fechada en 1930, muestra la dureza de la época

"Hay mucho paro": un techador alemán halla en una botella una carta escrita por su abuelo

Son un par de fogonazos de cómo era la vida hace nueve décadas en uno de los períodos más oscuros de historia de Alemania. El nieto del autor la ha descubierto en la catedral de Goslar

Foto: Alemanes con uniformes de la I Guerra Mundial durante una ceremonia para conmemorar la batalla de Verdún, el 24 de agosto de 2018. (Reuters)
Alemanes con uniformes de la I Guerra Mundial durante una ceremonia para conmemorar la batalla de Verdún, el 24 de agosto de 2018. (Reuters)

Se trataba de un mero control rutinario. Pero dio pie a todo un hallazgo. El pasado 3 de septiembre varios operarios revisaban el estado del tejado de la catedral de Goslar, una pequeña ciudad del centro de Alemania, cuando, al levantar unas tejas de pizarra, dieron con un mensaje dentro de una botella. Una carta redactada en 1930, en lo más crudo del período de entreguerras, que da cuenta de las dificultades de la época en un país castigado por la hiperinflación y las reparaciones de guerra. El texto deseaba "tiempos mejores" a las generaciones venideras. Para cerrar el círculo, quien dio con esta rudimentaria pero emotiva cápsula del tiempo es nieto de uno de sus redactores.

"Fue toda una sorpresa. Una botella así se encuentra en muy pocas ocasiones. Escritos se encuentran a veces, pero en una botella sí que es extraño", asegura a la televisión regional NDR el techador Peter Brandt. En una esquina del angosto espacio abuhardillado bajo el tejado del atrio de la catedral de Goslar, un chato edificio románico del siglo XI, apareció una estilizada botella de vidrio transparente con una antigua factura de una empresa de techadores en su interior. En el envés había un manuscrito.

La carta es un texto sencillo, incluso con alguna falta de ortografía, al parecer improvisado. Son un par de fogonazos de cómo era la vida hace casi nueve décadas en uno de los períodos más oscuros de la historia de Alemania. Vívidos pero sin sentimentalismos, evidencian la dureza de la vida de la época para el ciudadano de a pie de una región rural.

"El 26 de marzo de 1930 fueron sustituidas con nueva pizarra las dos superficies inferiores de la cúpula de la catedral tras 100 años. Esperamos también que a nuestros descendientes este escrito les encuentre en tiempos mejores. Hemos dejado atrás duros años de guerra, hemos luchado hasta el último. Luego vinieron los años de la inflación, en los que trabajábamos toda la semana por una libra de mantequilla y un pan. En marzo de 1930 se firmó el Plan Young, que nos traerá un tiempo de dificultades. En todo el Reich alemán hay mucho desempleo. Renania sigue ocupada por los franceses. Deseamos que pronto vengan tiempos mejores.

Ernst Holzberg, techador

Hermann Blankenstein, techador

Willi Brandt, aprendiz de techador.

Fritz Wagener, aprendiz de techador

Goslar, a 26 de marzo de 1930".

"Lo que había dentro. Eso sí que fue una sorpresa", prosigue este techador de 52 años de Goslar, que al leer la carta descubrió que uno de los firmantes era su propio abuelo, Willy Brandt, entonces apenas un aprendiz de 18 años, al que siguió los pasos profesionalmente y gestiona ahora el negocio que abrió su padre, bien conocido en esta ciudad de algo más de 50.000 habitantes en Baja Renania.

"Lo realmente fascinante de todo esto es que lo peor aún estaba por venir. Pero ellos no lo sabían", reflexiona Peter Brandt. Apenas tres años después de que se escribiese aquel mensaje, Adolf Hitler llegaría al poder en Alemania y nueve más tarde un III Reich envalentonado invadiría Polonia, dando inicio a la II Guerra Mundial.

Aquel joven techador tuvo que marchar poco después al frente oriental, combatió y cayó prisionero del Ejército Rojo. Tras el fin de la guerra, con el triunfo de los aliados sobre las tropas nacionalsocialistas, Willy Brandt regresó a su ciudad natal y siguió ejerciendo como techador. Sobre la guerra habló poco, como muchos otros de su generación. Al menos con su nieto.

La carta, 88 años después, descubre una Alemania muy distinta. Aquella era una república incapaz de ponerse de nuevo en pie, agitada por los vaivenes políticos y devastada económicamente por la destrucción de la I Guerra Mundial, las sangrantes reparaciones acordadas en el Tratado de Versalles y los ecos de la gran depresión estadounidense. La Alemania actual es bien diferente. Un país políticamente estable, líder en Europa y económicamente sólido donde la inflación lleva décadas domesticada y el desempleo se encuentra en mínimos históricos, apenas por encima del 5%. El Goslar de ahora, patrimonio de la humanidad, apenas recuerda a aquella pequeña ciudad minera.

El mensaje, por su interés histórico, ha sido trasladado al archivo municipal. Pero la botella ha vuelto al rincón donde la depositaron los escritores de la carta, con una copia del mensaje en su interior. Luego los operarios, con Peter Brandt al frente, volvieron a cerrar el hueco que habían abierto en el tejado para revisar su estado. Para que, quizá dentro de otro siglo, alguien vuelva a dar con esta capsula del tiempo.

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