la reproducción asistida, en coma

Así perdieron miles de portuguesas su sueño de ser madres

Los tratamientos a través de los cuales nacen cada año 3.000 bebés en Portugal están en un limbo. En un país de diez millones en el que la edad media supera los 47 años son de vital importancia

Foto: Una madre con su bebé en Terras do Lelo, cerca de Lisboa. (Reuters)
Una madre con su bebé en Terras do Lelo, cerca de Lisboa. (Reuters)

A finales de 2017, Márcia Santana decidió embarcarse en su segundo tratamiento de fertilidad. Tenía 34 años, un empleo estable como profesora y vivía de forma independiente. Contaba con voluntad renovada y una importante ventaja para este segundo intento: podría hacerlo en Portugal. Un año antes se había modificado la ley y ya no solo las parejas heterosexuales casadas podían acceder a tratamientos de fertilidad; con el abanico abierto entonces a mujeres con independencia de su estado civil y orientación sexual, Márcia resolvió no repetir su viaje a España para un segundo tratamiento. No hacía falta. Un año después, cruzar la frontera puede ser su única solución para ser madre.

“Tenía tres embriones, utilicé dos, pero no resultaron en embarazo. Entonces, cuando iba a usar el tercero, la ley cambió y ya no pude hacer nada”, cuenta a El Confidencial. Santana es una de las miles de personas en Portugal que acudieron a tratamientos de fertilidad para poder ser padres y que no saben ahora si lo conseguirán. Están en el limbo desde abril, cuando el Tribunal Constitucional movió los cimientos de la reproducción asistida al pronunciarse sobre la novedosa ley que permitía los vientres de alquiler.

Era una medida que iba a llevar a la vanguardia al país, y que generó hasta un centenar de solicitudes preliminares, muchas de ellas de extranjeros, hasta que el castillo se derrumbó con el Constitucional, que declaró contrarios a la Carta Magna algunos puntos de la norma. Entre ellos, el anonimato de los donantes de óvulos o espermatozoides, que, expuso entonces el tribunal, impone “una restricción innecesaria a los derechos de identidad personal y al desarrollo de la personalidad” de los nacidos por gestación subrogada.

La frase acabó por afectar a todo tipo de tratamientos. Intentando dar un paso adelante, la reproducción asistida en Portugal dio dos para atrás cuando inseminación artificial, fecundación in vitro y ovodonación quedaron en entredicho. ¿Quién quiere dejar de ser anónimo? Las clínicas comenzaron a llamar frenéticamente a los donantes, pidiendo su autorización, y no obteniéndola en innumerables casos. Algunos incluso de forma retroactiva, como fue el caso de Márcia Santana, que ya tenía el embrión fecundado en laboratorio y listo para la transferencia cuando recibió la llamada de su doctora.

Una madre y su hijo montan en bicicleta junto al mar en Portimao, en el sur de Portugal. (Reuters)
Una madre y su hijo montan en bicicleta junto al mar en Portimao, en el sur de Portugal. (Reuters)

“Por lo que me dijeron, el donante no aceptó dejar de ser anónimo. Yo no podía crear nuevos embriones mientras éste no fuera utilizado o destruido”, cuenta. Ante el limbo legal, que pone en riesgo “miles de embriones”, según los cálculos de los profesionales del sector, el Consejo Nacional de Procreación Médicamente Asistida (CNPMA) de Portugal creó un “régimen de excepción”, explica Santana, en virtud del cual podría crear embriones nuevos sin destruir el que ya tiene.

“Ahora tengo que escoger. Estoy estudiando cuál es la mejor posibilidad”, comenta Santana, que no descarta cruzar la frontera a crear nuevos embriones. En juego está, por una parte, el dinero -ya ha invertido más de 5.000 euros en este tratamiento, y debería pedir días libres en el trabajo si quiere ir a España a tratarse, por no hablar de los costes de esa estancia en el extranjero– y por otra el inevitable desgaste emocional.

“He tenido momentos en los que estuve más triste, otros en los que tuve más esperanza. La verdad es que siento que estoy siendo víctima de una injusticia. Yo y todos los que estamos en esta situación, porque sentimos que el tiempo está pasando, en estos casos un mes hace toda la diferencia, y también porque tengo ya 35 años, están disminuyendo las posibilidades de quedarme embarazada”, regurgita.

Hay muchas personas en una situación desesperada”, admite a El Confidencial el doctor Eduardo Rosa, especialista en fertilidad del Instituto Extremeño de Reproducción Asistida (IERA) en Lisboa. El centro, el primero de reproducción asistida del grupo Quirónsalud en Portugal, fue inaugurado en junio y espera funcionar a pleno rendimiento a partir de septiembre. Tiene unas ambiciones (100 consultas por mes, 300 ciclos completos de reproducción asistida al año) que han chocado con el limbo legislativo portugués, frente a la cual han remodelado su estrategia. Por un lado, intentan motivar a los donantes para que “cambien su mentalidad” y comprendan que el hecho de que su nombre conste no implica que sean responsables del futuro bebé; por otro, ofrecen a sus clientes irse a su centro de Badajoz para aprovechar que el anonimato sigue siendo posible al otro lado de la frontera.

