desplome de la cdu y el spd

Los grandes partidos se hunden en Hesse: crecen las grietas en el Gobierno de Alemania

Lo sucedido este domingo confirma la tendencia apuntada en Baviera: la CDU ya no convence a unos electores cansados de la era Merkel. Su futuro se decidirá en el congreso de diciembre

Foto: El primer ministro de Hesse, Volker Bouffier, de la CDU, y el socialdemócrata Thorsten Schäfer-Gümbel, en Wiesbaden, el 28 de octubre de 2018. (Reuters)
El primer ministro de Hesse, Volker Bouffier, de la CDU, y el socialdemócrata Thorsten Schäfer-Gümbel, en Wiesbaden, el 28 de octubre de 2018. (Reuters)

Nuevo mazazo electoral para Angela Merkel. Los comicios de este domingo en Hesse son una grieta más en la ya muy erosionada figura de la canciller. Al igual que hace dos semanas en Baviera, estas elecciones confirman la fuerte pérdida de apoyos de su bloque conservador y el derrumbe hasta cotas inéditas de los socialdemócratas, sus socios en la gran coalición. El suelo está minado para la canciller y las próximas semanas van a ser toda un prueba de supervivencia.

Con la mayor parte del voto ya escrutado, la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel obtuvo el 27,2 por ciento de los votos, lejos del 38,3 por ciento de los comicios previos en Hesse. A continuación, casi empatados, quedaron el Partido Socialdemócrata (SPD) y Los Verdes, con 19,7 y 19,5 por ciento, aunque procedentes de posiciones muy distintas. Los primeros, en caída libre; los segundos, subiendo como la espuma. En cuarta posición quedaron los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD), con un 13,1 por ciento de las papeletas. Por último, se situaron el Partido Liberal (FDP), con el 7,7 por ciento de los sufragios, y La Izquierda, con un 6,4 por ciento.

Volker Bouffier, el conservador al frente del Ejecutivo de Hesse en las últimas cuatro legislaturas, habló de una pérdida de votos "dolorosa" que la CDU tendrá que analizar seriamente. No obstante, subrayó que, siendo primera fuerza, serán los encargados de iniciar los contactos para la formación de un gobierno estable. Este veterano político, cercano a la canciller, recalcó que pese al revés aspira a resultar reelegido jefe de gobierno de este afluente estado federado que acoge a Fráncfort, la capital financiera de Alemania. El candidato socialdemócrata, Thorsten Schäfer-Gümbel, habló de una "tarde dura y amarga" tras cosechar los peores resultados del SPD en Hesse desde la II Guerra Mundial.

¿Qué coalición?

Los conservadores ni siquiera tienen asegurada su continuidad al frente de Hesse, donde gobiernan desde 2001. No pueden reeditar su actual coalición, la que mantenían con Los Verdes. El repunte de los ecologistas, que han logrado doblar sus votos frente a los resultados de hace cinco años, no sirve para enjuagar las pérdidas de la CDU. No suman. Y tampoco podrían tratar de aliarse con el SPD, porque las cuentas tampoco dan. La gran coalición ya no lo es.

Para formar gobierno, los conservadores deberían tratar de conformar un tripartito en el que incluir a los liberales y alguna de las dos grandes fuerzas de centro-izquierda. Pero estos pactos a tres bandas son difíciles y, en muchos casos, programáticamente insatisfactorios. Difíciles de explicar a los militantes por las cesiones que implican. En el recuerdo está el fracaso del último tripartito intentado a nivel federal. Cuando la canciller trato de formar una inédita coalición "Jamaica" y aglutinar en el Ejecutivo de Berlín a conservadores, liberales y verdes. Resultó un sonoro fracaso.

En el peor escenario, la CSU podría incluso acabar en la oposición. Esto podría suceder si Los Verdes y los socialdemócratas logran sumar a un proyecto político conjunto a los liberales (si esta coalición a tres bandas acaba sumando los escaños suficientes). La opción del tripartito de izquierdas, donde a Los Verdes y al SPD se sumaría La Izquierda, parece numéricamente descartada. Y AfD, como en el resto del país, sigue al otro lado del cordón sanitario y nadie está dispuesto siquiera a hablar con este partido por sus proclamas xenófobas y nacionalistas.

