primera ministra de nueva zelanda

Jacinda Ardern, la jefa de Gobierno más joven del mundo y (probablemente) la más 'cool'

Acaba de regresar a la oficina después de su baja por maternidad: es la segunda mujer que da a luz en el cargo de dirigente de un Gobierno

Foto: La primera ministra neozelandesa da a luz a una niña en un hospital público. (EFE)
La primera ministra neozelandesa da a luz a una niña en un hospital público. (EFE)

No lleva ni un año en el cargo, pero está muy cerca de convertirse en la responsable de Gobierno más interesante del planeta. Es la jefa de Gobierno más joven del mundo, de las 28 mujeres que gobiernan en todo el globo, y en sus casi diez meses como primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern prometió un Gobierno activo, fuerte y empático. Y por el momento, parece que va cumpliendo su compromiso. Juró el cargo prometiendo equidad salarial para las mujeres y una mayor participación de ellas en el Parlamento y hasta ahora se ha convertido en un ejemplo de empoderamiento femenino.

Es la tercera mujer que llega al cargo de un país que, en ocasiones, desaparece de los mapas. Literalmente. De hecho, hace solo unos meses el Gobierno neozelandés lanzó una campaña bromeando acerca de las teorías de conspiración que podrían estar detrás de la desaparición de Nueva Zelanda de las cartografías. En un vídeo la primera ministra interactúa con el cómico Rhys Darby, que interpreta a un periodista que es informado a través de un mensaje anónimo de que Nueva Zelanda está quedándose fuera de todos los mapas. Con el objetivo de incentivar el turismo y promover la presencia internacional en territorio neozelandés, la 'premier' participa en el vídeo, donde actúa interpretándose a sí misma, una 'premier' que, finalmente, es consciente de que su país no está siendo tomado en cuenta.

Ardern es abierta, y muy activa en las redes sociales. En su perfil de Instagram incluye fotos institucionales, pero también muchas imágenes de su vida personal. Recientemente dio a conocer la muerte de su mascota, Paddles, un gato con polidactilia que tenía pulgares oponibles y era capaz de sujetar cosas como lo hacen los humanos. "Para todo el que haya perdido una mascota sabe lo tristes que nos sentimos", escribía tras la muerte del animal.

Been a big day... #spcacat #polydactyl

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La maternidad y las mujeres

Solo unos meses después de llegar a la oficina de Gobierno de Nueva Zelanda, Ardern anunció su embarazo. "No soy la primera mujer que será multitarea. No voy a ser la primera mujer que trabaja y, al mismo tiempo, tiene un bebé", explicaba en rueda de prensa, acompañada de su sonriente esposo. "Sé que son circunstancias especiales pero hay muchas mujeres que ya hicieron esto, y lo hicieron muy bien, antes que yo", añadió. La lista de mujeres que han dado a luz durante su cargo como dirigentes de un país es hiperreducida: solo la integran ella y Benazi Bhutto, que tuvo a su hija en 1993, cuando era primera ministra de Pakistán. No dudó ni un segundo en anunciarlo en sus redes sociales: "Voy a ser primera ministra y madre. Y Clarke se quedará en casa ejerciendo de padre".

¿Es ese el mayor desafío para una mujer, según Ardern? No. Aunque sí tiene alguna relación. En una entrevista con la revista 'Forbes', la 'premier' neozelandesa dio su visión de lo que es el mayor reto al que se enfrentan las mujeres en el mundo laboral: la culpa. "Independientemente de si nos la colocan o la cargamos nosotras mismas, hay una expectativa constante de que tenemos que hacer más en cada aspecto de nuestra vida. Hay que ser mejor hermana, mejor hija, mejor pareja, ser la mejor en el trabajo, ser la mejor cuidando... todo. Creo que llevamos mucha expectación y demasiada culpa", explicaba.

Antes incluso de ser primera ministra, cuando era elegida como líder del Partido Laborista, dejó muy clara su postura sobre varios aspectos, entre ellos, el sexismo. Al preguntarle en una entrevista si era aceptable acogerse a la baja por maternidad durante el cargo —Ardern ni era primera ministra entonces, ni se había quedado embarazada aún— respondió, visiblemente enfadada: "Es totalmente inaceptable que, en 2017, se diga que una mujer debe responder a esa pregunta en el lugar de trabajo. Simplemente es inaceptable".

Finalmente, se quedó embarazada y al dar a luz asumió su baja de maternidad como cualquier otra trabajadora. Este mismo mes de agosto ha regresado a la oficina, tras seis semanas de baja maternal.

Por la minoría maorí

Siempre se presentó a sí misma como una progresista en toda regla, defensora a capa y espada de los logros del estado de bienestar y los derechos laborales y a favor del matrimonio homosexual, legal en el país desde 2013. Pero además, se comprometió a mantener los derechos culturales de la minoría maorí, un pueblo indígena que actualmente representa no más del 14% de la población neozelandesa, de la que es parte integral.

Tanto es así que en una cena ofrecida por la reina de Inglaterra en el Palacio de Buckingham, Ardern propuso un brindis por el futuro de la Commomwealth, en posición única para alzar la voz por asuntos de suma importancia, como el cambio climático, la limpieza de los océanos o la democracia y lo hizo pronunciando un 'whakataukī' o provebio maorí, vestida con un manto indígena adornado con plumas. Después de citarlo, lo tradujo: "¿Qué es lo más importante en el mundo? La gente, la gente, la gente".

Su defensa del maorí irá más allá de llevar su voz allá donde vaya. Ahora se ha comprometido a que su hija, Neve Te Aroha Ardern Gayford —Te Aroha es una canción infantil maorí sobre la paz y el amor, y la niña lleva además los apellidos de los dos padres—, aprenda 'te reo' (el lenguaje) maorí. "Quiero" que lo aprenda, dijo en la televisión indígena. Es una decisión que acaban de tomar, pero quiere avanzar con ella. "Es un idioma ioficial. Construye nuestra comprensión de la cultura maorí. Para mí, el lenguaje es lo que se encuentran en el corazón de esto". Gran parte de la población neozelandesa es capaz de pronunciar alguna palabra en maorí, pero según los datos de la oficina nacional de estadísticas, la proporción de personas maoríes que pueden mantener una conversación cotidiana en el lenguaje indígena ha disminuido un 3,7% entre 1996 y 2013.

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