el exabogado canta el "Aria de los delatores"

Michael Cohen, el 'pitbull' de Trump, muerde la mano que le dio de comer

Los demócratas apretarán para las elecciones de noviembre (se renueva la Cámara de Representantes y un tercio del Senado) en busca de una mayoría que les permita articular un 'impeachment'

Foto: Fotografía de archivo que muestra al exabogado personal del presidente estadounidense, Donald Trump, Michael Cohen. (EFE)
Fotografía de archivo que muestra al exabogado personal del presidente estadounidense, Donald Trump, Michael Cohen. (EFE)

Como los mejores tenores de una película italiana de mafiosos, Michael Cohen cantó el martes el "Aria de los delatores", uno de los números más aplaudidos por la oposición a Donald Trump desde que éste iniciara el primer acto de su presidencia. En su impactante interpretación, Cohen, abogado y desfacedor de entuertos de Trump durante diez años, su "pitbull" y chaleco antibalas, entonó una letra que señala al presidente como impulsor de los pagos a dos mujeres (Stormy Daniels y Karen McDougal) para que no tararearan en público la melodía "el presidente se acostó conmigo", y evitar así que este temazo ahogara los grandes éxitos 'trumpianos' en plena campaña electoral. En la 'playlist' anti-Trump, este tema figura ahora en el indiscutible número uno.

Puestos en pie, los demócratas piden "impeachment" como bis, tema estrella que vuelve a sonar con insistencia en locales de tertulia política de Washington DC. La actuación del presidente abochorna a muchos en Estados Unidos, que no ven el momento de que acabe esta obra distópica con tintes de show televisivo protagonizada por un magnate en la Casa Blanca rodeado de burdos criminales. Desde tiempos de Nixon (algunos creen estar viendo la misma película que entonces) no se había condenado a un jefe de campaña.

En 1972 lo fue John Newton Mitchell, que estuvo en la cárcel 19 meses por el caso "Watergate". El pasado martes, Paul Manafort, hallado culpable de 8 de los 18 delitos de evasión y fraude fiscal a los que se enfrentaba en el primero de los dos juicios que afronta vinculados a la investigación de la presunta trama rusa que lidera el fiscal especial Robert Mueller. En septiembre dará comienzo el más político de ellos, donde se le juzgará por obstrucción a la justicia, por no inscribir su actividad como la de alguien al servicio de una entidad extranjera (la Ucrania que mira a Moscú) y por blanqueo de capitales. De no afinar como Cohen, podría pasar una larga temporada en la cárcel.

Donald Trump, que llegó a decir que Manafort estaba siendo tratado peor que Al Capone [esta vez el vínculo mafioso lo estableció él mismo], ha mimado a su antiguo jefe de campaña en las reacciones posteriores a la resolución del jurado. Le da mucha pena lo que le está pasando porque "es un buen hombre". Quizá en el trato, porque en otros valores que Trump aprecia mucho, como el del patriotismo, no lo parece tanto. Lo de ocultar cuentas bancarias en el extranjero, sumado a cinco cargos de fraude fiscal y dos de fraude bancario no casa mucho con el "Make America Great Again". Pero Trump se fija en los diez cargos donde no ha habido quorum del jurado. "¡Caza de brujas!", insistía el presidente en Twitter. Los otros ocho le deben parecer cosa menor.

Que Manafort sea considerado culpable de varios delitos es una muestra significativa de que la investigación liderada por Mueller está lejos de ser la "witch hunt" que vocifera Donald Trump. Llegue o no a demostrar la conspiración con Rusia, el reguero de delitos sentenciados o autoconfesados empieza a ser sustancial. A la culpabilidad de Manafort se suman confesiones de culpabilidad que ha dejado en el camino el año largo de investigación del fiscal especial, incluidos el antiguo asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Michael Flynn, o dos de sus asesores de campaña, George Papadopoulos y Rick Gates.

Trump cuida a Manafort, quizá esperando que siga firme y no largue más de la cuenta (existe esa cosa llamada perdón presidencial que la Casa Blanca no niega tajantemente para este caso). Y azota a Cohen. Para los tiempos tuiteros de esta presidencia, la respuesta llegó incluso tarde. El martes calló al respecto, pero el miércoles llegó la ironía (quienes busquen un abogado, no contraten a éste) y la acusación de blandengue y de inventarse historias. Pero lo curioso es que esta historia que se "inventa" Cohen no está vinculada a un acuerdo de cooperación con la fiscalía de Nueva York [su caso no está dentro de la investigación de Mueller]. ¿Por qué entonces señala al presidente y lo acusa de un delito tan serio? Los más optimistas del entorno de Trump dicen que si ni siquiera cantando así consigue un acuerdo, es que ni los fiscales le creen. Al tiempo.

Y el presidente apareció en su canal favorito, FOX News. Y el delito del que se declaró Cohen culpable lo transformó, como un dios leguleyo, en una simple "violación" de la ley electoral, la misma, según Trump, que cometió el presidente Barack Obama. De nuevo, plato de revuelto sobre la mesa. Lo de Obama fue una multa por diferentes irregularidades vinculadas a las donaciones de campaña (vía civil), mientras que Cohen habló de una donación con el propósito de lograr que cierta información no apareciera en campaña (vía criminal). Además, bajo orden y mando de la cocina del entonces candidato.

El ahora comandante en jefe del ejército de los Estados Unidos reconoció lo que ya había reconocido: que conocía los pagos a Daniels y McDougal, pero que lo supo una vez que ya se habían producido (esta declaración parece que entra en contradicción con la grabación en la que le pudimos escuchar precisamente discutir con Cohen el pago a una de las dos mujeres), y que reembolsó el dinero a Cohen de su bolsillo y no con dinero de la campaña (que fuera de su bolsillo no elude un presunto delito de financiación irregular).

Expuesto todo esto, y a pesar del runrún de 'impeachment', quienes quieran ver a Donald Trump fuera de la Casa Blanca parece que tendrán que seguir esperando. Para tirarla adelante, esta vía requiere de mayoría cualificada en el Senado (67 de 100 senadores), y hoy por hoy la mayoría es republicana (51/49) que, además, calla con discreción sobre los últimos acontecimientos.

La otra opción, la vía judicial, parece imposible mientras el presidente siga ejerciendo. Explicado de otra forma: si Cohen hubiera trabajado para Hillary Clinton, hoy ella estaría muy probablemente imputada si hubiera sido señalada por su ex-abogado bajo juramento, como ha sido el caso de Cohen sobre Trump y sus órdenes para ejecutar el pago a Stormy Daniels y Karen McDougal.

Los demócratas apretarán en la campaña para las elecciones legislativas del próximo mes de noviembre (se renueva la Cámara de Representantes y un tercio del Senado) en busca de una mayoría que les permita articular un 'impeachment'. Pero esta fórmula nunca ha acabado con la destitución de un presidente. El último intento fue con Bill Clinton y fue rechazado. Nixon dimitió antes de que se articulara el suyo.

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