UNA CRISIS SIN PRECEDENTES

¿Golpe de Estado? ¿Crisis constitucional? El artículo sobre Trump convulsiona EEUU

La opinión sin firma publicada por 'The New York Times' y el libro de Bob Woodward abren una crisis sin precedentes en el país

Foto: El presidente estadounidense, Donald Trump (c), en una reunión con alguaciles de todo el país, en la Casa Blanca. (EFE)
El presidente estadounidense, Donald Trump (c), en una reunión con alguaciles de todo el país, en la Casa Blanca. (EFE)

Y van... Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, la sucesión de golpes de efecto, dimisiones, despidos, imputaciones, reconocimientos de culpabilidad, filtraciones, escándalos, grabaciones, declaraciones y tuits han convertido muchos de los despertares de Washington DC en amaneceres de días históricos. La sensación de excepcionalidad no se diluye ni por reiteración, pero nada parece alterar en el fondo el curso de una presidencia tan heterodoxa como insólita.

El último capítulo, con el avance del libro de un periodista de prestigio como Bob Woodward y el artículo de opinión sin firma en 'The New York Times' de un funcionario de la Administración, ha vuelto a excitar esa sensación, pero pocos se atreven a vaticinar qué deparará este capítulo de "resistencia" interna en la Casa Blanca. La versión extrema, la de que se trata de un golpe de Estado, exacerba a los conspiracionistas. En un escalón intermedio están quienes ven en el horizonte una crisis constitucional y democrática. Otros simplemente no creen que vaya a pasar nada. Ven que la mierda se acumula en el vertedero.

¿Golpe de Estado? ¿Crisis constitucional? El artículo sobre Trump convulsiona EEUU

Los enemigos del presidente (resulta difícil a estas alturas definirlos como meros adversarios) se reafirman y echan las manos a la cabeza con los jugosos relatos del caos alrededor de Trump. Pero quien más quien menos se pregunta por la legitimidad de esa supuesta rebelión que estaría frustrando algunas de las decisiones del presidente. ¿No es un fraude democrático impedir desde dentro las promesas de quien fue elegido para llevarlas a cabo? ¿Qué sentido tiene desvelarlo y poner en alerta a Trump?

Sus seguidores, la base más rocosa del 'trumpismo', difícilmente dejarán de comprar el discurso presidencial de "caza de brujas", e incluso también pueden sentirse reafirmados en la teoría de la conspiración del 'establishment' político y de los medios de comunicación liberales. Al fin y al cabo, ¿han aceptado como cierto algo de lo que han publicado estos medios desde la toma de posesión en enero de 2017?

Les resbala. Steve Hilton, presentador en Fox News (y quien fuera asesor del primer ministro británico David Cameron), se lo mastica: "Existe una conspiración del 'deep state' para frustrar la agenda del presidente" y las "élites de Washington se han vuelto locas". Hilton recita la colección de (presuntos) éxitos que Donald Trump evoca en cada ocasión en que hay una cámara o micrófono delante y advierte al presidente de que "no puede contar" ni con su propio partido. En su opinión, el libro de "cotilleos" de Woodward lo que demuestra es que "los instintos" de Donald Trump "son correctos" y que el autor/a del artículo es una "rata" a la que hay que echar de la Casa Blanca. Tiene hasta un remedio para Trump: que lea su nuevo libro, 'Positive Populism'. ¿Cómo resistirse a la tentación del autobombo?

Sin necesidad de acudir al canal de cabecera de Trump, medios como la revista 'The Atlantic' se preguntan sobre la legitimidad de las acciones que recoge la redacción anónima. En su web, quien fuera escritor de discursos de George W. Bush, David Frum, califica de "golpe de Estado" lo que describe la misiva y anuncia una "crisis constitucional". "Si los asesores más próximos al presidente creen que no es apto moral ni intelectualmente para un puesto tan elevado, tienen el deber de hacer todo lo posible para sacarlo de ahí por todos los medios legales al alcance de la mano". Y alerta de las consecuencias: "El autor del artículo de opinión del 'Times' le ha dicho explícitamente al presidente que los que le ofrecen consejo no tienen en mente sus intereses. [...] Se volverá más desafiante, más imprudente, más anticonstitucional y más peligroso".

