en el centenario de la gran guerra

Bronca entre Trump y Macron por la defensa de Europa

Parece poco elegante sacar a relucir un debate que deja de lado la memoria de los miles de soldados norteamericanos enterrados en suelo francés

Foto: Donald Trump y Emmanuel Macron en el Palacio del Eliseo. (Reuters)
Donald Trump y Emmanuel Macron en el Palacio del Eliseo. (Reuters)
La memoria histórica al servicio de los intereses actuales. Celebrar una victoria por las armas, “sin expresión demasiado militar”. Emmanuel Macron ha justificado así la conmemoración del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, para no herir la sensibilidad de Alemania y de su invitada principal, la Canciller Angela Merkel, a la que necesita para llevar adelante sus proyectos europeos.

Ni la visita de Donald Trump, ni la de Theresa May ni la de los cerca de 60 otros mandatarios internacionales invitados este fin de semana en París podía compararse con el simbolismo del encuentro entre Macron y Merkel. Pero si la paz francoalemana de hace 100 años era evidentemente el acto que debía ser resaltado, no era el momento, según el Elíseo, para hacer desfilar ante la jefa del gobierno alemán a un ejército heredero del vencedor de hace ahora un siglo.

Bronca entre Trump y Macron por la defensa de Europa

Mejor no hablar de derrotas ahora a Merkel ni a los electores alemanes. Sobre todo, si el presidente francés necesita más que nunca a la Canciller - incluso debilitada y pensado ya en su jubilación política – para seguir adelante con sus planes de renovación de la Unión europea, y especialmente, con sus intereses políticos internos.

Ambos líderes han acudido a Compiegne, el lugar donde se firmó el armisticio en 1918, en un vagón-restaurante de ferrocarril, adaptado para el evento. En ese mismo lugar y en ese mismo vagón, Hitler hizo firmar la capitulación a Francia en 1940. Hoy, en una reproducción del utilizado en aquellas dos ocasiones, Merkel y Macron han estampado sus firmas, esta vez para sellar, de nuevo, la reconciliación. El presidente francés ha buscado la foto que simbolizara el momento para la historia y ha tomado cariñosamente la mano de la Canciller. Pero esa imagen no podrá desbancar en la memoria a la emblemática que François Mitterrand y Helmut Kohl protagonizaron en Vedún, en 1984.

Bronca con Trump

La mezcla y el ritmo ininterrumpido de mensajes macronianos también afectó al encuentro de Donald Trump con su anfitrión en París. El mandatario norteamericano consideró ofensivas las palabras de Macron sobre la necesidad de dotarse de un ejército europeo que proteja a la UE de China, Rusia, “e, incluso, Estados Unidos”. El Elíseo quiso arreglar el desaguisado subrayando que Macron se refería “al ciberespacio”. Tras su encuentro en el palacio presidencial, Macron fue mucho más allá en la maniobra de marcha atrás y señaló que estaba de acuerdo con Estados Unidos en compartir la carga de la defensa europea de manera más equilibrada, hablando incluso de llegar al 2% del PIB en la inversión sobre armamento, como demanda la OTAN.

Macron y Trump antes de la reunión en el Eliseo. (Reuters)
Macron y Trump antes de la reunión en el Eliseo. (Reuters)

En momentos de conmemoración de un conflicto, y más se si invita al presidente de un país que ha colaborado en dos ocasiones en la liberación de Francia, parece poco elegante sacar a relucir un debate que deja de lado la memoria de los miles de soldados norteamericanos enterrados en suelo francés. Por mucho que se pueda disentir con la política de Trump, el inquilino de la Casa Blanca estaba estos días en Francia como representante de esos uniformados que murieron combatiendo al otro lado del Atlántico. Macron acompañó a May y, por supuesto, a Merkel en la visita a cementerios o lugares de memoria, pero dejó solo a Trump en su homenaje en los cementerios de norteamericanos. Trump anuló el homenaje a sus soldados a causa del mal tiempo, según sus portavoces.

Para Macron, el recuerdo del armisticio era también el momento de “recordar el lugar particular de Francia en el mundo para promover el multilateralismo”. Otro mensaje de discordancia con su aliado norteamericano. París, que organiza este domingo un Foro por la Paz, con asistencia de políticos, oenegés, empresarios y otros sectores de la sociedad civil, además de dirigentes políticos entre los que destacan sátrapas de distintas latitudes, insiste en la crítica al unilateralismo trumpiano, y aprovecha para resaltar la desvinculación de Washington con el tratado de medio ambiente firmado en París, la salida de Estados Unidos del acuerdo firmado con Irán y las medidas de protección comercial adoptadas por Donald Trump. Sería ingenuo sorprenderse por la no asistencia del presidente norteamericano a esta reunión, llamada de forma cursi “Davos de la paz”, que no servirá para tomar ninguna iniciativa concreta sobre el fin de los conflictos en el mundo, aparte de criticar al presidente de Estados Unidos.