Angela Merkel durante una rueda de prensa en Praga, el 26 de octubre de 2018. (Reuters)
Angela Merkel durante una rueda de prensa en Praga, el 26 de octubre de 2018. (Reuters)

El congreso y los detractores

Pero el temblor de este seísmo va mucho más allá de Hesse. Merkel se encuentra en un momento de gran debilidad y estos resultados adversos dan argumentos a quienes quieren tumbar a la canciller y a su maltrecha gran coalición. Sus detractores crecen por momentos. En los medios de comunicación, en el resto de partidos y entre su propias filas. Tras trece años al frente del Gobierno alemán, muchos la consideran agotada, falta de fuerzas e ideas. Incapaz de resolver los grandes temas que tiene sobre la mesa, de la gestión de la inmigración -que sustenta parcialmente la demagogia ultraderechista- al escándalo del fraude de las emisiones en los motores diésel, pasando por las políticas de dependencia, los déficit en infraestructuras y la lucha contra el cambio climático.

Algunos expertos argumentan que estos resultados de Hesse -más aún, una hipotética pérdida del poder- pueden ser el catalizador que acelere la caída de la canciller. Un paso decisivo en esta dirección podría darse a principios de diciembre, en el congreso de la CDU del 6 al 8 de diciembre en Hamburgo. La canciller quiere ser reelegida presidenta de su formación. Así lo ha repetido en varias ocasiones en las últimas semanas. A su juicio, la cancillería y la presidencia del partido deben estar “en las mismas manos”.

No obstante, algunos sectores de la CDU -especialmente miembros de los círculos más conservadores y de los más jóvenes- quieren empezar a trazar un nuevo camino y perfilar la sucesión. Elegir a otro presidente sería un indicador inequívoco de que son ya en el partido mayoría los que tratan de pasar página. Amagos ya ha habido recientemente. Sus detractores internos han empezado a contradecirle en público, rompiendo otro tabú entre los conservadores. El mes pasado, Volker Kauder, el candidato respaldado por la canciller para la jefatura del grupo parlamentario conservador -que llevaba una década en el cargo- perdió su puesto en una votación interna en favor de Ralph Brinkhaus, un rostro casi desconocido que había prometido reformas, pero ninguna revolución. Ser un rostro fresco le bastó para ganarse a los descontentos con Merkel.

El SPD, en coma

La situación casi comatosa de los socialdemócratas tampoco facilita las cosas a la canciller. El derrumbe del SPD se ha acelerado a raíz de la reedición, el pasado marzo, de la gran coalición en Berlín. La tercera de las últimas cuatro legislaturas, normalizando un pacto contra natura en principio para tiempos excepcionales. Los sondeos de intención de voto a nivel federal les pronostican mínimos históricos -hasta un 15 por ciento- y vienen a respaldar los varapalos en las urnas de Baviera y Hesse. Y la madre de todos sus problemas es la gran coalición. Su dirección sufre una absoluta crisis de liderazgo y las bases rechazan que el partido siga yendo de la mano de la CDU (ni siquiera por responsabilidad y sentido de estado). Así que el nuevo aldabonazo de este domingo podría acelerar la caída de la dirección socialdemócrata o llevarles a dar un golpe de timón y abandonar el Gobierno alemán, dejando a los conservadores en minoría y forzando la convocatoria de elecciones anticipadas.

Los resultados en Hesse vienen a dar la razón a quienes apuntan el deterioro de los grandes partidos tradicionales de Alemania, los que han diseñado el camino de la primera economía europea en las últimas siete décadas y contribuido de forma decisiva a que la Unión Europea (UE) sea hoy lo que es. A su vez, fruto de la fragmentación, surgen nuevos actores políticos. De un lado Los Verdes, que han logrado asentarse y prosperar moderando su discurso, para hacerlo más apetecible para las clases medias acomodadas. De otro, los ultraderechistas de AfD, que deben aún demostrar si son capaces de consolidarse en el escenario político alemán. Su actual éxito -ha conseguido en apenas cinco años representación en el Bundestag, los 16 estados federados y el Parlamento Europeo- encierra un evidente fracaso. No se han acercado ni un milímetro al poder. Porque todos los demás partidos los siguen considerando unos apestados.

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