¿Cuáles son los medios legales a los que se refiere Frum? El 'impeachment', la dimisión masiva de los implicados en la "resistencia", seguida de un testimonio voluntario frente a los comités del Congreso, y la aplicación de la Vigésimo Quinta Enmienda. Esta última posibilidad aparecía, de hecho, como una opción descartada por el autor/a del texto anónimo para no "precipitar una crisis constitucional". Pero ¿qué permite esta última opción?

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sale de la oficina oval para abordar el Marine One. (EFE)
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sale de la oficina oval para abordar el Marine One. (EFE)

La Constitución recoge que si el presidente fallece o es asesinado, será sustituido por el vicepresidente. ¿Y si un presidente cae gravemente herido o parece mentalmente incapacitado para ejercer su trabajo? En 1965 se aprobó la enmienda que ofrece los mecanismos para relegarlo de sus funciones. Básicamente, los miembros de su gabinete han de notificar al Congreso que no creen que el presidente esté capacitado. El Congreso necesita el sí de dos tercios de los votos, tanto de la Cámara de Representantes como del Senado, para poner en marcha un proceso que acaba con el vicepresidente (en este caso, Mike Pence) tomando el mando del país. El destituido, de todos modos, puede apelar, por lo que imaginar a Trump en esas lides es intuir un país en una situación de parálisis institucional sin precedentes.

Contra la teoría del golpe de Estado, en el mismo 'The Atlantic', el periodista Adam Serwer le da la vuelta al argumento de una "resistencia" a Trump y convierte a sus integrantes en "facilitadores". ¿Por qué? "Porque el gran secreto en Washington es que Donald Trump no es apto para ser presidente. [...] Los que tienen el poder para quitarle no lo harán, no por respeto a la democracia sino porque Trump es el medio por el que conseguir lo que quieren", ya sean "mayores recortes de impuestos, dejar famélica la red de protección social o solidificar una judicatura federal de derechas".

Quien fuera escritor de discursos de Bush, David Frum, califica de "golpe de Estado" lo que describe la misiva y anuncia una "crisis constitucional"

"No creo que vaya a pasar nada dramático", explica a El Confidencial Elizabeth N. Saunders, columnista de 'The Washington Post', politóloga y profesora en la Universidad de Georgetown, en Washinton DC. Según ella, en estas 48 horas "no hemos conocido mucho más de lo que ya sabíamos", aunque reconoce que algunas de las historias que se han filtrado añaden nuevos elementos dignos de atención. "Para mí, la más llamativa es la de que [Gary Cohn, antiguo asesor económico] le quitó [a Trump] documentos del escritorio", apunta. "Es algo muy diferente a retener información en un debate. Después de que el presidente diga que quiere hacer algo, que ya exista un borrador y se le quite el documento del escritorio es algo a otro nivel".

Saunders advierte de un riesgo quizá no tan presente en el debate público en estas horas de histeria: el incremento de la incompetencia en una Casa Blanca con dos facciones. Si es cierto que hay cargos de la Administración dispuestos a impedir que Trump lleve adelante su agenda y aplicar, por lo tanto, la suya propia, no hay que perder de vista que muchos de ellos carecen de experiencia, "son gente de la que nadie había oído hablar" y que ocupa puestos de relevancia. Lo habitual, apunta la profesora, es que los candidatos electorales incorporen asesores de pasados presidentes de su propio partido. Trump no lo hizo, tanto "porque muchos de ellos no le querían como porque él tampoco los quería a ellos". Así, nos encontramos con "gente que no tiene literalmente ninguna experiencia en muchos asuntos ni tampoco experiencia de gobierno".

Elizabeth N. Saunders es de las que piensan que hacer público un plan para detener al presidente lo hace menos susceptible de ser efectivo. Y uno de los grandes debates sobre el anonimato de la carta está en que pierde fuerza en términos de denuncia, calidad democrática y efectividad. "Si tenemos un presidente tan incompetente que sus asesores más confiables tienen que jugar a escondidas para preservar la seguridad nacional, entonces esas personas deberían estar trabajando para sacarlo del cargo, no solo para ahorrarnos sus impulsos más crueles", expone la periodista Jessica Roy en 'Los Angeles Times', "pero son demasiado cobardes y tienen miedo de las posibles implicaciones".

Las que se deriven de este insólito capítulo de disidencias internas están por verse. De momento, los próximos a Trump corren a ponerse a refugio de su ira negando su participación en la "resistencia". Ha dado comienzo la "caza de brujas". El enemigo está dentro y "las células durmientes" parecen haber despertado.

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