas británicas ha sido uno de los verdaderos motivos de orgullo del país. Pese a representar menos del 1% de la población mundial, en el Reino Unido se publican alrededor de más del 15% de las investigaciones científicas en revistas de referencia. Escribía recientemente Stephen Paduano en 'Foreign Policy' que la influencia internacional de la universidad británica ha compensado “la caída del prestigio global que ha supuesto para Gran Bretaña la pérdida de las colonias y su decadencia económica y militar”.

En el Reino Unido hay alrededor de 450.000 estudiantes extranjeros, de los cuales casi 140.000 provienen de la UE. Habitualmente, las tasas de matrícula para los comunitarios son sensiblemente más bajas que para los extracomunitarios, pero el Brexit podría generar una fuerte discriminación entre ambos grupos cuando el Reino Unido salga definitivamente del bloque. Este desajuste generaría un gran debate en las instituciones educativas del país, que tendrían que variar todo su esquema de admisión para continuar con un modelo de negocio sostenible.

En Cambridge, como en las otras instituciones educativas con poder específico dentro del país, se gesta un fuerte debate interno que acaba generando una potente presión externa. Son muchos premios Nobel los que miran desde la ventana de la historia. Son muchos los jóvenes estudiantes —presentes y futuros— que no saben cómo quedarán finalmente las reglas del juego. El futuro plantea tantas incertezas en Cambridge que hasta pareciera que a la escultura del joven Darwin, sentado en un banco de un jardín del Christ College, se le hubiera fruncido el ceño. La universidad también tendrá que hacer un ejercicio de darwinismo para sobrevivir. Le tocará demostrar que, en un momento de frenética evolución, su fortaleza, abolengo y capacidad de adaptación son suficientes para asegurarle su posición de extremo prestigio en el podio del conocimiento global.

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