"lo más importante es la cifra de candidatas"

La ‘ola azul’ que promete castigar a Trump en las elecciones de noviembre

Galvanizado por una oposición montaraz a la presidencia de Trump, el Partido Demócrata está en movimiento. Hay un cambio hacia la izquierda, que en su mayor parte es demográfico

Foto: El presidente Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington. (Reuters)
El presidente Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington. (Reuters)

Si bien es absurdo tratar de predecir los ciclos políticos, a veces la historia ofrece algún patrón al que agarrarse, como si encendiera un faro en medio de la niebla. Por ejemplo: en Estados Unidos, cuando hay elecciones legislativas, el partido presidencial pierde casi siempre el control de la Cámara de Representantes. Desde la Guerra Civil, este ha sido el caso en 35 de 38 ocasiones. El 92% de las veces. También le ocurrió a Barack Obama en 2010 y probablemente le ocurra a Donald Trump el 6 de noviembre.

Los demócratas necesitan un 8% de ventaja en el voto para conquistar los 23 escaños que necesitan si quieren recuperar la Cámara baja. Según las últimas encuestas, superarán con holgura esta marca. Un sondeo de NPR/Marist Poll refleja una ventaja demócrata del 12% y otro de Quinnipiac University llega al 14%; suficiente para arrojar un leño en la agenda legislativa republicana.

Los números demócratas reflejan una movilización similar a la de las bases republicanas en 2010, revolucionadas contra Obama

“Los demócratas están enfadados”, dice a El Confidencial Brian Arbour, profesor asociado de ciencias políticas de la universidad de CUNY. Galvanizado por una oposición montaraz a la presidencia de Donald Trump, el Partido Demócrata está en movimiento. “La participación ha sido muy alta. Lo hemos visto en las elecciones especiales [las que se celebran sueltas] y en las primarias”, añade Arbour. “Ha habido un aumento en casi todos los sitios”.

Las elecciones primarias, donde se elige a los candidatos que concurrirán al Congreso en noviembre, han registrado una subida de la participación en ambos partidos. Especialmente en el demócrata. Según los cálculos del Pew Research Center en 31 estados, la participación progresista ha aumentado un 84% respecto a las primarias legislativas de 2014. En el lado republicano, un 24%. El entusiasmo reconocido de los votantes también ha crecido.

Los números demócratas reflejan una movilización similar a la de las bases republicanas en 2010, cuando el Tea Party elevó al Congreso a las nuevas y estridentes voces de la derecha populista, revolucionada contra Barack Obama. Según esta perspectiva, la historia nos regalaría una simetría curiosa, casi poética. La victoria de una izquierda más escorada y vociferante en noviembre sería el mismo fenómeno que el de 2010 pero de signo opuesto. Los dos extremos tocarían el poder con menos de una década de diferencia.

Sin embargo, a pesar de que la palabra “socialista” ha pasado de ser cianuro político a resultar una marca emergente, las figuras del 'establishment' demócrata aún gozan de buena salud. No tienen el relumbrón mediático de una Alexandria Ocasio-Cortez, latina socialista de 27 años que venció a un peso pesado demócrata, o de Julia Salazar, que el pasado 13 de septiembre hizo lo propio en Brooklyn. Pero el Bronx y Brooklyn no son New Hampshire, o Nevada, o Iowa, o el estado de Nueva York, donde los políticos moderados de toda la vida han ido ganando sus respectivas elecciones primarias.

“No creo que haya tanto de eso”, dice Brian Arbour en referencia a la nueva izquierda socialista. “Hemos visto un cambio hacia la izquierda, pero en su mayor parte es un cambio demográfico (...). Lo más importante en el lado demócrata es el gran número de mujeres candidatas. Y también hemos visto una mayor diversidad: más afroamericanos, latinos y asiático-americanos. Parece que hay un cambio en cómo están eligiendo los demócratas; esto tendrá efectos duraderos más allá de 2018”.

En esta ocasión se presentarán al Congreso 476 mujeres, un número muy superior al récord marcado en 2012, cuando compitieron 298 candidatas. Tres cuartas partes de ellas son demócratas, aunque también ha crecido el número entre los republicanos. En 32 elecciones de distrito, de hecho, ambas contrincantes serán mujeres.

Por tanto es muy probable que la Cámara de Representantes, considerada un reflejo aproximado de los sentimientos políticos nacionales, cambie de manos. No así el Senado. Según la predicción de FiveThirtyEight, los demócratas tienen un 80% de posibilidades de tomar la Cámara, pero los republicanos mantendrán el dominio del Senado con una probabilidad del 60 o 70%. Los escaños conservadores más difíciles de defender son los de Nevada y Arizona.

Una multitud espera al presidente Barack Obama durante un evento electoral en Anaheim, California. (Reuters)
Una multitud espera al presidente Barack Obama durante un evento electoral en Anaheim, California. (Reuters)

Hoy en día cualquier elección nacional está marcada por dos fuerzas de fondo. Una es la del cambio demográfico, que beneficia a los demócratas. Las minorías suelen votar más a los demócratas, y gracias a la inmigración y a su mayor natalidad, su peso proporcional no deja de crecer. Pero tienen un punto débil: están concentrados, sobre todo, en las ciudades. Y es aquí donde entra en juego la otra gran fuerza de fondo, la geografía, que beneficia a los conservadores. Los votantes republicanos están mejor repartidos por las inmensas extensiones de la América rural e industrial. La Cámara de Representantes refleja mejor la demografía, el Senado la geografía.

La novedad a destacar en el campo republicano es la lealtad al presidente, Donald Trump. De los 37 candidatos al Congreso o a gobernador que el presidente ha apoyado en las elecciones primarias, 35 han sido elegidos. Aquellos que lo han criticado, como los senadores Bob Corker y Jeff Flake, han perdido tanto apoyo electoral que no se presentan a la reelección. Las bases mandan, como ha reconocido el propio Flake: “No podría ganar en unas primarias republicanas. Esa es la conclusión”. Quizás los republicanos sean menos a partir de noviembre, pero se parecerán más a Donald Trump.

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