EN PLENA LUCHA POR EL LIDERAZGO CONSERVADOR

El burka que puede impedir a Boris Johnson ser el próximo 'premier' británico

Más expectación en la guerra civil. El Partido Conservador ha abierto un proceso para determinar si Johnson ha violado el código de conducta, algo que podría llevar a su expulsión

Foto: Boris Johnson, ex responsable de la diplomacia británica, en Londres. (Reuters)
Boris Johnson, ex responsable de la diplomacia británica, en Londres. (Reuters)

Boris Johnson siempre ha sido un hombre irreverente, sin filtros y amante de lo políticamente incorrecto. Pero no puede decirse que sea impulsivo. Nada más lejos de la realidad. Estratega nato, siempre realiza sus comentarios para protagonizar el titular exacto en el momento preciso. Y que ahora haya comparado la apariencia de las mujeres que llevan burka con “buzones” o “ladrones de bancos” no ha sido ni mucho menos al azar. Todo está pensado por y para su carrera a Downing Street.

El Partido Conservador ha abierto este jueves un proceso oficial interno para determinar si el que fuera responsable de la diplomacia británica ha violado el código de conducta, algo que podría llevar a su expulsión. El episodio no hace otra cosa que añadir aún más expectación a la guerra civil que se vive en la formación, silenciada ahora por el receso estival en Westminster.

Que no haya actividad en los Comunes da una imagen de aparente calma. Pero las tramas internas sobre un posible reto al liderazgo de Theresa May antes de que finalice el año siguen su curso y la gran pregunta es si Johnson finalmente intentará dar su particular golpe de Estado.

Una mujer con un niqab. en Londres. (EFE)
Una mujer con un niqab. en Londres. (EFE)

Su último artículo publicado en 'The Telegraph', desde luego, se ha interpretado como una táctica de ganar más apoyo entre las bases más derechistas del partido, donde su popularidad ha ido 'in crescendo' desde que el pasado mes de julio dimitiera como ministro de Exteriores, al no estar de acuerdo con la propuesta comercial que May ha presentado a Bruselas.

Al abandonar su cargo en el Gabinete, el excéntrico político recuperó su (muy bien pagada) colaboración con el rotativo conservador. El domingo utilizó el espacio para pronunciarse contra la ley que ha entrado en vigor en Dinamarca para prohibir el uso del burka y el niqab en lugares públicos. Claro que lo hizo a su manera, con un lenguaje que ha levantado polvareda entre las asociaciones musulmanas y diputados de todo espectro. “Es absolutamente ridículo que la gente opte por aparecer en público con aspecto de buzones”, reza una de sus frases.

¿Delito de odio?

La polémica llevó incluso a Scotland Yard a examinar si se había cometido un “delito de odio” después de recibir una queja de un ciudadano particular, y aunque finalmente se ha considerado que las palabras “no alcanzan el umbral para una ofensa criminal”, el presidente del Partido Conservador, Brandon Lewis, y la propia May han pedido a Johnson que se disculpe.

Pero el exministro se niega. No da un paso sin mirar lo que dicen los sondeos, y el último publicado por Sky News se inclina a su favor: un 48% considera que no debe retractarse frente un 45% que sí cree que debería dar marcha atrás.

“Es absolutamente ridículo que la gente opte por aparecer en público con aspecto de buzones”, reza una de sus frases

Un portavoz del partido citado por la BBC ha subrayado que el proceso abierto este jueves es “estrictamente confidencial”, aunque ha descartado que se trate de una persecución política por las recientes discrepancias con May sobre la salida de la UE.

La clave de todo es qué tipo de reacciones provocará ahora este capítulo en las bases. En política, incluso una simple anécdota puede acabar con la carrera de un candidato o impulsarla hasta llegar al poder.

Que se lo digan si no a David Miliband, cuya fotografía con un plátano en el congreso anual del Partido Laborista de 2008 acabó con sus posibilidades de retar el liderazgo de un Gordon Brown por aquel entonces tan debilitado como lo está ahora May.

Dentro del Partido Conservador, Johnson tiene la presión de una parte importante del sector euroescéptico para desafiar a la primera ministra. “Si no lo hace ahora ,corre el peligro de convertirse en el próximo Miliband”, asegura una fuente de la formación a El Confidencial. “Cuanto más espere, más mermada se verá su actual popularidad”, matiza.

Una batalla interna tendría grandes repercusiones en la recta final de las negociaciones del Brexit, pero en el entorno de Westminster se lleva diciendo desde hace meses que “tal y como está el panorama, nadie descarta a día de hoy ningún escenario”.

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