"no hay duda: en siria se han utilizado"

El español que lidera la lucha contra el armamento químico: "Son armas malditas"

El diplomático Fernando Arias ha sido elegido para encabezar la Organización para la Prohibición del Armamento Químico, en un momento de grandes tensiones para la institución

Foto: Fernando Arias, en su nuevo despacho en La Haya. (I. Rachidi)
Fernando Arias, en su nuevo despacho en La Haya. (I. Rachidi)

El diplomático español Fernando Arias lleva menos de dos semanas en el cargo pero son muchos los años de experiencia que tiene a sus espaldas haciendo posibles las relaciones internacionales de España con diferentes países del mundo. No le tiembla la voz al asegurar que no le asusta la particular “Guerra Fría” que se está librando en el seno de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) entre Rusia y el resto de países occidentales. Su objetivo, reitera, es hacer cumplir la Convención contra el uso y la fabricación de armamento prohibido para “proteger” a la comunidad internacional. “Estos países firmaron el Tratado que le da a la OPAQ los poderes que tiene”, advierte. Su primer destino, en 1979, fue precisamente en los Países Bajos, sede del organismo internacional que dirige a día de hoy, pero antes de volver a La Haya como embajador de España, ha pasado por Rumanía, México, Argentina, Mauritania, Bulgaria, Macedonia y China, hasta ejercer como representante permanente ante Naciones Unidas en Nueva York.

En su nueva oficina en la sede de la OPAQ, en La Haya, rodeado de instituciones como la Corte Penal Internacional o Europol, cuenta sus planes para evitar el resurgimiento de las armas químicas, un asunto que ha sido el centro de atención en los últimos meses tras el uso de sustancias prohibidas en Siria o el Reino Unido.

La OPAQ ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2013 en parte por las labores de desmantelamiento de las armas químicas de Siria ¿Ha destruido Damasco todo su arsenal químico?

Creemos que no. Se logró destruir una cantidad enorme, no solamente de armas químicas sino de unas 27 fábricas. Los inspectores de la OPAQ también se trasladan a los lugares, mantienen reuniones de trabajo y verifican lo que se ha declarado, lo que se ha destruido hasta ese momento, y ponen sellos de control en todos los almacenes, uno por uno. Pero se detectó que había una serie de cosas que no coincidían. Había discrepancias claras entre lo que se encontraba en los almacenes, lo que estaba en el inventario y las declaraciones que se hicieron.

¿Hay alguna sospecha del arsenal que puedan seguir teniendo?

Cuando enviábamos inspecciones para aclarar las cosas, desgraciadamente ocurría todo lo contrario: llegaban allí, se descubrían cosas nuevas y al final, en vez de tener una o dos dudas, los inspectores salían con cuatro o cinco preguntas más. Es un tema todavía pendiente y se está trabajando mucho para ello. Yo creo que al Gobierno sirio le interesa que quede cerrado ese capítulo. Lamentablemente, eso todavía no se ha conseguido.

Los medios aún hablamos de “presunto” uso de armas químicas en Siria…

En Siria han pasado cosas gravísimas durante los últimos años. Y no hay ninguna duda: se han utilizado armas químicas. Han muerto centenares de personas y con estas armas. Y los que mueren primero son los más débiles, los civiles que están en su casa, los niños, las mujeres, los más mayores.

El ataque en Duma el 7 de abril sigue rodeado de preguntas. Se discutía la opción de analizas las autopsias de las víctimas para determinar si hubo uso de cloro como arma.

Se está analizando todo. Nuestros inspectores están realizado su trabajo, que está casi terminado, y desde luego las conclusiones a las que se están llegando es que hubo utilización de sustancias químicas como arma química y que como consecuencia de ello, murieron decenas de personas. El cloro puede ser un arma con unos efectos terribles y se utiliza a menudo porque es barato, existe en grandes cantidades en todos los países y además se evapora y deja un rastro que es difícil de detectar. Se ha hecho la autopsia de determinados cadáveres y, sin duda, hubo un ataque químico en Duma. No ha sido el primero en el que se utilizaron armas químicas y se produjeron muertes de civiles con gran sufrimiento. Eso es indudable, por desgracia.

Muertos en un presunto ataque químico en Duma, Siria, el 7 de abril de 2018. (EFE)
Muertos en un presunto ataque químico en Duma, Siria, el 7 de abril de 2018. (EFE)

Lo ocurrido en Duma fue la justificación de un ataque liderado por Estados Unidos contra el dictador Bashar al Assad ¿Fue necesario o un ejemplo más de hipocresía internacional?

