el plan de interior da sus frutos en parís

Macron evita otra revuelta con el discurso del miedo y una nueva estrategia policial

Macron ha evitado otra revuelta. El cambio de estrategia del ministerio del Interior francés, unido al discurso voluntariamente alarmista del Gobierno, parece haber funcionado

Detenciones preventivas, despliegue reforzado y agentes con equipación ligera y mucho más móviles. Después del fracaso del dispositivo policial del pasado 1 de diciembre, cuando los vándalos arrasaron parte del centro de París durante las manifestaciones de los chalecos amarillos, el ministerio del Interior francés ha decidido cambiar de estrategia para este fin de semana, cuando se preveía “una violencia sin precedentes”. Esto, unido al discurso voluntariamente alarmista del Gobierno, parece haber funcionado.

Más de 8.000 agentes han sido desplegados en la capital (4.000 más que el fin de semana pasado), 89.000 en todo el país. Pero no sólo se ha reforzado el dispositivo, que cuenta con policías y gendarmes. Si la semana pasada el despliegue se basaba fundamentalmente en unidades de entre 60 y 80 agentes antidisturbios fuertemente armados y protegidos que intentaban mantener distancias con los manifestantes, en esta ocasión el ministerio ha optado por grupos de policías vestidos de paisano, equipados con chalecos antibalas, cascos, coderas y rodilleras, pero mucho más ligeros que los antidisturbios y, por lo tanto, más móviles.

Si la semana pasada se esperaba a que los violentos se acercaran a la policía, para entonces repelerlos con gases lacrimógenos y cañones de agua, hoy son estos agentes los que van hacia ellos para, de forma rápida y efectiva, sacar de la masa a los más violentos para ponerlos bajo custodia policial.

Las unidades además están reforzadas por unos vehículos blindados de la gendarmería, una especie de tanquetas utilizas, por ejemplo, durante los disturbios de las barriadas periféricas de París en 2005, pero nunca antes vistas en la capital. Estos vehículos permiten desmantelar rápidamente las barricadas que puedan levantarse y, por lo tanto, evitar que los vándalos se atrincheren en algunas zonas, como sucedió la semana pasada. Los blindados sirven también para bloquear algunas calles, y están situados en las áreas más sensibles.

Esta mañana, por ejemplo, varios de ellos bloqueaban la zona media de los Campos Elíseos, justo donde se encuentran los jardines del palacio del Elíseo, la residencia presidencial. El bloqueo en este perímetro, al igual que en los alrededores de la Asamblea Nacional o el palacio de Matignon, sede del primer ministro, ha sido total y absolutamente infranqueable.

Durante toda la semana, el Gobierno ha transmitido además mensajes alarmistas sobre la que se avecinaba en París y han pedido a los chalecos amarillos moderados que se quedaran en sus casas para no dar alas a los violentos. “Un núcleo duro de varios miles de personas” que vendrían a París para, literalmente y según el Elíseo, “destrozar y matar”. Las alertas han generado esta semana en París una sensación de que la capital se preparaba para una gran batalla, para la invasión de los bárbaros. Comercios, bancos, cafés y oficinas se han blindado con paneles de madera o metálicos.

En los Campos Elíseos, por ejemplo, esta mañana varios operarios se terminaban de colocar unos grandes paneles de madera en la tienda de Disney. Ahmed, uno de los trabajadores, explicaba que no habían parado de trabajar en toda la noche. Atrincherase de esta forma no es barato. “A partir de 3.000 euros. Pero lo que hay dentro vale mucho más”, detallaba Ahmed.

Agentes detienen a un manifestante durante la protesta de los chalecos amarillos en París. (Reuters)
Agentes detienen a un manifestante durante la protesta de los chalecos amarillos en París. (Reuters)

Todo material susceptible de convertirse en proyectil había sido esta mañana retirado de las zonas sensibles. Según el Ayuntamiento más de 2.000 elementos de mobiliario urbano habían sido retirados. La prefectura de Policía también había pedido a las constructoras que se llevaran todo tipo de maquinarias, andamios y materiales de las obras del centro, para evitar que se utilizaran para montar barricadas.

Las zonas donde los manifestantes planeaban concentrase han sido acordonadas desde primera hora de la mañana. Cada persona que quisiera entrar, chaleco amarillo o no, era minuciosamente cacheada y sus bolsos y mochilas registrados. “Toda persona que esconde su cara será considerada como hostil. Llevar un pasamontañas se entenderá como una declaración de malas intenciones”, señalaba una fuente policial al diario “Le Parisien”.

Desde la noche anterior, además, se han realizado controles en las carreteras de llegada a París donde se han requisado todo tipo de objetos que podían servir como armamento, como bates de béisbol, cuchillos, mazas e incluso bolas de petanca. “Nadie viene a jugar a la petanca a los Campos Elíseos”, ironizaba el prefecto de la Policía.

Un blindado de la policía en la Avenue Marceau durante la potesta de los chalecos amarillos en París. (EFE)
Un blindado de la policía en la Avenue Marceau durante la potesta de los chalecos amarillos en París. (EFE)

Este dispositivo más móvil no es, evidentemente perfecto, y la tensión que la semana pasada se concentraba en las calles que desembocan en el Arco del Triunfo hoy se ha desplazado a otros puntos de París, donde comercios y restaurantes seguían abiertos mientras los violentos intentaban levantar barricadas, como se ha podido ver en la zona de Grands Boulevards.

Sin embargo, la policía no les ha permitido hacerse fuertes allí con la ayuda de los blindados los han ido desplazando. Al no permitir a los manifestantes permanecer demasiado tiempo en el mismo lugar, los bomberos pueden operar también más rápidamente. El fin de semana pasado algunos fuegos tuvieron que apagarse con los cañones de agua de los vehículos antidisturbios porque los bomberos no daban abasto.

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