Desavenencias francoalemanas

La visita a Compiegne era el plato fuerte de las conmemoraciones. Macron y Merkel presiden este domingo el encuentro que se celebrará bajo el Arco de Triunfo de París, con el resto de delegaciones extranjeras, y el lunes volverán a distancia a clarificar los desencuentros francoalemanes de las últimas semanas, como las críticas francesas a la suspensión de la venta de armas alemanas a Arabia Saudí, y el desvanecimiento de los tímidos avances alcanzados por los dos gobiernos en la cita de Messeberg, en junio, sobre convergencia fiscal, el presupuesto europeo o la aplicación de un impuesto a los gigantes mundiales de la industria digital. La Canciller tampoco aprueba la estrategia macroniana de enfrentamiento entre “progresistas” y “nacionalistas” en la UE.

La firma de hoy en un vagón de tren simbólico no es seguro que ayude a hacer avanzar a la hasta hace poco llamada locomotora europea. Las cuatro decepciones electorales consecutivas de Angela Merkel y sus aliados socialcristianos tras su gestión de la crisis migratoria han empujado a la jefa de gobierno a iniciar su desenganche del tren continental y a dejar a Macron huérfano de aliados poderosos en una Unión Europea dividida más que nunca. Y lo que antes eran loas y parabienes hacia la componente principal del eje francoalemán se torna ya en críticas de los europeístas oficiales de Francia. “Merkel nunca ha sido muy europea. En realidad, siempre ha actuado para preservar sus intereses. A diferencia de Helmut Kohl, no sabe ni anticipar ni asumir riesgos. Nunca he visto su visión europea, incluido el asunto de la inmigración”. Así despacha a la Canciller el presidente de la Fundación Robert-Schuman, Jean-Dominique Giuliani.

Emmanuel Macron y Angela Merkel en el aniversario del fin de la guerra. (Reuters)
Emmanuel Macron y Angela Merkel en el aniversario del fin de la guerra. (Reuters)

En su doble mensaje europeo e internacional- Macron ha osado, por expresarlo educadamente- comparar implícitamente a Viktor Orban y Matteo Salvini con Hitler o Mussolini. En su campaña electoral para las europeas ya eligió a los líderes húngaro e italiano como sus principales enemigos. Pero recuperar políticamente la memoria histórica por interés político, convirtiendo el debate actual en un mensaje maniqueo y simplista no es garantía de éxito. Atizar la crispación entre “progresistas buenos” y “los malos” de la película europea hace engordar a sus rivales.

“Cristales rotos”

Macron no ha dudado en aprovechar la conmemoración del armisticio de 1918 para hacer paralelismos entre la situación de Europa de entreguerras ya la actual: “Vemos casi metódicamente reproducirse todo lo que marcó la vida en Europa desde el fin de la Primer Guerra Mundial hasta el año 29”. Dicho en otras palabras, lo que él mismo ya denunció como “la lepra nacionalista”o la “soberanía europea sacudida por potencias extranjeras”….

No ha faltado tampoco la utilización de un dato que, siendo espectacular y gravísimo, podría haber sido anunciado antes o después y con la atención y preocupación que merece, fuera de su utilización política coyuntural. Se trata del aumento en un 69 por ciento de los actos antijudíos en Francia desde primeros de año. El anuncio hecho por el primer ministro, Edouard Philippe, se hizo, como no podía ser de otra manera, el día que se celebraba en Alemania el aniversario de la “Kristallnacht”, la “Noche de los cristales rotos”, que se identifica como el pogromo que marca el inicio de la campaña de exterminación de judíos planificada por Hitler. En el original comunicado de jefe del ejecutivo se podía leer que “cada acto antisemita en suelo francés resuena como la rotura de un cristal”.

Debates callejeros ante la crisis de confianza

Emmanuel Macron tiene apenas seis meses para preparar el primer plebiscito sobre su gestión, que se escenificará en los comicios europeos de mayo. No es mucho tiempo para levantar el ánimo de sus conciudadanos, que no ven todavía los frutos concretos de sus reformas. Al contrario; el enfado de los franceses va en aumento a medida que el presidente y su ejecutivo anuncian nuevos impuestos una semana tras otra. La subida de las tasas al gasoil, vendido como una medida ecologista, servirá, sin embargo, para pagar otras necesidades más urgentes que la lucha contra el deterioro del medio ambiente y la salud de la ciudadanía.

Y no son los sindicatos ni los partidos de oposición los que han llamado a manifestarse con diferentes actos el próximo 17 de este mes, sino un movimiento ciudadano surgido desde las redes sociales, que va a aglutinar el cabreo generalizado de la clase media hacia abajo. Por supuesto, Marine Le Pen y, en el otro extremo, Jean-Luc Melenchon, ya se han unido a la protesta, ante las dudas de organizaciones sindicales y otros partidos de oposición.

Macron ha finalizado el sábado un “itinerario de la memoria” por algunos de los principales lugares del norte del país en los que se desarrollaron las batallas de la guerra, en los que ha querido encontrarse con los ciudadanos de la zona. En su política de comunicación se incluía ese enfrentamiento verbal calculado con franceses muy encolerizados por las medidas económicas del gobierno y quizá le haya servido para eliminar esa imagen de presidente de los ricos, urbanófilo y alejado de la Francia periférica.

Pero mezclar la acción política y los símbolos de la memoria puede crear al final una confusión que, como en otras ocasiones, conforme un popurrí (del francés pot-pourri) que haga incomprensible cualquier objetivo. Y más tratándose de la primera cita de su partido en unas elecciones para el Parlamento Europeo.

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