muy difíciles de detectar

Así son los 'homegrown', los terroristas solitarios que amenazan a Europa

Estos radicales, sin vinculación directa con Daesh, son prácticamente el único recurso que le queda a la organización terrorista para atentar tras el desmantelamiento de sus estructuras

Foto: La Policía detiene a un joven en Melilla por su vinculación con Daesh el pasado noviembre. (EFE)
La Policía detiene a un joven en Melilla por su vinculación con Daesh el pasado noviembre. (EFE)

Las derrotas del Daesh en Mosul y Raqqa propiciadas por la coalición internacional liderada por Estados Unidos en 2016 supusieron el golpe más duro recibido por la organización terrorista. Sus aparatos de propaganda y financiación fueron gravemente dañados hasta el punto de que, desde entonces, sus líderes no tienen siquiera capacidad para dar instrucciones más allá de la emisión de preceptos generales. Las estructuras podrían no volver a recomponerse aunque eso no significa que la organización no pueda volver a atentar.

De hecho, tras la caída de estas dos importantes plazas, han cambiado las formas, pero no los fines. Las armas ya no son aviones como en el 11S, ni bombas como en los trenes como el 11M o en los vagones de metro del 7J. Ahora predomina un terrorismo 'low cost' que utiliza simples cuchillos de cocina o furgonetas de alquiler para perpetrar sus ataques, como ocurrió en los atentados de Las Ramblas y Cambrils o en el de Westminster (Londres) del año pasado. Los protagonistas de estas nuevas formaciones ya no suelen ser miembros de la organización armada que se inmolan por orden de la cúpula ni enviados que siguen directrices de estos grupos tras prepararse para ello.

Ahora son ciudadanos que no tienen ninguna vinculación con las estructuras del Daesh, que deciden actuar por su cuenta y riesgo con los elementos que tienen a su alcance y que aspiran a convertirse en mártires de un supuesto bien mayor. No en vano las instrucciones de la organización terrorista después de perder Mosul y Raqqa fueron en ese sentido: "Atentad con lo que tengáis a mano". Eran indicaciones generales, pero que han calado en los conocidos como 'homegrowns', seguidores que no tienen vinculación alguna con la organización y que deciden atentar por su cuenta con las herramientas más simples.

Este perfil, según explican desde los servicios antiterroristas de la Policía Nacional, está creciendo tanto en España como en el resto de Europa. "Son el presente y el futuro del terrorismo islámico", aseguran las mismas fuentes. "Antes había pocos ataques pero estaban mucho más elaborados; ahora hay más atentados, pero muy poco elaborados", añaden desde el departamento que analiza y lucha contra la amenaza terrorista. Sus miembros trabajan con una definición de la figura del 'homegrown': terroristas sin relación directa con la organización.

"Son autodidactas, autónomos, lobos solitarios que van por libre", describen. Se trata, agregan, de "excéntricos que buscan en un ideario radical una salida a sus procesos de frustración". De ahí que los investigadores de los Mossos d'Esquadra no hayan descartado aún que Abdelouahab Taib, el argelino de 29 años que atacó una comisaría de la policía autonómica en Cornellá el pasado 20 de agosto, pueda enmarcarse en esta definición. Todavía tienen que analizar cientos de archivos encontrados en los dispositivos electrónicos encontrados en el domicilio de Taib que pueden mostrar elementos que asocien los hechos con el terrorismo.

Los investigadores del ataque de París del pasado 23 de agosto al grito de 'Alá es grande', por otro lado, tampoco descartan que el autor -igualmente abatido por la Policía- actuara por motivaciones terroristas. "El hecho de que sean su hermana y su madre las víctimas no es determinante para desechar la posibilidad; 'homegrown' es un concepto muy amplio", subrayan las fuentes de la lucha antiterrorista consultadas, especializadas en atajar este tipo de asuntos. No en vano, en los últimos meses han abordado más de media docena de operaciones contra este tipo de lobos solitarios.

