la APROBACIÓN del presidente se hunde

De segunda fila, pero leales: Macron se rodea de ministros fieles para evitar el hundimiento

En una semana, el Gobierno del presidente francés ha perdido a dos ministros estrella, entre los políticos mejor valorados del país. Sus sustitutos resuelven el problema, pero no tienen su carisma

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, flanqueado en julio por el primer ministro, Edouard Philippe (izquierda), el presidente del Senado, Gerard Larcher, y el entonces presidente de la Asamblea, François de Rugy, ahora nuevo ministro de Ecología. (EFE)
El presidente francés, Emmanuel Macron, flanqueado en julio por el primer ministro, Edouard Philippe (izquierda), el presidente del Senado, Gerard Larcher, y el entonces presidente de la Asamblea, François de Rugy, ahora nuevo ministro de Ecología. (EFE)

Un Gobierno sin figuras carismáticas y un ministro de Ecología de la derecha verde. Emmanuel Macron ha superado la grave crisis que la dimisión de su ministro estrella, Nicolas Hulot, provocó la semana pasada, y se asegura la fidelidad sin discrepancias.

Los candidatos para sustituir a Nicolas Hulot, el periodista-ecologista número uno en las preferencias de figuras políticas de los franceses, no era una tarea fácil. En realidad, era irreemplazable por su carisma y por su independencia de opinión. Por eso, el nombramiento de François de Rugy, hasta ahora presidente de la Asamblea Nacional, no es una sorpresa ni levanta emoción popular alguna.

De Rugy es un ecologista que se separó del partido Europe Ecologie-Les Verts en 2015, cuando la formación se deslizó hacia posiciones cercanas a la extrema izquierda. Por eso se le considera un verde 'social-liberal', un ecologista de derechas. Pero el nuevo responsable de la Transición Ecológica y Solidaria no es una figura popular, ni un histórico de la lucha ecologista. Es la opción de Macron para asegurarse un ministro sin ánimos reivindicativos personales y una lealtad como la que ha representado al frente de la Cámara Baja.

Mucho se había especulado estos útimos días con una remodelación gubernamental más amplia. En especial, la ministra de Cultura, Françoise Nyssen, estaba en la picota por haber escondido dinero al fisco y los trabajos efectuados en la sede parisina de su editorial —Actes Sud— en un palacete bajo la tutela del patrimonio cultural.

Pocos minutos antes del anuncio de nombramiento de François de Rugy, saltaba una pequeña sorpresa. La ministra de Deportes, la campeona olímpica de esgrima Laura Flessel, anunciaba su dimisión ”por razones personales”. Horas después, el Elíseo ha indicado que el motivo real es "su situación fiscal". Si Hulot encabezaba la lista de políticos preferidos de los franceses, Flessel era la tercera de la lista. Como el exministro ecologista, era otra representante de la sociedad civil, sin experiencia previa política. El relevo estaba preparado con anticipación.

Laura Flessel y Nicolas Hulot, los dos ministros estrella que han dimitido, en una foto de archivo. (Reuters)
Laura Flessel y Nicolas Hulot, los dos ministros estrella que han dimitido, en una foto de archivo. (Reuters)

Popularidad en caída libre

La rumana nacionalizada francesa Roxana Maracineanu, vicecampeona olímpica de natación, sustituye a la espadachina. La nueva ministra deberá centrarse ahora en la preparación de los Juegos Olímpicos de 2024, que se celebrarán en París y sus alrededores. Maracineanu, diplomada en comercio y en la escuela de lenguas extranjeras (habla cinco idiomas), tiene una cierta experiencia política en la región de la capital francesa.

Macron cierra así, de momento, una minirremodelación para seguir haciendo frente a una 'rentrée' marcada por una crisis que se refleja en la bajada espectacular de su popularidad. Según un sondeo del Instituto Ifop, publicado por 'Paris Match', el presidente francés tiene un 31% de apoyo popular, por debajo de su antecesor, François Hollande, tras 16 meses de presidencia (32%) y de Nicolas Sarkozy (41%). Según el mismo trabajo, Macron recula en todas las categorías y es censurado por los simpatizantes de izquierda y de derecha que le apoyaron para alcanzar el Elíseo.

Emmanuel Macron, acusado indirectamente por el dimitido Hulot de seguir los dictados de los 'lobbies', atraviesa una etapa negra que comenzó al inicio del verano con el 'affaire Benalla', protagonizado por su exguardaespaldas. La ausencia de datos económicos positivos, a pesar de las audaces reformas emprendidas, contribuye a aumentar la decepción entre los millones de electores que creyeron en su energía y fervor reformista.

El crecimiento se estanca en un 1,7%; el paro no baja del 9%; el déficit público se sitúa en el 2,5% del PIB, y la deuda pública se acerca al 97%. Los portavoces gubernamentales achacan a la subida del precio del petróleo y a la del euro el freno de sus expectativas económicas, pero sus vecinos europeos sufren las mismas circunstancias sin reflejar resultados similares.

