Temor a que repitan los errores griegos

Roma mira a China y Rusia: inquietud por su búsqueda de “alternativas” al BCE

Inquietud ante los movimientos del Gobierno de Cinco Estrellas y La Lega para encontrar compradores que les permitan seguir refinanciando la abultada deuda italiana

Foto: El ministro de Asuntos Europeos italiano, Paolo Savona. (Reuters)
El ministro de Asuntos Europeos italiano, Paolo Savona. (Reuters)

Viaductos que colapsan. Riadas mortales. Migrantes sin permiso para desembarcar. Un ministro, Matteo Salvini, que no pierde ocasión para ridiculizar a los musulmanes. En Italia, la polémica es el pan de cada día. Pero pese al ruido, no han pasado desapercibidos los movimientos del Gobierno de Cinco Estrellas de Luigi di Maio y La Lega para encontrar compradores que les permitan seguir refinanciando la abultada deuda italiana. Y las críticas no se han hecho esperar.

¿El motivo? Roma es consciente de la fragilidad de la situación económica italiana y del problema que se le puede presentar cuando el BCE ponga fin al Quantitative Easing en diciembre. Necesita una salida para sus bonos soberanos cuando Francfort reduzca sus compras ya en septiembre, para ponerles punto final en diciembre. “Evidentemente, nosotros tendremos que encontrar una alternativa”, aseguró hace un mes el ministro de Asuntos Europeos, Paolo Savona.

Ha sido La Stampa la encargada de poner el dedo en la llaga, en un artículo de Marco Zatterin en el que cita a fuentes asegurando que se está “examinando” la posibilidad de acudir a Rusia como alternativa. Savona, que mantiene una tensa relación con el presidente del BCE, el también italiano Mario Draghi, le habría exigido mantener las compras de bonos italianos más allá del fin del QE para evitar que los especuladores apuesten contra Italia y, por ende, peligre la estabilidad de la eurozona.

Sin embargo, el mandato del BCE es claro: sus acciones están destinadas a preservar la estabilidad de la moneda única, si perder de vista el objetivo de una inflación cercana, pero por debajo, del 2 %. Y, en pleno proceso de retirada de estímulos, así como en la recta final de su mandato, sería difícil, sino imposible para el banquero italiano -si quisiera- lograr convencer al resto de europeos de que está justificado salvar a Italia de los mercados.

Mario Draghi, presidente del BCE, ya ha sido acusado por sus críticos de favorecer a Italia. (Reuters)
Mario Draghi, presidente del BCE, ya ha sido acusado por sus críticos de favorecer a Italia. (Reuters)

Si Italia quiere ser rescatada de las fauces de los mercados, tendría que solicitar un rescate financiero, como ya lo hicieron en su día Grecia, Portugal, Irlanda, Chipre y España. Pero todo programa, incluso uno centrado en sanear la banca como el español, supone la aceptación de ajustes y reformas supervisadas por Bruselas y Francfort. Lo último que puede aceptar un gobierno con figuras tan eurófobas como Salvini y Savona que más bien se inclinan por abandonar el euro.

Italia, lejos de una situación límite

En cualquier caso, los rescates están concebidos para situaciones límite, e Italia no está ahí. Pero la confianza en la economía transalpina sigue deteriorándose desde la llegada al poder de M5S y La Lega. Las amenazas del Ejecutivo italiano a sus socios de la Unión Europea de incumplir con las normas de disciplina fiscal y elevar el déficit público de un país que necesita reducir su altísima deuda (supera el 132 % del PIB) inquietan a los mercados. Y la sombra de elecciones anticipadas complican aún más el clima.

Si el BCE cierra el grifo de compras y los mercados se muestran reactivos, Italia tratará de encontrar nuevos mercados para sus bonos soberanos. El propio Savona ha reconocido en público que Moscú no anda precisamente sobrante de liquidez, pero la opción sigue sobre la mesa. El momento no podía ser más propicio, ahora que Vladirmir Putin aprovecha el espacio dejado por Donald Trump como aliado preferencial de la UE para tratar de aumentar su influencia en sus vecinos europeos.

Putin bailando con la ministra de exteriores austriaca durante su boda, una invitación que ha levantado recelos. (Reuters)
Putin bailando con la ministra de exteriores austriaca durante su boda, una invitación que ha levantado recelos. (Reuters)

Otra opción que se perfila es China, a donde el próximo lunes viajará el ministro de Economía italiano, Giovanni Tria. Lo hará acompañado del vicepresidente del Banco Italiano, Fabio Panetta, con el objetivo de tender puentes con Pekín, tal y como relata L’Avvenire. Pero nada es gratis, y estos movimientos han reavivado el temor a que Rusia y China impongan a cambio sus propias condiciones al Gobierno italiano.

“¿Recordáis la noticia (falsa) de que Finlandia pretendía pedir el Partenón de garantía a Grecia a cambio de préstamos? Rusia y China son mucho menos amables que Finlandia cuando se trata de contrapartidas. Suerte”, afirmaba el corresponsal de Radio Radicale, David Carretta, en la red social Twitter tras conocerse la noticia.

Nadie ha olvidado en la UE como en 2015, un recién nombrado Alexis Tsipras amagó con acudir a Rusia y China para evitar seguir dependiendo de la ayuda de sus socios (y acreedores) europeos. Precisamente esta semana se ha celebrado el fin del tercer rescate a Grecia, el que Tsipras se vio finalmente obligado a firmar in extremis al borde del precipicio, tras llevarse un duro baño de realidad. El temor, es que Salvini y compañía jueguen también a la ruleta rusa. Y, esta vez, el disparo vaya con bala.

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