seis mítines en diez días

Trump convierte la campaña de las 'midterm' en un baño de masas permanente

El apoyo del presidente a los candidatos republicanos en algunos estados atrae gente y votos, pero también genera problemas, desde eclipsar al candidato a los ingentes costes

Foto: El presidente Donald Trump se dirige a sus seguidores durante un mítin de campaña en el Centro Cívico Mayo en Rochester, Minnesota, el 4 de octube de 2018. (Reuters)
El presidente Donald Trump se dirige a sus seguidores durante un mítin de campaña en el Centro Cívico Mayo en Rochester, Minnesota, el 4 de octube de 2018. (Reuters)

El político más entretenido del planeta vuelve a estar de gira. Aunque en realidad nunca ha dejado de estarlo. El presidente estadounidense, Donald Trump, visita seis estados en diez días para arengar a los votantes republicanos y contrarrestar la palpable movilización progresista de cara a las legislativas. Los mítines de Trump son su bombona de oxígeno; el cordón umbilical entre el líder y las bases. Una fuente de votos, titulares... Y abultadas facturas.

Como un general a caballo en el fragor del combate, Donald Trump se desplaza allí donde las tropas conservadoras requieran apoyo moral. La primera parada ha sido Minnesota, en la que dos candidatos republicanos necesitaban refuerzos; luego Kansas, Iowa, Pensilvania, Ohio y Kentucky. Los republicanos se enfrentan a la propia inercia de la historia. Cuando hay elecciones legislativas, el partido del presidente suele perder el control de la Cámara de Representantes. Ha sido así el 92% de las veces desde 1865.

En esta ocasión los demócratas necesitan una ventaja del 8% de los votos, o 23 escaños, para recuperar la cámara baja. La mayoría de encuestas dicen que este objetivo, probablemente, se cumplirá. Pero en los últimos días ha habido un repunte del entusiasmo republicano, azuzado quizás por el agrio debate a raíz de la confirmación en el Senado del juez Brett Kavanaugh, acusado de abusar sexualmente de una mujer cuando ambos iban al instituto.

Si bien es habitual que un presidente participe en la campaña de las elecciones legislativas, los mítines de Donald Trump han ido mucho más allá tanto en cantidad como en calidad. En cantidad, porque ha dado más de cuarenta mítines desde que ganó las elecciones en noviembre de 2016. Una media de casi dos mítines al mes, algo atípico en alguien que ya está en el despacho oval. Y en calidad, porque absorbe toda la atención y el oxígeno de la sala. Con Trump viene mucha gente. Miles y miles de personas hacen cola durante horas en filas kilométricas. Pero el candidato local, que se supone que ha de conquistar o retener un escaño, suele quedar totalmente fuera de foco.

“Los mítines de campaña a los que acude el presidente Trump son, en lugar de eso, mítines de campaña de Trump”, escribe Phillip Bump en The Washington Post. “Con el candidato [local] generalmente recibiendo unos pocos minutos para hacer algunos comentarios y Trump empleando algo de tiempo en elogiarlos y en criticar a los oponentes”.

Quizás sea eso lo único que haga falta: el propio Trump. Las encuestas reflejan que el mandatario, sólo con su mensaje, tiene doblegado al Partido Republicano. Aquellos congresistas críticos con el presidente se desploman en los sondeos; por eso, de los 33 republicanos que dejarán su cargo este año, sólo dos de ellos apoyaron a Trump en campaña. Y lo contrario: los 35 candidatos republicanos que recibieron la simpatía de Trump, de un total de 37, ganaron sus respectivas elecciones primarias.

Partidarios de Donald Trump en Rochester. (Reuters)
Partidarios de Donald Trump en Rochester. (Reuters)

Los costes de la campaña sin fin

Pero hacer campaña no sale barato. Los refuerzos policiales, los bomberos de guardia, las barricadas o la luz que baña los estadios pueden costar un buen pico. Especialmente en el caso de Donald Trump, cuyos mítines han llegado a costar cerca de medio millón de dólares, como fue el caso de uno que dio en Phoenix. Una factura que, además, suelen pagar los contribuyentes.

Según una investigación del Centro para la Integridad Pública (CPI, por sus siglas en inglés), publicada a principios de 2017, al menos tres docenas de municipios y agencias de seguridad han tenido que pagar de su bolsillo el gasto de los mítines de campaña de los candidatos presidenciales. “Apreciamos, y nos sentimos honrados, cuando los candidatos vienen a Green Bay”, dijo Celestine Jeffreys, jefa de gabinete del alcalde de esta localidad de Wisconsin. “También estamos muy agradecidos cuando saldan sus deudas”.

Dice el CPI que este problema, atribuido en general a todas las campañas, a derecha e izquierda, suele ser más grave en el caso del actual presidente, cuyos mítines tienden a ser más incendiarios, atraer a más gente y también más protestas. A fecha de enero de 2017, el equipo del republicano debía más de 200.000 dólares en gastos de seguridad a diferentes minicipios.

Otra novedad respecto a los mítines de Trump es que su organización, más allá de lo que gastan las alcaldías que lo acogen, no la paga la Casa Blanca, sino la propia campaña de Trump. Tradicionalmente, cuando un presidente se desplaza para dar un discurso en el que puede presumir de agenda, o defender su gestión, es el erario público quien lo financia. Un presidente sólo recurre a su propia máquina hacia el final de la campaña, cuando ya tiene rivales a los que batir. Donald Trump, sin embargo, nunca ha dejado de usarla.

“Él es el primer presidente al que le importa más, tan temprano, su base que los votantes indecisos”, declaró a la CNN Jim Messina, el jefe de campaña de Barack Obama en 2012. Según este operativo demócrata, el hecho de financiarse a sí mismo permite a Trump más flexibilidad a la hora de organizar los mítines y de hablar en ellos. “Él hará y dirá cosas que la mayoría de los nuevos presidentes jamás dirían, dado que estos buscaban unir a la nación, o al menos ser percibidos como si lo hicieran”, dijo Messina el año pasado.

Una vez más, llegamos a la esencia misma de Donald Trump, a su gran secreto, sea candidato o presidente: la base electoral. Ese Santo Grial que le dio la victoria en 2016, que tiene al partido maniatado y que lo puede reelegir en 2020, y que por tanto él necesita honrar todo el rato con incienso, velas, rezos y carantoñas. En este momento, seis mítines en diez días.

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