EL MUSEO DE LA ZONA BUSCA FRENAR LA POLÉMICA

Berghof, la segunda residencia de Hitler convertida en santuario de los neonazis

La que fuera casa de verano del 'Führer' se ha convertido en un templo de peregrinaje como consecuencia del crecimiento de los grupos de ultraderecha en Hungría o República Checa

Foto: El Berghof de Hitler, antes de ser bombardeado por las fuerzas aliadas.
El Berghof de Hitler, antes de ser bombardeado por las fuerzas aliadas.

Corría un 30 de mayo de 1945 cuando las fuerzas aliadas consiguieron alcanzar el búnker de la cancillería de Berlín, donde supuestamente se debía de encontrar Adolf Hitler. Sin embargo, no se encontró una sola evidencia de que se hallara en su interior, lo que provocó una búsqueda del 'Führer' con el objetivo de apresarlo lo antes posible. Así, el siguiente movimiento fue ir al Berghof, la residencia de verano del líder nazi. Hoy, 73 años después, esa ubicación sigue siendo problemática.

El Berghof se trataba de la segunda casa de Hitler, una localización que utilizaba especialmente para pasar los veranos. Situada en la ladera de la montaña en Obersalzberg, en Baviera, los aliados pronto entendieron que podía ser el lugar en el que se escondiera ante la ofensiva definitiva. Por ello, decidieron bombardearla desde el cielo y, tras una rápida incursión, descubrirían que tampoco se encontraba ahí. El fin de la II Guerra Mundial pronto dejó el Berghof en el olvido.

Bombardeado en 1945 y prácticamente olvidado por todo el mundo, la vegetación se encargó de hacer su particular labor: árboles, arbustos y todo tipo de plantas pronto le fueron ganando terreno a la edificación, dejándola casi enterrada por el paso del tiempo. No sería hasta el año 1999 en el que volvería a tomar cierto peso, después de que las autoridades germanas decidieran construir un museo con el fin de evitar que Berghof se convirtiera en un santuario para los neonazis.

Este museo se construyó a unos 300 metros de la que fue la residencia de verano de Hitler, con el objetivo de recordar la barbarie del régimen nazi y, así, evitar que las nuevas generaciones encontraran la antigua casa del 'Führer' como un lugar de peregrinaje al que rendir pleitesía. El Dokumentation Obersalzberg, nombre real del museo, consiguió frenar esta situación durante un par de generaciones... hasta ahora, cuando se han encontrado con un problema en claro crecimiento.

Los responsables del museo han avisado a las autoridades alemanas del crecimiento exponencial que están teniendo las expediciones clandestinas para mostrar las ruinas del Berghof. Y, curiosamente, no se trata de una tercera generación de descendientes alemanes del nazismo, sino que las visitas vienen desde el extranjero: la explosión del movimiento de ultraderecha en países como Hungría o la República Checa han multiplicados las excursiones guiadas hasta la zona.

¿Qué hacer con ella?

En en este contexto, surge la posibilidad de volver a valorar qué hacer con el Berghof. Y es que las autoridades han planeado la ampliación del museo, en unos trabajos que están valorados en 21 millones de euros, unas cantidades que los responsables de la institución quieren que sirvan para evitar que siga siendo un lugar de culto nazi. Pero no está muy claro qué se debe de hacer con la residencia: echarla abajo, que forme parte del museo, dejarla como está...

"Algunas personas quieren dejarlo tal y como está, otros piensan que es mejor convertirlo en una zona de visita guiada... Lo cierto es que cuantas más personas estén allí, es menos probable que los neonazis muestren sus banderas. A la extrema derecha le gusta ir a lugares que están escondidos", asegura Mathias Irlinger, uno de los trabajadores del museo, a 'The Guardian'. Sin embargo, aún no hay una decisión oficial para saber qué hacer con la segunda residencia de Hitler.

Y es que los trabajos de remodelación se han visto frenados, después de que en las primeras excavaciones se haya encontrado una bomba sin detonar de la II GM, pero se prevé que los trabajos estén acabado para el año 2020. Las visitas de grupos neonazis a Berghof se han convertido en un problema con el que no se contaba hasta la fecha y que Alemania estudia para acabar con él: "Tenemos la obligación de recordar lo que pasó", asegura Irlinger. Unas ruinas convertidas en santuario del nazismo.

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