macrooperación en la zona donde se encontraba

Armado, herido y tirando a matar: así abatió la policía al terrorista de Estrasburgo

La policía francesa mató este jueves por la noche a Cherif Chekatt, responsable del ataque contra el mercadillo navideño de la ciudad, que abrió fuego contra los agentes que le interceptaron

Foto: Los investigadores forenses trabajan en el lugar donde la policía abatió este jueves a Chérif Chekatt, presunto responsable del atentado de Estrasburgo. (Reuters)
Los investigadores forenses trabajan en el lugar donde la policía abatió este jueves a Chérif Chekatt, presunto responsable del atentado de Estrasburgo. (Reuters)
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La foto muestra un cuerpo inerte sobre la acera, sobresaliendo de la puerta de un almacén en la noche helada de Estrasburgo. Cherif Chekatt se sabía descubierto y disparó contra los policías que le dieron el alto. Fue abatido segundos después.

48 horas ha durado la fuga del terrorista , autor del atentado en el centro de Estrasburgo que el martes provocó la muerte a tres personas. La ciudad recupera la respiración y la calma, después de dos días de duelo y tensión, con más de 700 policías a la búsqueda del último enemigo público número uno de Francia.

El asesino se escondía a solo dos kilómetros del Mercado de Navidad que atrae cada año dos millones de turistas. Chekatt se cruzó en plena calle con una señora que le reconoció no solo por la difusión de su foto, sino también al observar que el joven estaba herido. Fue esta persona, según las primeras informaciones, quien aviso a la policía. El terrorista cayó en el número 74 de la Rue de Lazaret, en el barrio de Neudorf, adonde fue conducido en taxi en la noche del martes, tras disparar a varios transeúntes en tres puntos de la ciudad vieja.

La zona fue objeto horas antes de una espectacular operación policial que obligó a los vecinos a encerrarse en sus domicilios. Fuerzas especiales con el arma en la mejilla iban casa por casa, puerta por puerta, controlando una zona de viviendas individuales de este barrio al sudeste de Estrasburgo. Tal despliegue de medios no podía explicarse si las autoridades no hubieran tenido ya información sobre su paradero, aparentemente gracias a unas cámaras de vigilancia que habían registrado su paso por Neudorf. Pero desde el Ministerio del Interior quisieron – con razón- jugar al despiste y comunicaron que la operación había acabado.

Horas más tarde, fueron miembros de la Brigada de Vigilancia del Territorio (BST), la policía especializada en barrios difíciles, quienes respondieron a los disparos de Chekatt. El responsable de Interior, Christophe Castaner, no tardó mucho en hablar ante la prensa para insistir sobre la labor de las fuerzas policiales y felicitarles por su trabajo. Para el gobierno era una pesadilla imaginar que el terrorista pudiera haber huido del país, como fue el caso de Salah Abdeslam, uno de los autores de los atentados de noviembre de 2015 en París, ahora en prisión.

Ciudadanos franceses encienden velas y depositan flores en el lugar del atentado, el 13 de diciembre de 2018. (Reuters)
Ciudadanos franceses encienden velas y depositan flores en el lugar del atentado, el 13 de diciembre de 2018. (Reuters)

Delincuente infantil, “islamizado en prisión”

Se habló de que Chekatt podría haber pasado la frontera hacia la vecina Alemania, pero esa posibilidad parece ahora más que nada una maniobra de distracción lanzada por las autoridades para confundir al sospechos. Los asesinos de los miembros de Charlie Hebdo, los hermanos Kouachi, conocían las informaciones que radios, televisiones todonoticias y redes sociales daban sobre su paradero. La policía es consciente que no se puede dar pistas a asesinos informados minuto a minuto.

El alcalde de Estrasburgo no ha tardado en anunciar la reapertura del Mercado de Navidad. Una medida destinada no solo a relanzar la actividad turística y comercial, sino a anunciar a los locales y turistas el retorno a la calma. Pero no a la normalidad. La angustia vivida en la noche del martes será difícil de borrar. La muerte de tres personas, entre ellas un turista tailandés y otro italiano, marcarán para siempre a la ciudad como otro punto negro en la lista de objetivos del terrorismo islamista en suelo francés.

