La epidemia avanza en Estados Unidos: usan a perros y gatos para conseguir opiáceos
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mientras la heroína se abre paso por las calles

La epidemia avanza en Estados Unidos: usan a perros y gatos para conseguir opiáceos

Si el médico no prescribe más pastillas y no se pueden conseguir en el mercado negro, lo último es utilizar a las propias mascotas para que el veterinario recete opiáceos

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La epidemia avanza en Estados Unidos: usan a perros y gatos para conseguir opiáceos

Siete estadounidenses mueren cada hora por abusar de los opiáceos y es la principal causa de muerte accidental entre los norteamericanos menores de 50 años. La vicodina o el oxycontin son nombres muy populares entre los consumidores de pastillas contra el dolor, aunque cuando los ingresos son escasos la heroína es la fórmula barata (e ilegal) para sentirse mejor.

Con esa premisa, no es de extrañar que se utilice cualquier posibilidad para conseguir las preciadas pastillas. La FDA, la agencia responsable de la regulación de alimentos y medicamentos en Estados Unidos, ha dado la voz de alarma: los dueños de perros y gatos están utilizando a sus mascotas para conseguir opiáceos de forma “legal”.

Un comunicado oficial del comisionado de la FDA, Scott Gottlieb, asegura que pese a reconocer el importante uso de las medicinas para el dolor en animales, “estas drogas tienen potenciales efectos en los humanos que están desviando su prescripción para su propio uso: pueden provocar adicción, abuso y sobredosis”.

Herir a sus mascotas para recibir pastillas

A raíz de detectar este problema, la FDA ha lanzado una guía para los médicos de las mascotas: lo que los veterinarios deben saber. Esa campaña incluye información sobre normativas, alternativas a los opiáceos e incluso consejos para identificar cuando un empleado o un cliente puede estar abusando de estas pastillas.

Los dueños de mascotas podrían herir a los animales intencionadamente (EFE/Alejandro Ernesto)
Los dueños de mascotas podrían herir a los animales intencionadamente (EFE/Alejandro Ernesto)

El problema no es nuevo en Estados Unidos. En 2016, una encuesta de la Universidad de Colorado entre veterinarios de su estado ofreció unos resultados dramáticos: el 13 por ciento de los participantes se temían que los dueños de las mascotas habían herido intencionadamente a su animal de compañía para que el veterinario le prescribiera opiáceos.

La situación se está volviendo trágica: las cifras de fallecidos en Estados Unidos por abuso de opiáceos y su derivado ilegal, la heroína, ha superado ya a los muertos en la Guerra de Vietnam. De hecho, hay morgues que no dan abasto y el fenómeno es aún peor en estados deprimidos económicamente.

Una guerra contra el poder farmacéutico

La otra cara de la moneda es la de las farmacéuticas: desde 1999 han cuadruplicado las ventas de estos medicamentos, en buena parte por la adicción que provocan. Se estima que uno de cada tres adultos a quienes se recetan opiáceos, se engancha en el plazo de un mes.

Pastillas (Creative Commons)
Pastillas (Creative Commons)

La solución no es sencilla porque aunque la administración Trump ha decretado la guerra a los opiáceos, se estima que los fabricantes se han gastado casi mil millones de dólares en la última década para presionar tanto a políticos como a los médicos que tienen que recetar las pastillas. Una cifra ocho veces superior a lo gastado por el lobby de las armas y 200 veces más de lo que se pueden gastar sus rivales, quienes piden que se limite el consumo de pastillas.

La decisión de la administración de restringir las recetas provocó la subida de los opiáceos en el mercado negro; esto, a su vez, hizo que muchos buscaran en la heroína un sustitutivo barato y el resultado es que esa droga está más presente que nunca en las calles americanas. ¿Quién lo sufre? El adicto medio: ciudadanos blancos, de entre 18 y 44 años con poco nivel educativo.

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