el contacto pone en peligro su supervivencia

Ya no es solo el aceite de palma: la nueva amenaza a los orangutanes somos los turistas

Están en peligro de extinción por la destrucción de su hábitat para convertirlo en plantaciones de aceite de palma. El contacto con turistas puede ser la última amenaza para su supervivencia

Foto: Un orangután camina sobre un árbol en Bukit Lawang, Bahorok. (Reuters)
Un orangután camina sobre un árbol en Bukit Lawang, Bahorok. (Reuters)

Al final de una tortuosa carretera llena de baches, un arco descolorido anuncia a los turistas que su destino está próximo. ‘Bienvenido a Bukit Lawang’, reza la precaria puerta. Hay una pequeña cola de coches para entrar, la mayoría llenos de turistas. Bukit Lawang ya no es el tranquilo pueblo ribereño de hace un par de décadas y hoy se ha convertido en uno de los principales lugares de ecoturismo de Indonesia gracias a uno de sus peludos vecinos: los orangutanes de Sumatra.

Sumatra es una de las dos únicas islas en el mundo que albergan ejemplares en libertad de estos grandes primates cuya población ha caído rápidamente por la destrucción de su hábitat natural, convertido hoy en plantaciones de aceite de palma, de pulpa de papel, en minas, o en presas, entre otros. Se calcula que quedan menos de 14.000 orangutanes de Sumatra, mientras que sus parientes cercanos, los orangutanes de Borneo, son algo más numerosos, con entre 55.000 y 105.000 ejemplares. Recientemente se catalogó además una nueva subespecie en una región al sur de Sumatra, los tapanuli, que con menos de 800 ejemplares están en serio peligro de extinción.

El aspecto entrañable de los orangutanes los han convertido en un potente reclamo para miles de turistas que cada año viajan a Indonesia. Y para muchos conservacionistas, en una oportunidad de convencer a las comunidades locales de la importancia de conservar la menguante selva para que los turistas no se vayan cuando los orangutanes desaparezcan.

Sin embargo, algunos temen que éstos sean más una amenaza que una salvación para estos primates. Así, el pasado mes de julio dos orangutanes bebés aparecieron muertos en Bukit Lawang, algo que varios biólogos sospechan que podría estar relacionado con la presencia de turistas en la zona. “Hay indicios de que las muertes están relacionadas con el contacto de los orangutanes con los turistas”, explica Panut Hadisiswoyo, director del Orangutan Information Centre, una de las principales organizaciones que trabajan en la conservación de orangutanes en la región. Así, según el biólogo, los orangutanes comparten el 97% del ADN con los humanos y la transmisión de enfermedades entre ambos es sencilla.

Ver orangutanes en libertad no es fácil. Son animales territoriales que viven la mayor parte de su vida, salvo excepciones, en soledad, por lo que la densidad de población es baja. Los seres humanos forman además parte de los animales no bienvenidos en su territorio por lo que suelen ser reacios a acercarse cuando alguien camina por el bosque.

Algo que no pasa en Bukit Lawang porque los orangutanes que allí viven son diferentes: no son completamente salvajes. Así, la mayoría de los orangutanes que habitan en la zona proceden de un antiguo centro de rehabilitación fundado en 1973 por dos zoólogos suizos. A principios de los años 90, la zona empezó a recibir un número creciente de turistas que querían ver a los los orangutanes que habían sido liberados en el parque protegido de Gunung Leuser que rodeaba el centro, y los problemas comenzaron.

Para poder ver a los orangutanes de cerca, se establecieron plataformas para alimentarlos donde los turistas podían situarse a apenas unos metros de los primates, posibilitando los contagios. Las plataformas están hoy prohibidas y un gran cartel avisa a los visitantes de que no deben alimentar a los animales. Pero no todos han seguido las instrucciones. “Algunos guías son irresponsables y siguen alimentando a los orangutanes porque los turistas quieren que se acerquen para hacerse una foto con ellos”, explica Wisnu, un guardia forestal que trabaja también como guía de forma esporádica.

Conservacionistas rescatan a una hembra de orangután que había quedado aislada en una pantación de aceite de palma, en Langkat, Sumatra. (Reuters)
Conservacionistas rescatan a una hembra de orangután que había quedado aislada en una pantación de aceite de palma, en Langkat, Sumatra. (Reuters)

Un modelo en cuestión

Jackie se pasea por uno de los campamentos habilitados para que los visitantes pasen la noche cuando entran en el parque como si fuera un turista más. Se acerca a los curiosos y husmea entre las bolsas en busca de comida. Tras no encontrar nada interesante, se sienta al lado de un grupo de turistas que hablan a la orilla del río que pasa por la zona. En la espalda, lleva una gran hoja como si fuera una mochila. “Es posible que lleve la hoja porque echa de menos a su bebé”, asegura el guardia forestal Wisnu. “Es como si todavía llevara al bebé consigo”.

Jackie, como la conocen guías y guardas, es la madre de uno de los bebés fallecidos el pasado mes de julio. “Es uno de los orangutanes más abiertos a tener contacto con los humanos y por eso pensamos que su bebé ha podido morir por un posible contagio”, explica Wisnu. El problema no se limita a Jackie y los otros orangutanes de la zona. Los contagios pueden afectar también a otros primates salvajes que pudieran tener contacto con los ejemplares procedentes de Bukit Lawang.

“Bien gestionado el ecoturismo puede aliviar la presión que hay sobre los bosques porque genera recursos para las comunidades locales y no necesitan la tierra para cultivar”

“Todos los orangutanes que potencialmente tienen contacto directos con los orangutanes salvajes deberían estar aislados físicamente de forma completa de los visitantes para minimizar los riesgos de transmisión de enfermedades a las poblaciones salvajes”, aseguraba en un informe1 Ian Singleton, director del Sumatran Orangutan Conservation Programme, una organización con un centro de rehabilitación en la ciudad cercana de Medan, entre otros proyectos. Según el primatólogo, la distancia mínima debe ser de 20 metros, mientras que aquellos que cuidan de los orangutanes y tienen contacto directo con ellos deben someterse a tests frecuentes de enfermedades como el VIH o la tuberculosis.

Algunos se plantean ahora el futuro de este modelo y sus riesgos. El rápido incremento de turistas durante los últimos años ha llevado a que las malas prácticas se multipliquen y a que la selva que rodea Bukit Lawang esté a menudo abarrotada. Sin embargo, los 'eco-resorts' y otros hoteles siguen expandiéndose por las orillas del río que atraviesa Bukit Lawang.

Pero la ecuación no es sencilla, porque la tierra en la que viven Jackie y los otros orangutanes es uno de los bienes más codiciados por inversores, pequeños campesinos y grandes empresas agrícolas. “Bien gestionado el ecoturismo puede aliviar la presión que hay sobre los bosques porque genera recursos para las comunidades locales y no necesitan la tierra para cultivar”, asegura Panut Hadisiswoyo. El propio Bukit Lawang es un ejemplo de esa presión y hasta el último centímetro de espacio no protegido que rodea la entrada del parque está ocupado por plantaciones de caucho y de aceite de palma. “La única manera que puede asegurar la supervivencia de los orangutanes es que se preserve el bosque que aún existe”, afirma Panut. “Pero el aceite de palma se sigue expandiendo. Necesitamos encontrar la manera de que sea sostenible”.

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