Fue una decisión política tomada en tres capitales [Paris, Washington y Londres] al más alto nivel, sobre la que no debo ni me corresponde opinar. Fue producto de una tensión terrible que se vivió en la zona, de una tensión terrible entre países de enorme poder, producto de esa línea roja de la que ya hablaba el presidente Barack Obama y fue un gran aviso. Ya que el Consejo de Seguridad no puede tomar decisiones, [esos países] pensaron: “¡Vamos a decidir nosotros!”. Esas decisiones deben tomarse siempre en un marco de garantías legales internacionales y del Consejo de Seguridad. En ese momento no se hizo así y puede ser un precedente muy peligroso.

¿Por qué el uso de armas químicas es una “línea roja”, y no lo es matar al mismo número de personas con armas convencionales?

Las armas químicas tienen unos efectos colaterales terribles. Si te matan de un tiro en la cabeza ni lo sientes, pero con las armas químicas uno sufre mucho antes de morir, la muerte no es instantánea, con gran sufrimiento en la piel y en el sistema respiratorio y las secuelas son terribles e incurables. Además, un arma química no discrimina, la tiran, se expande y mata a todo el que esté cerca, y a al que no lo mata, le deja unas secuelas gravísimas para el resto de su vida. Es un crimen de guerra.

No será el único crimen de guerra...

Es un arma maldita y que se puede suprimir. El objetivo con las armas químicas es la eliminación total del mundo y la no reemergencia, mientras que con el arma nuclear no se habla de lo mismo, sino de la “no proliferación”. Nos tenemos que aguantar con las que hay porque el poder de los países que las tienen es tan grande que no podemos quitárselas mientras ellos no quieran, y de momento no quieren.

Confirma que hubo uso de armas químicas en Siria, pero también lo hubo en el Reino Unido con el ataque contra el ex espía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia en marzo.

Los británicos tienen uno de los mejores laboratorios del mundo y aseguran que esa sustancia de la clase Novichok fue con toda probabilidad fabricada por un laboratorio en Rusia, como resultado de investigaciones que se dieron anteriormente en la Unión Soviética. Los rusos dicen que eso no es así, que ellos no tienen responsabilidad alguna. Yo no he estado todavía en Londres y no he hablado aún con los británicos más despacio sobre esto, pero lo que sí puedo decir es que esa es una sustancia terriblemente peligrosa, mucho más peligrosa que la VX que mató al hermano del presidente de Corea del Norte. Estamos trabajando para que lo que sucedió en Salisbury y Amesbury no vuelva a ocurrir.

Pero Moscú dice que esa sustancia puede haber sido fabricada por cualquier país occidental…

Los precursores [para fabricar ese veneno] no están en nuestras listas [de sustancias prohibidas]. Para elaborar una sustancia de la familia Novichok se necesita un laboratorio muy complejo y muy sofisticado pero los precursores no son muy difíciles de conseguir. Eso puede existir en varios países del mundo. Ese es un desafío muy grande porque entramos en el capítulo de productos químicos muy avanzados, nuevos y que pueden hacer un daño terrible, y que se pueden fabricar en laboratorios que puede tener cualquiera y muchos de ellos todavía no pueden ser inspeccionados. Se está trabajando mucho en eso en este momento para intentar incluir esas sustancias en las listas para que haya un control.

En junio, los Estados miembros decidieron cambiar el reglamento y darle a la OPAQ el poder de señalar al responsable de un ataque químico. Eso le traerá unos cuantos dolores de cabeza.

Ese cambio es una grandísima responsabilidad de carácter político y de gran incidencia jurídica. Durante los últimos 20 años se ha conseguido destruir más del 96% de todas las armas químicas declaradas, una cantidad cercana al medio millón de toneladas de los venenos más peligrosos. Entramos ahora en una etapa mucho más compleja que no es fácil de cuantificar y en la que se trata de garantizar que las armas químicas no reemerjan. En base a los mandatos que vamos recibiendo de los Estados, la OPAQ ha aumentado enormemente sus responsabilidades. Tenemos mayores responsabilidades, mayor poder de acción que supone un desafío. No todos los Estados parte están de acuerdo.

