aislacionismo y rechazo de la inmigración

El auge de los 'paleoconservadores': de la irrelevancia a dominar la derecha de EEUU

La que hasta ahora había sido una corriente minoritaria en el espectro conservador estadounidense ha pasado a cobrar un protagonismo inusitado, alimentado por Donald Trump

Foto: Las sombras de partidarios de Donald Trump se proyectan sobre la bandera estadounidense durante un acto en Las Vegas, el 20 de septiembre de 2018. (Reuters)
Las sombras de partidarios de Donald Trump se proyectan sobre la bandera estadounidense durante un acto en Las Vegas, el 20 de septiembre de 2018. (Reuters)

El sólido mundo bipartidista de antaño es historia, y de sus restos, como de un naufragio, han brotado una serie de bloques políticos antes marginales, disfrazados aún bajo el manto del bipartidismo. A veces es difícil saber qué se tiene delante: ¿un demócrata socialista? ¿Un nacionalista MAGA? ¿Un vocero de la alt-right? Tomen nota de esta etiqueta: “paleoconservador”. Suena a rareza minoritaria, pero estos guardianes de las esencias se han convertido, tras muchos años, en la fuerza dominante de la derecha estadounidense.

Los paleoconservadores “se adhieren a la típica tríada conservadora de nacionalismo, mercado libre y tradicionalismo moral, pero ponen más peso en la pata nacionalista”, escribía Dylan Matthews en 2016. Esto los lleva “a una forma más estridente de política anti-inmigración que a veces deriva en racismo, una política exterior aislacionista (...) y un profundo escepticismo respecto a la globalización que los enfrenta a un importante elemento del mundo de los negocios”. Un credo político reflejado, negro sobre blanco, en las palabras y acciones del presidente de EEUU, Donald Trump.

Hubo una época en que Estados Unidos no quería saber nada del resto del mundo (salvo de su vecindad inmediata: Centroamérica y el Caribe). El país aún estaba conociéndose a si mismo, abriendo rutas, creciendo hacia adentro. Y sus habitantes descendían, en gran parte, de personas que habían huido de las persecuciones, las guerras y el hambre que palpitaban en la vieja Europa, de la misma forma que un sirio o un salvadoreño de hoy pondrían tierra de por medio. América había nacido en una guerra contra el antiguo régimen europeo, y no había motivo alguno para volver a enredarse con esa gente.

Esta tendencia de fondo, el aislacionismo, se desvaneció, a golpe de globalización y de guerras mundiales, en el siglo XX, pero algunas de sus visiones resistieron el paso de las décadas. En 1910 surgió la llamada 'Old Right', o “vieja derecha”, una corriente informal dentro del Partido Republicano que rechazaba el intervencionismo y abogaba por volver a las esencias conservadoras y aislacionistas de los viejos Estados Unidos.

Estas ideas fueron defendidas por un histórico senador de Ohio, Robert Taft, en los años treinta y cuarenta. Miembro de una famosa dinastía polítca, el senador Taft se opuso al New Deal del presidente F.D. Roosevelt y a la entrada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial. Pese a sus valores conservadores, Robert Taft no veía a la Unión Soviética como un gran enemigo y rechazó la creación de la OTAN. Su postura se volvió irrelevante a medida que Estados Unidos y las multinacionales se imponían en el mundo mediante el intervencionismo y el libre comercio. Taft murió en 1953.

El candidato paleoconservador Pat Buchanan, en 2000. (Reuters)
El candidato paleoconservador Pat Buchanan, en 2000. (Reuters)

La cruzada paleocon

La 'Old Right' sobrevivió hecha jirones, de manera parcial, en publicaciones de la derecha como The National Review y en el mensaje de algunos republicanos díscolos. Hasta que, a finales de los ochenta, tuvo una segunda oportunidad. El bloque socialista se había deshecho, lo cual hizo que mermase el interés en política exterior, y nacieron los grandes tratados comerciales que dejarían a la clase obrera un poco más desprotegida. En este nuevo escenario, las campañas de Pat Buchanan y el Partido de la Reforma resucitaron el espíritu de la 'OId Right'. Este exjefe de comunicación del Ronald Reagan denunció el “globalismo” de las élites, las políticas laxas de inmigración y lo que él llamaba la “discriminación inversa” contra los blancos. Buchanan, cuya candidatura fue codiciada por Donald Trump, fue barrido en las presidenciales del año 2000.