Cherif Chekat, con 27 condenas en solo 29 años de vida, era bien conocido por las autoridades policiales de Francia, Alemania y Suiza. Cinco años de cárcel en diferentes periodos le ayudaron a obtener la licenciatura en islamismo radical que se imparte en los centros de detención franceses sin que hasta el momento las autoridades penitenciarias hayan conseguido frenar este fenómeno. Su radicalización hacia el islamismo armado era también compartida por uno de sus hermanos, fichado S, como él.

La historia familiar de Chekatt, hijo de inmigrantes magrebíes, era bien conocida de sus vecinos. A los 10 años Cherif ya había dado muestras de su futura carrera de delincuente y cometió su primera infracción. Compañeros de colegio, entrevistados por las televisiones con el rostro cubierto, recuerdan a un niño muy difícil que ignoraba cualquier signo de autoridad. Otros allegados hablan de “una familia de locos”. El padre de Cherif, que se divorció de su primera mujer, con la que tuvo dos hijos, fue condenado por agresión a su segunda esposa, con la que tuvo tres hijos más. Historias familiares nada originales que tampoco justifican la deriva asesina del terrorista, como a otros les gustaría deducir.

El Fiscal antiterrorista comienza ahora la investigación para indagar sobre el empleo de tiempo del asesino desde la noche del martes y sobre las personas que hubiera podido contactar o encontrar para ayudarle en su fuga. Sus padres, dos de sus hermanos y un amigo permanecen retenidos por la policía. Cherif ya no puede hablar. Como Mohamed Merah, el asesino de militares y de niños judíos de Toulouse, como los hermanos Kuachi, como Amedy Kulibali, que acabó con la vida de tres personas en el supermercado judío de París, prefirió morir enfrentándose a la policía.

Miembros de las fuerzas especiales de la policía francesa custodian un área cercana al lugar donde se abatió a Chekatt. (Reuters)
Miembros de las fuerzas especiales de la policía francesa custodian un área cercana al lugar donde se abatió a Chekatt. (Reuters)

"Inteligencia con el enemigo"

El atentado de Estrasburgo ha vuelto a relanzar la polémica sobre los fichados como radicalizados islamistas con la letra S (por seguridad pública). Marine Le Pen ha vuelto a sugerir que los extranjeros catalogados así (más de 3000 de los 20.000 fichados S) puedan ser expulsados hacia su país de origen. Responsables del centroderecha, como la Presidenta de la región Ile-de-France (la de París), Valerie Pecresse, piden que los islamistas sean juzgados por “inteligencia con el enemigo”.

La eliminación del terrorista de Estrasburgo supone un respiro para el gobierno de Emmanuel Macron, pero relanza otra polémica. Desde la noche del atentado, las fuerzas políticas, con la excepción de los dos extremos -La Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon, y reagrupamiento Nacional, de Le Pen- habían llamado a desconvocar las manifestaciones de los “chalecos amarillos”, algunos de cuyos responsables habían llamado a mantener las protestas a pesar de la alerta terrorista.

Los sindicatos policiales habían llamado también a una “tregua” en las manifestaciones. Los representantes de las fuerzas del orden aducen que sus afiliados están siendo solicitados desde hace años y la fatiga hace mella entre sus filas. Hay que recordar, además, que las horas extras no pagadas de policías y gendarmes superan los veinte millones (sí, 20). Algunos grupos de “chalecos amarillos” han declarado que después de las concesiones de Macron ha llegado la hora de negociar y evitar que las hordas de salvajes continúen aprovechando las manifestaciones para destrozar y robar. Los más radicales insisten en reunirse, especialmente en París, a pesar de que las manifestaciones no están autorizadas.

En Estrasburgo la polémica “amarilla” estará apagada por el encendido del árbol de la Plaza Kleber. Un evento que como el Mercado de Navidad tiene siglos de vida. Una tradición religiosa y cultural que el islam radical quiere cobrarse como trofeo desde hace casi dos décadas.

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