Investigadores británicos retiran el banco donde se encontró a los dos ciudadanos rusos afectados por Novichok en Salisbury, el 23 de marzo de 2018. (EFE)
Investigadores británicos retiran el banco donde se encontró a los dos ciudadanos rusos afectados por Novichok en Salisbury, el 23 de marzo de 2018. (EFE)

Durante su historia, la OPAQ ha trabajado siempre bajo el consenso total de sus miembros, ¿cambiará eso a partir de ahora?

Hay países como Rusia, Irán y Siria que preferirían que se actuase de otra forma. Al no estar todos de acuerdo se ha perdido el método del consenso. Pero las reglas de la organización permiten votar y si lo permiten, hay que respetar el resultado. Estoy de acuerdo con que hay que trabajar para conseguir el consenso en todo lo que se pueda, pero también en que las reglas que han dado los Estados mismos a la organización -porque nadie se los ha impuesto- tienen que ser respetadas.

¿No le da vértigo esta situación?

Es cierto que hay una tensión muy fuerte en el seno de la organización, pero el director general es una especie de gerente de una empresa pública muy grande, que está formada por 193 Estados miembros y que tiene que hacer lo que ellos deciden por consenso o por votación. Yo tengo que trabajar en el marco del tratado, que es la Convención fundadora de esta organización, y de las instrucciones que voy recibiendo de la Junta General de Accionistas que son los Estados miembros reunidos en la Conferencia o en el Consejo. Algunos embajadores, compañeros míos en La Haya hasta hace unos días, vendrán a quejarse y a decir que está organización es de carácter exclusivamente técnico pero cuando la organización ya llega a esta segunda etapa, en la que tiene que garantizar la seguridad de la industria química para que no haya reemergencia de las armas químicas, que la Convención no sea violada y que se sepa que el que la viola, la paga, pues se generan unas tensiones a las que nos tenemos que enfrentar.

Rusia ha dejado caer incluso que se retiraría de la OPAQ porque está “muy politizada”. ¿Cree que lo hará?

Rusia es uno de los países más importantes del mundo, pertenece prácticamente a todas las organizaciones internacionales, donde tiene un papel importantísimo. Para nosotros sería una pérdida grandísima que Rusia se retirase. Yo creo que Rusia no se puede retirar de la OPAQ. La política exterior rusa necesita pertenecer a una organización como esta, necesita tener a sus delegados presentes para emitir sus opiniones, defender sus políticas. Yo creo que no se retirará. Necesita estar aquí y creo que va a seguir aquí.

Sudán del Sur, Corea del Norte, Gambia y Egipto aún se resisten a sumarse a la lucha contra las armas químicas. ¿Los podrá convencer?

El caso de Sudán del Sur está ya muy avanzado y no debe presentar un problema porque será miembro enseguida. El caso de Corea del Norte es muy distinto, si avanza el expediente nuclear, enseguida se hablará de abrir el químico, pero todavía falta un buen camino por recorrer. En el caso de Egipto, Israel está interrelacionado naturalmente. Ellos tienen sus armas químicas y no lo niegan, pero su destrucción de momento está vinculada al problema de Oriente Medio.

¿Con qué planes ha llegado el 25 de julio a esta organización?

Dedicaré todo el tiempo que haga falta a hablar con los embajadores representantes permanentes para conocer exactamente lo que piensan, lo que quiere, lo que necesitan y tener en consideración todo lo que me digan. Las decisiones que yo tome tienen que estar basadas en una información muy buena, en un momento en el que hay unas grandes tensiones entre grandes potencias. El Consejo de Seguridad, donde se toman decisiones de un clarísimo componente político, lleva muchos meses sin poder hacer su verdadero trabajo porque está bloqueado por el veto.

¿Y eso hace que a la OPAQ le toque el rol de decidir quién es el malo?

Lo que no está pudiendo resolver, nos lo está mandando aquí y nosotros tenemos que hacerle frente siendo muy objetivos para luego poder responder claramente a cualquier crítica que se nos pueda hacer. Ante todo, actuar con objetividad, independencia y fidelidad absoluta a la Convención y a los mandatos que vayamos recibiendo. Como director general pertenezco a los 193 Estados por igual y lo voy a demostrar, pero lo que no podré hacer es complacer a todo el mundo a la vez. Voy a escucharlos y hacer todos los esfuerzos de entendimiento y de mediador para conseguir que en esta organización haya cordialidad y haya paz.

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