La etiqueta de “paleoconservador” nació en esta época para referirse a las ideas de Buchanan, como contraste a la nueva mayoría intervencionista y pro-libre comercio del Partido Republicano: los “neoconservadores”. Mientras la 'neocon' Administración Bush intentaba imponer a sangre y fuego los valores americanos en Irak y Afganistán, el paleoconservadurismo, encarnado en el Partido de la Reforma, volvía a desaparecer en los márgenes de la política.

Pero la historia, en sus ciclos caprichosos, volvió a plantear otro nuevo escenario a finales de la última década: la crisis financiera, la precariedad insuflada por la globalización, el recorte de las clases medias, los cambios demográficos y el desmoralizante precio de las guerras en Oriente Medio formaron una escalerilla hacia el poder que Donald Trump, aquel viejo vocero del Partido de la Reforma, no dudó en tomar al asalto.

Su ascensión, aunque pillase mayoritariamente por sorpresa, no se dio en un vacío. El magnate neoyorquino se había nutrido de las ideas paleoconservadoras de Ann Coulter, autora del libro “Adiós América: El plan de la izquierda para convertir nuestro país en un cuchitril tercermundista”, donde se propone, entre otras cosas, la construcción de un muro con México. Pese a la moral e ideas flexibles de Donald Trump, que no había dudado en defender o incluso financiar postulados demócratas, el fuego de su campaña congregó a las voces paleocon en una nueva cruzada.

Tener a un paleocon en la Casa Blanca ha generado una serie de situaciones realmente paradójicas. Primero, que el país que colocó los pilares del mundo liberal, los tratados de libre comercio, la OTAN y la alianza con la Unión Europea, esté ahora cuestionando o incluso debilitando (apoyando el Brexit) estos pilares. O que un país como China, represivo y todavía fuertemente estatalizado, acuse a Estados Unidos de violar las reglas de libre comercio.

El presentador de Fox News Tucker Carlson durante una conferencia en Nueva York, en noviembre de 2017. (Reuters)
El presentador de Fox News Tucker Carlson durante una conferencia en Nueva York, en noviembre de 2017. (Reuters)

De Fox News al Congreso

Hace una década y media, la izquierda estadounidense salía a las calles contra el agresivo militarismo de la administración Bush. La pasada primavera, cuando el dictador sirio Bashar Al Assad fue acusado de usar, una vez más, armas químicas contra la población civil, en Washington se barajaron opciones de invadir. ¿Quiénes estaban más por la labor? Los demócratas. ¿En contra? Una buena parte de la derecha, liderada por los paleoconservadores.

Porque Donald Trump no está solo. Más que en su propio gobierno, quizás sus principales aliados estén en la televisión. Concretamente en Fox News. La victoria de Trump obligó a Fox News, que hasta entonces había sido crítica con el magnate, a apoyar su mensaje para satisfacer así a las audiencias trumpianas. Por eso, Fox elevó al horario de máxima audiencia a los paleocon más estridentes: los presentadores Laura Ingraham y Tucker Carlson.

En ningún otro lugar está Donald Trump más a gusto que siendo entrevistado por un presentador de Fox. Por ejemplo en esta conversación con Tucker Carlson el pasado mes de julio. Carlson le preguntó: “La OTAN obliga a los miembros a defender a cualquier otro miembro que sea atacado. Así que digamos que Montenegro, que se unió el año pasado, es atacado: ¿por qué debería mi hijo ir a Montenegro a defenderlo de un ataque?”. El presidente respondió: “Entiendo lo que dices. Yo he hecho la misma pregunta”.

Si los funcionarios de carrera del Departamento de Estado, o de los órganos de seguridad nacional, tratan de limitar los impulsos presidenciales en política exterior (algunos incluso publican editoriales en The New York Times), y las multinacionales presionan por todos los medios para evitar una escalada arancelaria con China, Canadá o la Unión Europea, los presentadores de Fox News ofrecen a Donald Trump un espacio seguro y cómodo. Un foro donde expresar, entre amigos, las ideas de la vieja derecha.

Las fulgurante retórica del presidente, que no ha dejado de dar mítines como si estuviera en una campaña eterna, ha galvanizado a las bases electorales y forzado a los congresistas republicanos a adoptar sus tesis para no perder el voto de esas bases. Esa corriente minoritaria y oscura, el paleoconservadurismo, ha pasado de hacer ruido en alguna revista de derechas a reorganizar, a golpe de decretos y tuits, los equilibrios mundiales.

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