la ue pierde uno de sus mayores pilares

El canto de cisne de Merkel: fin de una era

En pleno auge de la extrema derecha y de la polarización política tanto en Alemania como en Europa, se pierde uno de los referentes que más han marcado el destino del continente

Foto: Merkel no se presentará a reelección como presidenta de la cdu, según medios
Merkel no se presentará a reelección como presidenta de la cdu, según medios

Trece años de canciller. Dos lustros delimitando el sendero por el que camina la Unión Europea. Casi dos décadas al frente del partido más potente de Alemania. Y menos de treinta meses por delante de un mandato que pocos creen ya que vaya a terminar. Angela Merkel ha comenzado hoy su retirada. Renunciar a seguir liderando la conservadora CDU es solo el primer paso. La carrera de la sucesión está abierta, pero aún llevará meses, incluso un par de años. En pleno auge de la extrema derecha y de la polarización política tanto en Alemania como en Europa, se pierde uno de los referentes que más han marcado el destino del continente.

Tanto amigos como enemigos entendieron que Merkel se presentaba a esta cuarta legislatura para dejar un legado. Los más optimistas pensaban que, una vez pasada la tormenta de la crisis financiera en la que Alemania se convirtió en el ancla -y también látigo- de la eurozona, la canciller germana osaría al fin ser osada. Se creyó que su política de abrir las fronteras a los refugiados durante la crisis de 2015, en contra del sentir mayoritario en los países de la Unión Europea y, muy especialmente, de sus vecinos del este, era un primer precedente. Se soñó con que tomaría la iniciativa y, junto al presidente Emmanuel Macron, impulsaría las reformas que el euro necesita desde hace décadas o proyectos siempre estancados, como el desarrollo de una unión de Defensa.

No ha podido ser. Una vez más, el ciclo político no acompaña. Merkel empezó esta legislatura desinflada, tras unos pobres resultados que la obligaron a mantener meses de negociaciones con la oposición y una ciudadanía convencida de que no llegaría a 2021. Logró finalmente reeditar la Gran Coalición con el Partido Socialista, pero con una opisición de base entre sus socios que Martin Schulz tuvo que dimitir. Ha tenido que contenter de manera continua las luchas de poder interno. Ha visto su poder cuestionado desde su aliado más cercano, la CSU bávara. Incluso ha tenido que pedir perdón a los alemanes por liderar un ejecutivo tan centrado en si mismo que apenas tiene tiempo para poner sobre la mesa respuestas a las preocupaciones de los votantes, que elección regional, tras elección regional, confirman su deseo de un cambio.

Tras el nuevo revés de Hessel, donde se sitúa el mayor enclave financiero de la Europa continental, Frankfurt, la debilidad de Merkel es imposible de negar. Y la canciller ha optado por reconocerlo, en una decisión que augura un nuevo parón en las políticas comunitarias. Precisamente en uno de los momentos más difíciles que atraviesa la Unión Europea. Las negociaciones del Brexit siguen en dique seco, mientras la UE y Reino Unido se encaminan a un escenario de alto riesgo: esperar a que la presión les empuje a tomar una decisión de última hora, arriesgándose a que un tropiezo termine en un caos sin precedentes a partir del 29 de marzo.

La canciller alemana, Angela Merkel, ofrece una rueda de prensa en Berlín. (EFE)
La canciller alemana, Angela Merkel, ofrece una rueda de prensa en Berlín. (EFE)

Las elecciones europeas también se acercan, y la extrema derecha y los euroescépticos de todo el arco parlamentario sacan músculo. A partir de mayo, se da por hecho que el paisaje político de la UE cambiará por completo: Más ultras, más críticos con el proyecto común, más polarización. Los partidos tradicionales, tanto conservadores como socialistas, siguen perdiendo apoyos frente a unas nuevas formas de entender y hacer política más imprevisibles y más nacionalistas.

Merkel es parte de esa vieja guardia. Pero, también, era una garantía de estabilidad. Es la jefa de Estado y de Gobierno con más experiencia de los 28 que se sientan a la mesa de discusiones al más alto nivel europeo. Conoció los buenos momentos y el comienzo de la sucesión de crisis que ha culminado en una pérdida de confianza de los ciudadanos hacia los partidos tradicionales y, también, hacia buena parte de las instituciones en las que se cimenta la democracia liberal.

La canciller se rinde a la evidencia: Aunque quizás, sea más necesaria que nunca, su tiempo ha pasado. Y ha decidido ir abriendo paso a los que vienen detrás, dentro de su propio partido. Tampoco tenía opción: desde que en marzo Merkel logró renovar la gran coalición, la CDU lleva acumulando titulares en los que se lee "los peores resultados lectorales" en medio siglo. La presión se está haciendo insostenible. Pero Merkel dejará un gran vacío, en Alemania, y en la Unión Europea. La cuestión ahora es quién y, sobre todo, con qué ideas ocupará su espacio.

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