acceso restringido a los campos elíseos

Más de 130 heridos y 288 detenidos en París en las protestas de los 'chalecos amarillos'

El movimiento reivindicativo celebra su tercera jornada de movilización contra la subida del combustible y el encarecimiento de la vida. Las imágenes de hoy pueden empañar su respaldo social

Foto: Choques entre manifestantes y antidisturbios frente al Arco de Triunfo. (Reuters)
Choques entre manifestantes y antidisturbios frente al Arco de Triunfo. (Reuters)

París es un campo de batalla. La protesta de los llamados ‘chalecos amarillos’ contra la subida del combustible ha vuelto a degenerar en intensos disturbios. En torno a 1.500 personas, de los más de 75.000 manifestantes, se han enfrentado a los antidisturbios en el centro de la capital francesa, donde los agentes están utilizando gases lacrimógenos y cañones de agua. El Gobierno francés no descarta decretar el estado de emergencia.

Según las últimas estimaciones de las fuerzas de seguridad galas, más de 100 personas han resultado heridas y 288 personas han sido arrestadas en París. Unas cifras que siguen aumentando según continúan los disturbios en la capital francesa.

Entre los heridos hay 11 policías, una cifra que ha llevado al primer ministro francés, Edouard Philippe, ha comentar en Twitter que está "francamente sorprendido por estos ataques a los símbolos de Francia". Entre otras cosas han aparecido pintadas en la base del Arco del Triunfo que dicen: "Los chalecos amarillos triunfarán".

Las autoridades han limitado severamente el acceso a la manifestación, convocada en los Campos Elíseos, lo que ha hecho que aquellos que venían dispuestos a armar bronca se desplazasen a las calles adyacentes, frente al Arco de Triunfo y alrededores. En algunos casos se han levantado barricadas y a arrancar los paneles de madera que muchos comercios habían colocado para proteger sus escaparates. Un grupo de estos "chalecos amarillos" ha llegado incluso a ocupar la azotea del Arco del Triunfo.

Los ‘chalecos amarillos’ se han extendido ya a otros países, como Bélgica –donde el viernes celebraron una concentración- o España. El movimiento, que según las encuestas cuenta con las simpatías de dos de cada tres franceses, podría ver empañada su imagen por los incidentes de hoy. No obstante, su debilitamiento progresivo es evidente: la de esta semana es la tercera concentración, tras la del 17 de noviembre, que congregó a 282.000 personas en toda Francia, y la de la semana pasada, cuyo número se redujo a 106.000, 8.000 de ellas en París. Cifras, aún así, sensiblemente mayores que las de este sábado.

Manifestantes gritan a los antidisturbios frente a una barricada en llamas en la Place de L'Étoile en París. (Reuters)
Manifestantes gritan a los antidisturbios frente a una barricada en llamas en la Place de L'Étoile en París. (Reuters)

Diálogo fallido

Pero el malestar es una realidad. Ayer, un intento de reunión entre el primer ministro francés, Édouard Philippe, y los portavoces de los ‘chalecos amarillos’ fracasó estrepitosamente después de que la mayoría de los representantes del movimiento decidieran no presentarse. Dos de sus miembros acudieron al Palacio de Matignon, residencia oficial del primer ministro, pero uno lo hizo con media hora de retraso y el segundo accedió por una entrada discreta para no ser visto por la nube de periodistas que los esperaba a la entrada.

El primero de ellos, Jason Herbert, salió del edificio minutos después para decir que se iba por la negativa de Philippe a que el encuentro se emitiera por televisión en directo. "No represento a nadie, o al menos no más que otros", dijo Herbert, que denunció haber recibido "presiones" y "amenazas" de otros "chalecos amarillos" para no asistir y que prefirió no prolongar la discusión con el Gobierno "para no traicionar a nadie". El segundo representante, cuya identidad no fue revelada, dialogó durante más de una hora con Philippe y el ministro de la Transición Ecológica, François de Rugy.

Mientras tanto, el presidente francés Emmanuel Macron, que se encuentra en Argentina para la cumbre del G-20, ve su popularidad erosionada por este tipo de reivindicaciones, y su propuesta de articular mecanismos para limitar el impacto de la subida impositiva al combustible no ha convencido a casi nadie. Escenas como la de hoy pueden volver a repetirse en un futuro próximo.

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