irlanda del norte sigue siendo el gran problema

Brexit: últimos días para evitar (o no) un salto al vacío...

Si se da la tecla adecuada, el negociador británico viajaría mañana a Bruselas para sellarlo y presentarlo el miércoles a los líderes europeos. Pero sigue el problema de Irlanda del Norte

Foto: Foto: Reuters.
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Llegó el momento de la verdad. Tras dos años en los que la sorpresa, el luto, el caos político, las tensiones y, al fin, los avances se han sucedido, ha llegado la semana marcada en rojo en los calendarios de uno y otro lado del Canal de la Mancha. Estos días de mediados de octubre, en los que se celebra la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea en la que se avisó a Londres que sus socios esperaban tener sobre la mesa un acuerdo sobre el Brexit. Quizás no un acuerdo completamente cerrado, pero sí uno lo suficientemente consistente como para respirar tranquilos.

Quedan tres días para la cena que los líderes europeos celebrarán en Bruselas sin la 'premier' británica, Theresa May, para evaluar los progresos finalmente alcanzados. Todos coinciden en que el acuerdo está a punto de caramelo. Pero queda aún lo más difícil: qué hacer con la frontera entre la provincia británica de Irlanda del Norte y el de la isla de Irlanda. Una cuestión extremadamente sensible, en la que se mezcla el doloroso recuerdo de un conflicto armado, cuestiones identitarias, religiosas y de soberanía nacional. Un combinado que choca con las líneas rojas que la Unión Europea no puede cruzar sin renunciar a sí misma: la defensa de las cuatro grandes libertades de las que gozan sus ciudadanos y el mercado interior.

May no solo tiene que estar pendiente de las negociaciones con Bruselas, sino también de la oposición interna. (Reuters)
May no solo tiene que estar pendiente de las negociaciones con Bruselas, sino también de la oposición interna. (Reuters)

Pese al desencuentro que tensó las cuerdas durante el último cara a cara de May con sus socios en la cumbre celebrada en Salzburgo hace un mes, ambas partes han encarado esta recta final con optimismo. "Necesitamos una solución sobre la cuestión de la frontera (de Irlanda) y la forma de evitar los controles fronterizos. Es algo que es el foco de nuestro trabajo. Parece posible que haya un avance decisivo", aseguró este viernes el comisario europeo de Presupuesto, el alemán Günther Oettinger, conocido más por sus salidas agoreras que por ser positivo.

No obstante, "es muy pronto para poner el champagne en el hielo". Lo advertía el número dos del gobierno británico, David Lidington, el miércoles. Nada ha cambiado a lo largo de este fin de semana, que ambas partes consideraban clave para tener algo preparado este lunes. De lograrse dar con la tecla adecuada que permita seguir adelante y tener el progreso suficiente para el miércoles, el negociador británico, Dominic Raab, viajaría mañana a Bruselas para tratar de sellar el pacto a más alto nivel, tal y como explica Bloomberg. La presencia de Raab sería una gran noticia, que abriría la puerta a que May se uniera a la cena de líderes el miércoles para, quizás sí, abrir el champagne.

Michel Barnier, negociador de la UE para el Brexit, con su homólogo británico, Dominic Raab, en Bruselas. (Reuters)
Michel Barnier, negociador de la UE para el Brexit, con su homólogo británico, Dominic Raab, en Bruselas. (Reuters)

El objetivo es que el jueves, cuando en principio finalizará la cumbre europea de esta semana (el viernes los líderes seguirán en Bruselas para el encuentro con sus homólogos asiáticos en la cumbre de UE-Asia), el acuerdo de divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea —y la consecuente transición que dará el tiempo necesario para negociar un acuerdo futuro que encarrile las relaciones entre ambas partes— esté tan cerrado que en noviembre pueda firmarse, a tiempo para que se tramite en todos los países e instituciones europeas. Pero todavía no se pueden lanzar las campanas al vuelo. Esta noche, está previsto que los técnicos que trabajan en las negociaciones valoren los avances logrados.

El problema es, como dice uno de los lemas más escuchados en los pasillos de las instituciones europeas, que "nada está acordado hasta que todo esté acordado". Un tropiezo en la recta final puede resultar fatal. Y, además, incluso si se logra un pacto, el éxito no está garantizado: faltaría que May logre que no se lo tumben en Londres. Pero, tal y como preconiza la sabiduría popular británica, "we will cross that bridge when we come to it" (cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él).

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