Cambios drásticos de vida

La última la desarrollaron a principios del pasado mes, cuando agentes de la Comisaría General de Información detuvieron a un hombre de 21 años de nacionalidad marroquí que residía en Algeciras. Era conocido de la Policía Nacional por moverse en círculos radicales de ideología yihadista y recientemente había experimentado "un cambio drástico" en sus hábitos de vida. En concreto, vertía manifestaciones de corte salafista extremista y por redes sociales incluso llegó a defender acciones violentas perpetradas por Daesh y otras organizaciones terroristas. Además, estaba tratando de incitar a otro individuo a cometer atentados. "Era peligroso porque él solo podía elegir el momento, el lugar y la metodología", explican las fuentes policiales.

Cinco meses antes, los mismos agentes ayudaron a detener a un cubano afincado en Colombia que aseguró a través de las redes sociales tener un plan para atentar en una conocida zona de restaurantes de Bogotá frecuentada por funcionarios de la embajada estadounidense e incluso contar con los explosivos necesarios para ejecutarlo. Los investigadores observaron que estaba experimentando un "proceso de radicalización", que había "abandonado una estética más occidental" y que ahora lucía "prendas asociadas a una estética radical". "Hasta incluyó la palabra yihadista en su nombre de usuario", añaden. "Este hombre estaba muy mal, preparaba un artefacto y tenía una animadversión tremenda contra Estados Unidos", subrayan.

Familiares de las víctimas del 11S. (EFE)
Familiares de las víctimas del 11S. (EFE)

En octubre del año pasado, además, los servicios antiterroristas españoles de la Policía Nacional detuvieron a otro varón de 52 años que se había convertido en un "núcleo de transmisión de contenidos yihadistas" que tenía el fin de captar adeptos y transformarlos en terroristas. El arrestado ya había sido detenido años atrás en el marco de la operación Dátil y puesto en libertad. En concreto, perteneció a Al Qaeda, cumplió más de nueve años en prisión por su participación en la organización de los atentados del 11S en Nueva York y abandonó la cárcel en 2011, momento en el que no dudó en volver a tomar contacto con el yihadismo para hacerse 'cibersoldado' y ayudar a difundir la estrategia de Daesh. Públicamente declaró que quería "vivir en paz" cuando abandonó el centro penitenciario. Los agentes especializados, sin embargo, conocían su perfil y decidieron seguirle para ver si eran ciertas sus intenciones.

Según explican las fuentes policiales consultadas, el detenido -sin contactar con nadie de Daesh- aprendió artes marciales y comenzó a desarrollar un "sofisticado modus operandi virtual" para no ser detectado y llevar a cabo sus objetivos, que eran el adoctrinamiento intelectual de algunos seguidores y el adiestramiento en técnicas de combate a otros. Para lo primero, almacenaba material simultáneamente en varios perfiles o en hilos de mensajería instantánea, donde utilizaba el lenguaje habitual de estos foros para enlazar contenidos de la estrategia global del Daesh. Para lo segundo, publicaba vídeos que él mismo hacía -porque tenía gran destreza en el manejo de armas blancas- con mensajes "altamente explícitos" con el fin de que quien los viera pudiera conocer las técnicas para atentar.

Comisaría de Cornellá donde fue abatido el atacante argelino. (EFE)
Comisaría de Cornellá donde fue abatido el atacante argelino. (EFE)

En este último punto, el 'homegrown' incidía especialmente en sus vídeos en "preparar mentalmente" a sus reclutas para que cometieran los ataques terroristas convencidos de que estarían amparados por "mandatos divinos sobre el martirio". Su perfil, continúan las mismas fuentes, era el de "la versión 2.0 del combatiente yihadista", que emplea la red informática para combatir, interactuar y propagar el ideario terrorista. "Era un converso irreductible", como lo definen los investigadores

Todos estos arrestados son "muy peligrosos", porque pueden organizar atentados y cometerlos en muy poco espacio de tiempo. Pero, sobre todo, continúan las fuentes consultadas, se trata de "perfiles muy difícil de identificar". "No obedecen a ningún patrón, no suelen comunicarse con nadie y solemos cazarles porque en algún momento experimentan un cambio radical, hacen una despedida enigmática en redes o modifican drásticamente sus comportamientos habituales", añaden. "Tienen un desprecio brutal por su vida, no tienen referentes, porque ellos mismos quieren serlo y son muy conscientes de que solo tienen una bala cuando actúan", describen las mismas fuentes.

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