principio y fin de las guerras en europa

106 años de la Primera Guerra de los Balcanes: así se formó el polvorín de Europa

Más allá de un conflicto regional, la formación de la Liga Balcánica para expulsar al Imperio otomano barajó las cartas de la Gran Guerra que cambiaría el orden mundial

Foto: Representación pictórica de la rendición de Jánina (C.C.)
Representación pictórica de la rendición de Jánina (C.C.)

Tal día como hoy, en 1912, daba comienzo la Primera Guerra de los Balcanes, un conflicto que desplegaría las cartas para la Gran Guerra. Bajo el manto de la Liga Balcánica, formada por Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro para expulsar de Europa al Imperio Otomano, la diplomacia de las grandes potencias jugaba ya a reordenar el estatus geopolítico.

La contienda arrancaría formalmente con la entrada de tropas montenegrinas en Novi Pazary, tal y como explica el catedrátido de Historia Contemporánea José Girón en 'Los Balcanes: del Congreso de Berlín al nacimiento de Yugoslavia'. Apenas un mes después, los griegos ocupan Salónica y los serbios llegan al Adriático, al tiempo que los aliados liberan Macedonia y los búlgaros avanzan hasta las puertas de Constantinopla. Los turcos se ven obligados a pedir un armisticio que se prolongará hasta el golpe militar de Enver Bey, quien reanimaría las hostilidades.

La nueva fase de la guerra terminará por dinamitar el Imperio Otomano que, tras la firma del tratado de Londres en mayo de 1913, perderá prácticamente todos sus territorios europeos. Como resultado, Grecia se anexiona Salónica, el sur de Macedonia y Creta; Serbia se queda con el norte de la patria de Alejandro Magno y Kosovo; y Bulgaría con Tracia y una pequeña zona costera en el sur del mar Negro.

La línea roja marca los territorios que pertenecían al Imperio Otomano antes de la Guerra de los Balcanes (C.C)
La línea roja marca los territorios que pertenecían al Imperio Otomano antes de la Guerra de los Balcanes (C.C)

Aunque la coalición logró la mayor parte de sus objetivos, las grandes potencias continentales consiguieron imponer sus intereses. El Imperio austroúngaro impidió que Serbia tuviera salida al mar Adriático con la creación de una Albania independiente, mientras que Rusia recuperó su influencia sobre los pueblos eslavos y mantuvo vivas sus aspiraciones expansionistas.

No obstante, la ciudad del Támesis atestiguó las reivindicaciones geopolíticas que conducirían a la Primera Guerra Mundial. Mientras que Austria-Hungría recelaba de Serbia, cuyas ansias territoriales ponían en riesgo su hegemonia, Rusia escudó su control moral sobre Serbia y Montenegro en el respaldo al cristianismo ortodoxo e Italia reclamó para sí el territorio albano. Por su parte, Gran Bretaña, Alemania y Francia temían la creación de una potencia regional.

El pastel se cortó de nuevo, pero no todos los comensales estaban conformes con el reparto. Serbia había derrotado a los turcos y se había impuesto a Bulgaría, logrando apoderarse de gran parte de Macedonia y Kosovo, pero soñaba con seguir ampliando sus fronteras. En plena efervescencia nacionalista, el Gobierno concebía como una gran afrenta que Austria-Hungría se hubiese anexionado Bosnia y Herzegovina, donde gran parte de la población era serbia.

Tal era el contexto el 28 de junio de 1914, cuando el archiduque Francisco Fernando. heredero del Imperio austrohúngraro, visitaba Sarajevo en el marco de unas maniobras militares que tenía previsto supervisar. La jornada coincidía con el Vidovda, la fiesta nacional de Serbia en conmemoración de la mítica batalla de Kosovo Polje, por lo que su presencia fue vista como una provocación que desembocaría en un magnicidio capaz de quebrar los frágiles equilibrios de poder en Europa.

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