Sus últimas decisiones no le van a ayudar a escalar en los sondeos. La decisión de romper la indexación de la revalorización de las pensiones y la inflación ha puesto en pie de guerra a los jubilados y ha concitado la unanimidad de la oposición balcanizada. Macron vuelve a utilizar a los pensionistas como variable de ajuste. Verán sus pensiones subir un 0,3%, mientras que la inflación se estima en un 2,3%. Medidas duras, pero que se justifican en una realidad: el poder adquisitivo y patrimonial de los jubilados franceses es superior al de los activos.

El presidente Macron visita un instituto en Laval, el 3 de septiembre de 2018. (Reuters)
El presidente Macron visita un instituto en Laval, el 3 de septiembre de 2018. (Reuters)

Sin diputados en Europa

Y si el otoño social está llegando antes que el que marca el calendario, las próximas reformas anunciadas por el Gobierno de Edouard Philippe van a encender el próximo invierno antes de diciembre. La reforma del propio sistema de pensiones y la del seguro de paro son las grandes citas para 2019. Los parados ya saben que tendrán menos opciones para rechazar los empleos que se les propongan y que su indemnización será recortada.

Hasta el momento, la debilidad de la oposición y las derrotas de las organizaciones sindicales por falta de apoyo popular han ido salvando las reformas macronianas. Pero 2019 es un año electoralmente peligroso. Europa celebra las elecciones más importantes —e interesantes— de su historia por el enfrentamiento esperado entre izquierda radical, centro izquierda, conservadores y nacional populistas. Y para Macron esa cita puede suponer su primera derrota en unos comicios. El jefe de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, ya ha decretado que las elecciones para el Parlamento Europeo serán un plebiscito para Macron.

La República En Marcha, el partido que Emmanuel Macron inventó de la nada y con el que arrasó en las urnas nacionales, no tiene diputados en Estrasburgo o Bruselas. Macron necesita urgentemente alianzas fuera de su país, pero ni el centro izquierda ni el centro derecha le van a facilitar las cosas. Una derrota del campeón del europeísmo en las elecciones continentales sería el primer fracaso en la carrera política del jefe del Estado francés.

La opinión pública francesa ha aprobado hasta el momento las reformas lanzadas por Macron: la reforma de la Ley de Trabajo y la de los ferrocarriles, dos símbolos del inmovilismo francés. Pero el ánimo reformista de sus compatriotas y su necesidad de aceptar sacrificios han chocado con decisiones políticas que han desmontado la figura de un presidente diferente a sus antecesores, alejado de la politiquería, de la corrupción, del amiguismo y de los enchufes de amiguetes y/o pelotas oficiales.

La ministra francesa de Cultura, Françoise Nyssen, en el punto de mira. (EFE)
La ministra francesa de Cultura, Françoise Nyssen, en el punto de mira. (EFE)

Escándalos en cadena

Al escándalo Benalla se han unido la defensa de la ministra de Cultura, que no paga algunos de los impuestos que debería ni declara las obras realizadas en su empresa. La ministra de Trabajo sigue pendiente de una investigación por haber obviado un concurso público para un viaje del exministro Macron a Estados Unidos y por haber contratado, también sin anuncio público, a una empresa de comunicación del entorno del presidente a la que pagó más de 13 millones de euros.

Recientemente, el presidente ha decidido nombrar cónsul general en Los Ángeles a un escritor, Philippe Besson, que estuvo empotrado en la campaña presidencial de Macron para escribir un libro hagiográfico hasta la vergüenza ajena del actual inquilino del Elíseo, titulado 'Un personaje de novela'.

Gracias a las revelaciones de la prensa, se ha sabido también que otro personaje de la élite mediático-intelectual parisina, la expresidenta del Centro Pompidou y del INA (Institut National de l’Audiovisuel) Agnes Saal, condenada a tres meses de prisión y despedida por haber gastado miles de euros en taxis pagados por el erario publico para cuestiones personales en ambos puestos, ha sido nombrada por la ministra de Cultura alta funcionaria para la “igualdad, la diversidad y la prevención de la discriminación”.

La nueva política de moralidad y regeneración que Macron pretendía ejemplarizar se deteriora en paralelo a la adopción de medidas impopulares. Los franceses habían aceptado seguir el rumbo reformista de Macron y así lo han demostrado en los 16 meses de la nueva presidencia. Pero el vértigo hacia un futuro de sacrificios y de menor protección social era comprendido como necesario si desde la dirigencia política se predicaba con el ejemplo.

Macron, que hasta este verano había controlado bien su comunicación, se permitió la semana pasada denunciar en Copenhague a los “galos refractarios a las reformas”, en comparación a los calvinistas locales, en una loa a la flexiseguridad aplicada en Dinamarca. “Una broma”, dijeron sus voceros. Una provocación sin mucho sentido, teniendo en cuenta la sensibilidad y el momento de incertidumbre que viven sus conciudadanos.

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