UN GRUPO DE BOHEMIOS ES SU ÚLTIMA ESPERANZA

Bombay Beach, el balneario zombi que revive junto al lago muerto de California

Bombay Beach es un preciso retrato de un diminuto apocalipsis. En la década de 1950 vivió una breve época de esplendor para veraneantes. Ahora, un grupo de artistas en su última esperanza

Foto: La moribunda localidad de Bombay Beach,a orillas del Salton Sea, en California. (Fon F. Sánchez)
La moribunda localidad de Bombay Beach,a orillas del Salton Sea, en California. (Fon F. Sánchez)

A orillas del Salton Sea, un error de ingeniería en 1905 al intentar desviar el río Colorado y que derivó en el mayor y más apestoso lago de California, languidece la moribunda localidad de Bombay Beach, con una población total de 295 habitantes, y ubicada a más de tres horas en coche de Los Ángeles.

El lago también se encuentra en fase casi terminal: se seca día a día, los peces perecen por la alta salinidad de las aguas y solo parecen activos los oscuros pelícanos que se zambullen en busca de pequeños moluscos. El olor es pesado y acre. Apenas hay sombras y hasta las rocas parecen sudar.

Bombay Beach es un preciso retrato de un diminuto apocalipsis y de uno de sus lemas turísticos: "El futuro como solía ser". En la década de 1950 vivió una breve época de esplendor para veraneantes, y se cuenta que Frank Sinatra llegó a actuar cuando era una ciudad. Posteriormente, tras el éxodo de gran parte de la población, sobrevivió como decorado para películas de zombis y de serie B de directores primerizos. Era una elección perfecta: el lugar parece asolado por una bomba nuclear a pequeña escala, un sucio reverso de la purpurina y glamur de la industria de Hollywood.

Hoy es un asombroso mosaico de remolques y caravanas decrépitas, polvorientas calles, esquinas vacías, techos hundidos, vecinos que caminan con matamoscas en una mano y un cigarro apagado en la otra, y montañas de aparatos de aires acondicionado rotos entre enredaderas de metal. La gasolinera más cercana está a 35 kilómetros. Nadie se mueve mucho.

La localidad de Bombay Beach, con una población total de 295 habitantes. (F.F. Sánchez)
La localidad de Bombay Beach, con una población total de 295 habitantes. (F.F. Sánchez)

"El whisky es mi yoga"

Entre sus hitos arquitectónicos destacan un cementerio de automóviles que sirve de cine, un jardín de esculturas estrafalarias hechas con todo tipo de desperdicios, la ópera local alojada en un barracón azul turquesa, dos bares y un supermercado asfixiado.

Shahrazad, camarera del Ski Inn, uno de los dos bares del pueblo, comenta que está encantada con la llegada de "la gente de Los Ángeles", como califica al grupo de artistas que llega a la ciudad en primavera para participar en su festival. "Ellos vienen, hace sus cosas, y después limpian. Algunos de ellos se llevan sus cosas, otros las dejan. No tengo muy claro qué significan sus obras, pero me gustan", explica a El Confidencial.

El Ski Inn, plagado de frases lapidarias, como "El whisky es mi yoga", se promociona como "el bar más bajo del hemisferio occidental", ya que se encuentra a 71 metros por debajo del nivel del mar. "En el verano solo estamos nosotros, hace demasiado calor", agrega Shahrazad, a la vez que se felicita de que la temperatura haya bajado por primera vez en semanas de los 40 grados.

La camarera, sexagenaria natural de Colorado, reconoce que su familia no quiere que viva en Bombay Beach, pero ella lo justifica entre risas al decir haber estado "ya con ellos durante demasiado tiempo".

Shahrazad, camarera del Ski Inn, uno de los dos bares del pueblo. (F.F. Sánchez)
Shahrazad, camarera del Ski Inn, uno de los dos bares del pueblo. (F.F. Sánchez)

Un proyecto quijotesco

El drama, sin embargo, acecha. El lago está desapareciendo por la evaporación, y los científicos advierten que si no se inyecta agua fresca se convertirá en un peligroso secarral que liberará corrientes de aire tóxico por los sedimentos de metales depositados en su lecho. La camarera del Ski Inn tiene una visión más poética: "En primer lugar, no es un lago es un mar; y está llorando lágrimas de sal para implorar su salvación".

En los últimos años, sin embargo, el recóndito emplazamiento ha encontrado unos improbables salvadores: un grupo de bohemios de Los Ángeles que ven en Bombay Beach un reducto de la verdadera irreverencia artística. Al frente, Tao Ruspoli, un fotógrafo italo-angelino y alma detrás de la Bienal de Arte de Bombay Beach, que pese a su nombre desafía las convenciones al ser celebrado anualmente, y en su última edición en marzo logró reunir a más de 3.000 personas.

Ruspoli subraya que quedó cautivado por el lugar ya que "engloba una gran cantidad de contradicciones" y define el festival como "un proyecto quijotesco y dadaísta".

"Es hermoso y feo, histórico y olvidado, natural y contra natura, real y surrealista", indica por teléfono. Sobre la bienal de arte, Ruspoli recalca que "el objetivo es devolver la vida a este increíble sitio y atraer atención a la catástrofe medioambiental". "En realidad, el lugar es su propia razón de ser", zanja.

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