“Hemos tenido mitad y mitad. Muchos prefieren marcharse a España”, resume el doctor. Para Eduardo Rosa resulta llamativo que haya más hombres reacios a seguir participando tras el fin del anonimato que mujeres, que acostumbran ser “más receptivas”. “No sé si es por la mentalidad latina, pero a veces parece que creen que ese bebé un día llamará a la puerta y pedirá que le costee la universidad. Las mujeres, en cambio, plantean dudas emocionales, se preguntan si, en caso de llegar a conocerles, les gustará y se preguntarán qué hubiera pasado si lo hubiesen visto crecer”, explica.

Rosa es testigo diario no solo del desasosiego de pacientes y donantes, también del que experimentan sus propios colegas. La decisión del Constitucional generó “sorpresa y alguna incomprensión” en el CNPMA, expone a El Confidencial su presidenta, Carla Rodrigues. Rodrigues, de hecho, fue testigo de una revuelta en el seno del organismo. Eurico Reis, uno de los vocales del CNPMA, dimitió días después de conocer el pronunciamiento del tribunal, del que dijo traería “efectos desastrosos”. Su advertencia se ha demostrado fundada.

Una madre con su bebé utiliza un cajero automático en el centro de Lisboa. (Reuters)
Una madre con su bebé utiliza un cajero automático en el centro de Lisboa. (Reuters)

“Urge actuar para reponer la normalidad”

“Después de la declaración de inconstitucionalidad de algunas normas de gestación de substitución, las parejas que esperan años por esta posibilidad y que estaban con procesos pendientes sufrieron un duro golpe en sus legítimas aspiraciones y derechos. Regresaron a la injusta condición de esperar una respuesta legal para su problema. Desgraciadamente, la alternativa para estas parejas es esperar una nueva legislación que les posibilite concretar ese derecho”, apunta Rodrigues.

Mientras ese momento llega, suman sus voces. Pacientes, médicos y hasta abogados instan a “reponer la normalidad” en la plataforma “Vidas Congeladas”, una iniciativa impulsada por la Asociación Portuguesa de Fertilidad que pide buscar una solución para recuperar tratamientos a través de los cuales nacen cada año 3.000 bebés en Portugal. Es una cifra de vital importancia en un país de apenas diez millones de habitantes en el que la edad media supera ya los 47 años. Urge actuar, dicen, ante los “efectos transversales” del pronunciamiento del Constitucional.

“Muchas personas están en una situación desesperada y prefieren marcharse a España”

Hay varias claves que sirven para ilustrar la complicada situación que se vive en Portugal. Una es que el banco público de gametos ya no tiene muestras disponibles. Otra es que las listas de espera se han disparado. Ambas las aportan “Vidas Congeladas”, que vislumbran un futuro próximo en el que, si nada cambia, los portugueses serán “dependientes de donantes extranjeros y el coste de los tratamientos se disparará para valores aún más elevados y apenas alcanzables para quien tiene recursos económicos suficientes para ir al sector privado o desplazarse a otro país”.

Por eso Márcia se lo piensa. Serán 1.500 euros más si decide irse a España de nuevo a probar suerte y avisar en el trabajo de que necesita días es otro asunto para analizar. Aunque ella se muestra decidida y cuenta su caso en la web de “Vidas Congeladas”, sabe que otros muchos afectados solo aceptan desahogarse con conocidos en redes sociales. “Las personas están muy enfadadas, pero muchas de ellas no dan la cara porque tienen que lidiar con la tristeza o la vergüenza de no conseguir quedarse embarazada”. El reservado carácter portugués juega aquí también un importante papel.

Lo que nadie atina a presagiar es cómo se saldrá del atolladero. No será pronto, porque la legislación debe volver al Parlamento hasta encontrar solución, y “hay otras prioridades”, avisa Márcia, ahora que está a punto de empezar el último año de legislatura del socialista António Costa. Hay que aprobar los Presupuestos, ultimar ajustes con los socios parlamentarios de izquierda, resolver eventuales conflictos. El tiempo pasa y ella se acerca a los 36.

“Si no conseguimos adaptar el paradigma, dar respuesta a esta situación… Sí, habrá una oportunidad para las clínicas españolas de incrementar pacientes portugueses”, considera el doctor Rosa. Márcia Santana parece darle la razón. A sus ojos, España vuelve a estar de nuevo increíblemente cerca.

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